# Pensamientos latentes

Author: Gariel
Tags: Gay, Gay Relationships, Philosophy, Psychological, Spanish Language, Story Series, Wolf

#8 of Formas de contar una historia

El cielo aÃºn permanece gris. El viento fresco que trajo consigo la lluvia levanta las cortinas permitiendo ver, a travÃ©s de la ventana, las nubes que cubren la ciudad. La brisa hÃºmeda alcanza al lobo que golpea con furia las teclas en su ordenador. Siente frio. Levanta la mirada y contempla el cielo triste de la maÃ±ana. La luz del sol es atrapada por encima de las nubes.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Y es que cuando Gariel bajÃ³ de su habitaciÃ³n sÃ³lo encontrÃ³ una nota en la mesa del comedor. Su hermana habÃ­a salido mucho antes de que Ã©l despertara. LeyÃ³ el contenido, arrugÃ³ el papel y lo tirÃ³ a la basura. MirÃ³ el reloj en su muÃ±eca; marcaba las ocho de la maÃ±ana. SintiÃ³ correr la presiÃ³n dentro de su pecho, tenÃ­a sÃ³lo cinco horas para terminar el escrito y entregarlo al editor.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; CorriÃ³ al estudio y encendiÃ³ el ordenador. Golpeaba sus dedos contra el escritorio impaciente por el tiempo desperdiciado en la carga de los programas de cÃ³mputo. MirÃ³ a su alrededor y encontrÃ³ los libros, los folios y el cesto de basura. Buscaba en cada objeto el detonante del final de su cuento. Cuando tuvo frente a sÃ­ las pÃ¡ginas escritas y el cursor palpitando constante en el Ãºltimo renglÃ³n sintiÃ³ miedo. No sabÃ­a que decir.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Se levantÃ³ de su silla y caminÃ³ por la casa. LlegÃ³ a la puerta que lleva al patio interior y la abriÃ³. La lluvia continuaba cayendo a pesar de no detenerse durante toda la noche. CruzÃ³ el umbral y dejÃ³ que su pelaje se empapara. Con las patas desnudas se sumergiÃ³ en el encharcado mientras las piernas del pijama se oscurecÃ­an a causa del agua. Cuando su piel resintiÃ³ el friÃ³ regresÃ³ al interior de su morada. MirÃ³ las ligeras sombras en que se hallaba la casa y supo entonces quÃ© debÃ­a escribir.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Ahora mira por la ventana a las nubes y a la ligera lluvia que cae tras ella. Mientras que frente a Ã©l se extienden las cuartillas que durante el largo fin de semana escribiÃ³. Lanzando un fuerte suspiro llega al final de su obra.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Esto es mÃ¡s de lo que querÃ­a decir. â€"se dice en voz baja. Se detiene en medio de una oraciÃ³n. Mira el destello del cursor sin arriesgarse a concluir lo iniciado. Pesadamente mecanografÃ­a las Ãºltimas palabras, realiza una Ãºltima revisiÃ³n y descubre su cuento listo para ser entregado.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Mira el pequeÃ±o reloj en la parte inferior del monitor. Marca las once con siete minutos. Busca Gariel entre los cajones de su escritorio el dispositivo de almacenaje, lo conecta al ordenador y guarda en Ã©l el archivo reciÃ©n concluido. Luego imprime las cuatro cuartillas de su escrito. Toma el dispositivo, las hojas y apaga el ordenador. Sube a su habitaciÃ³n y viste para salir. Una camiseta azul, aquella que le queda ajustada, unos jeans deslavados y sus zapatillas deportivas.Â&nbsp;

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Fuera de casa corre hacia la parada del autobÃºs intentando alcanzar aquel que estÃ¡ prÃ³ximo a salir. Sube a Ã©ste. Su camiseta azul muestra manchas oscuras, gotas de lluvia alcanzaron a mojarlo. Ocupa un asiento que encuentra vaciÃ³. Despliega las hojas y lee su contenido. Un remordimiento cruza su espalda como escalofrÃ­o pero tiene que llegar a la oficina de Armando y entregar ese trabajo. El cielo ha empezado a aclarar.

  

Tras el escritorio JuliÃ¡n sostiene su cabeza mientras escucha a una rata blanca. Es mediodÃ­a y ya se siente fatigado. Las palabras del alumno pasan a travÃ©s del oso sin ser escuchadas. Pierde su vista entre los libros que asoman desde los estantes de la oficina. Encuadernados en piel y en pasta dura, revistas cientÃ­ficas de todo el orbe, manuales y libros de bolsillo. Un rompecabezas de colores y superficies imposible de resolver.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Y es que cuando llegÃ³ ese dÃ­a a la Universidad, Ricardo no dejÃ³ de molestarlo. Lo esperaba a las puertas de la facultad con un paquete de hojas de papel en la mano y una pesada mochila a sus espaldas. Cuando JuliÃ¡n lo vio sintiÃ³ en su estÃ³mago la certidumbre de que hoy era el primer dÃ­a de la semana. CaminÃ³ directo a la puerta esperando que el asunto que la rata traÃ­a entre manos no le concerniera a Ã©l. Supo su error cuando el tartamudeo de Ricardo le llamÃ³ imperiosamente.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; JuliÃ¡n caminÃ³ con rapidez. RealizÃ³ el mismo trayecto que cada dÃ­a hacÃ­a. SubiÃ³ las escaleras y entrÃ³ a un cubÃ­culo en donde firmÃ³ su ingreso a la instituciÃ³n, eran apenas unos minutos despuÃ©s de las nueve de la maÃ±ana. SonriÃ³, saludo y se retirÃ³ del lugar. La rata lo seguÃ­a sin pronunciar palabra.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Luego entrÃ³ a una sala, una hiena le saludo mientras preparaban cafÃ©. El olor los invadiÃ³ por completo. DespuÃ©s de algunas palabras de cortesÃ­a el oso caminÃ³ hasta alcanzar su oficina al fondo del pasillo. AbriÃ³ la puerta, encendiÃ³ las luces y el ordenador. TomÃ³ asiento, depositÃ³ la taza con cafÃ© sobre su escritorio y vio a la larguirucha figura de Ricardo de pie en la puerta. Lo hizo pasar y por casi tres horas no ha dejado de hablar.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; JuliÃ¡n permanece viendo sus libros. Intenta leer los tÃ­tulos en los lomos. Posaba su mirada de uno a otro descubriendo su incapacidad en enfocar la vista lo suficiente para descifrar las palabras mil veces leÃ­das. SuspirÃ³ sin poder evitarlo.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Y es asÃ­ maestro â€"escucha decir a Ricardoâ€" que el procedimiento efectuado proporcionÃ³ evidencia contundente, con lo cual se confirma la hipÃ³tesis de Richmand y Collej.

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Muy bien Ricardo. Como cada vez que me lo dices, muy bien. â€"le responde cansado JuliÃ¡n mientras mira a su alumno a travÃ©s de las lentes azules en sus anteojos. â€"Â¿Pero cuÃ¡l es el motivo de tu investigaciÃ³n?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Ampliar los conocimientos que se tienen acerca del efectoâ€¦ â€"dice Ricardo mientras repasa con los dedos las decenas de hojas que ha revisado.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"No es suficiente Ricardo. â€"espeta molesto el osoâ€" No es suficiente.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Si lo es. â€"dice exaltado la rataâ€" Se requiere extender los hallazgos a otras especies.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Llevas aquÃ­ dos aÃ±os. â€"dice JuliÃ¡n ahora mirando el cielo nublado a travÃ©s de su ventanaâ€" Â¿No comprendes que lo importante aquÃ­ es desarrollar nuevos conocimientos? Tu planteamiento es correcto, se requiere ampliar esto que se sabe a otras especies, o a otras formas de comportamiento, etcÃ©tera. Pero tu tesis debe ser algo nuevo, algo que despierte a sus lectores y a la comunidad cientÃ­fica. Deja lo que haces para gente como yo, que tiene que aparentar que hace algo.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Pero maestroâ€¦ â€"intenta decir Ricardo pero JuliÃ¡n le calla.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"No Ricardo. Basta de esto. O me presentas la prÃ³xima semana un nuevo planteamiento del problema y un nuevo objetivo o me verÃ© precisado de abandonarte como tutor. Tienes la investigaciÃ³n documental ahora trÃ¡eme algo grandioso. Fin de la discusiÃ³n, puedes retirarte.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; La rata toma entre las garras los folios y en desorden los carga mientras camina a la salida. JuliÃ¡n lo observa retirarse. Un ligero zumbido en los oÃ­dos le ha dejado este encuentro.

Se rasca la cabeza mientras lee las palabras que Gariel le entregÃ³. Por la ventana los dÃ©biles rayos del sol golpean lo verde de una planta de hojas grandes y gruesas en el interior de la oficina. Empotrados en los muros una serie de libreros contienen en desorden aparente varios ejemplares de libros y revistas. En un estante un premio color dorado lo adorna, mientras que en otro, como en sitio de honor, una fotografÃ­a familiar es enmarcada por dos automÃ³viles a escala. Pasatiempo infantil del editor.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Y es que cuando Armando arribÃ³ a su oficina esa maÃ±ana tenÃ­a al menos cinco mensajes en la contestadora y otros tantos que le hizo llegar su secretaria. Era el primer dÃ­a de la semana y ya se sentÃ­a exhausto: primero el sÃ¡bado la junta con los inversionistas para despuÃ©s tener la cena en casa del Sr. Korian; luego llegÃ³ el domingo y con Ã©l el paseo con sus dos hijos, Armando y Esteban, al parque central de la ciudad. Convites y juegos le dejaron acabado a pesar de que intenta mantenerse en forma.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Pero este dÃ­a habÃ­a llegado a su oficina con el gusto de recibir a su escritor estrella. Luego que Gariel ganara el premio que abriÃ³ su carrera como escritor fue contratado por la editorial para escribir una columna cada mes en su revista de literatura. Desde hace mÃ¡s de tres aÃ±os el lobo ha entregado a raya su cuento. Esta ocasiÃ³n no fue la excepciÃ³n.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Armando escuchÃ³ sus pasos desde el vestÃ­bulo de la oficina, luego la voz de la secretaria indicando el cordial: â€pase por favor, lo estÃ¡n esperandoâ€, y la idÃ©ntica respuesta de siempre: â€muchas graciasâ€. La puerta de cristal opaco se abriÃ³ y un lobo de piel plateada entrÃ³ agitado. TomÃ³ asiento sin ser invitado a ello y dejÃ³ caer en el escritorio las pÃ¡ginas de su cuento.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Por quince minutos ha permanecido Armando leyendo las hojas. Sus enormes garras sujetan con fuerza el papel arrugÃ¡ndolo por sus extremos. EstÃ¡ concentrado, parece revisar una y otra vez las lÃ­neas reciÃ©n consultadas. De vez en vez una exhalaciÃ³n escapa de su nariz. Es un sonido pocas veces escuchado por el lobo pero que aÃºn asÃ­ comprende su nefasto significado.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Gariel se voltea a todas direcciones cuando sabe que no lo observarÃ¡ Armando. Mira primero el escritorio cubierto de carpetas y pisapapeles, luego los libreros, los cuadros con fotografÃ­as y reconocimientos, la larga lÃ¡mpara en una esquina, un par de mancuernas en el piso, la alfombra gris azulada, el sofÃ¡ negro y por Ãºltimo a Armando viÃ©ndolo ver. Gariel se esconde en su asiento mientras espera las palabras del editor.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Lo que no entiendo â€"dice Ã©steâ€" es como pudiste caer tan bajo.

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿A que te refieres? â€"pregunta el lobo asombrado de las palabras.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Esto. â€"dejando sobre el escritorio las hojas leÃ­dasâ€" A mi no me puedes engaÃ±ar. Esto es lo mÃ¡s patÃ©tico que he leÃ­do en mi vida. Â¿CÃ³mo te atreviste a escribir semejante cosa?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿No te gusto? â€"pregunta Gariel imitando ingenuidad.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Lobito, no te hagas tonto. Que ni a ti te gustÃ³. Lo veo en tus ojos, Â¿o tendrÃ© que decir en los ojos de Andrew? â€"pregunta con sarcasmo.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Pero es bueno.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Para nada. Sentimentalismo a flor de piel.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¡Bah! â€"dice Gariel agitando la garra con desdÃ©nâ€" Â¿TÃº que sabes de eso?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Lo sÃ© tan bien porque de no ser lo que digo ya te hubieras lanzado contra mÃ­. â€"dice Armando mientras inclina su cuerpo hacia adelanteâ€" Como no lo haces entonces reconozco que estÃ¡s de acuerdo conmigo. TambiÃ©n odias este cuento.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"No seas fanfarrÃ³n. â€"Gariel lo mira con retoâ€" Explica por quÃ© no te gusta y verÃ¡s lo equivocado que estÃ¡s.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"En tus historias hay una tendencia: ningÃºn personaje es feliz ni en un principio ni en el final.Â&nbsp;  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Y sigo con ese esquema.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"No, aquÃ­ hay algo mÃ¡s. Algo que no revelas de manera tan evidente en ningÃºn otro escrito. Tu deseo. â€"Al decir esto Ãºltimo apuntÃ³ con el dedo Ã­ndice al pecho del lobo.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿Deseo? Es mi hermana la psicÃ³loga, no tÃº. Mis personajes son patÃ©ticos porque me burlo de lo patÃ©tico. Lee bien y entenderÃ¡s lo que digo.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Por supuesto, allÃ­ sigue tu fino sarcasmo. â€"Armando se reclina lentamente en su asientoâ€" Pero Andrew es una copia al carbÃ³n de tu amiguito, el jaguar ese que te gusta. Â¿o me equivoco?

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; No pudo soportar la mirada de Armando. Gariel la esquivÃ³ concentrando la suya en la esquina del escritorio. Aquellos que leyeran su cuento, quienes conocieran al lobo autor descifrarÃ­an en un instante el significado. Ese fue el descubrimiento que hizo el escritor cuando terminaba su historia. HabÃ­a dicho demasiado de Ã©l mismo en ella.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¡No seas estÃºpido! â€"espeta el lobo ahora mirando directamente a los ojos verdes del editorâ€" Es un estereotipo del galÃ¡n y la unicornio sÃ³lo es una hembra estÃºpida como cualquier otra.

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"QuerrÃ¡s decir, tu propio estereotipo de galÃ¡n. â€"dice Armando sonriendo victoriosoâ€" Y ya que mencionas a la unicornio y su parejaâ€¦ allÃ­ te tienes. No hay mÃ¡s que decir. Gariel entre la espada y la pared.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Pero Â¿quÃ© sabes tÃº de mÃ­? â€"es ahora Gariel quien se inclina al frenteâ€" Eres mi editor, no tienes derecho a juzgarme. No entiendo como sacas toda esta parafernalia de palabras insensatas para acusarme de semejante acto. No pienso escucharte mÃ¡s. AsÃ­ que decide Â¿lo publicarÃ¡s o no?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Lo publicarÃ©, eso tenlo por seguro. â€"se levanta Armando para acercarse al lobo. Una delgada camisa tipo polo ciÃ±e su robusto cuerpo.â€" AdemÃ¡s te conozco desde hace tres aÃ±os y viniste conmigo cuando pasÃ³ aquel incidente con tu amiguito, Â¿recuerdas?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Esa fue una mala decisiÃ³n.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Gariel, â€"Armando se acuclilla a su ladoâ€" algo que he aprendido es que ningÃºn escritor puede esconderse. Las fursonas normales evaden, ocultan y engaÃ±an con el fin de nunca ser evidentes. A un artista como tÃº le es imposible hacer eso. Cada palabra que escribe, cada trazo que realiza, cada sonido que emite es un grito angustiante por ser escuchado, visto y sentido. Su condena es ser pÃºblico, nunca guardar un secreto.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Me suena conocido eso que dices.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Claro, son las palabras que dijiste cuando recibiste el premio. Lo que no me explico es por quÃ© ahora, por quÃ© precisamente ahora es que te decidiste a romper tu cascarÃ³n y decirles a tus lectores que te mueres por alguien. Dime lobito, Â¿quÃ© ocurriÃ³?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Solamente que soy demasiado soberbio para reconocer mi propia ignorancia.  
  
  
  
Recostada en un sofÃ¡, Erika mira la televisiÃ³n. Destellos fugases donde la imÃ¡genes revelan los Ãºltimos acontecimientos del mundo. La guerra, la crisis econÃ³mica, violencia, deportes. Cada una de las notas pasa sin la acostumbrada incredulidad de la espectadora. Simplemente descansa en la oscuridad intentando olvidar el tremendo dÃ­a que ha pasado.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Y es que nunca se le ocurriÃ³ que responder una llamada serÃ­a una carga mÃ¡s pesada que llegar al juzgado para la defensa de su cliente. Durante varios minutos la voz al otro lado del auricular no cesÃ³ de repetir, cual letanÃ­a, las desavenencias sufridas en el pasado. ClichÃ©s de frases escuchadas al menos cinco veces al dÃ­a, preguntas retÃ³ricas que buscaban la misma explicaciÃ³n que contenÃ­an, el giro del fastidio que todo eso le causaba a la tigresa.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; MirÃ³ a su alrededor. EncontrÃ³ a sus compaÃ±eros en su singular danza que indicaba a cada uno donde debÃ­a encontrarse. El chacal de traje marrÃ³n gesticulaba con sendos movimientos tratando de explicar algÃºn suceso, por lo demÃ¡s insignificante, a un antÃ­lope que lo miraba expectante. Por otro lado las secretarias charlaban animosamente, reÃ­an y sonreÃ­an en complicidad. Erika sabÃ­a de antemano el chisme del dÃ­a. Al licenciado MortarÃ¡z, que entraba en ese momento anÃ³nimamente al despacho, lo habÃ­an encontrado con Margarita, del servicio de control de recursos, en una situaciÃ³n por demÃ¡s comprometida y que ponÃ­a en aprietos el matrimonio de ambos.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; La tigresa intentÃ³ recuperar el hilo del monÃ³logo que su interlocutor proferÃ­a. MecÃ¡nicamente tomÃ³ un lÃ¡piz y escribiÃ³ en algÃºn papel el motivo final de la llamada. DespuÃ©s de todo el problema legal que padecÃ­a la voz serÃ­a trabajo del maltratado licenciado MortarÃ¡z. Palabras de cortesÃ­a y un â€buenas tardesâ€ culminÃ³ la tediosa conversaciÃ³n. TomÃ³ la nota y caminÃ³ rumbo a la puerta de la oficina de MontarÃ¡z.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Cierre por favor. â€"le dijo el huskyâ€" Muchas gracias licenciada JÃ¡uregui.

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"No hay problema. â€"respondiÃ³ Erika e intentÃ³ salir de la oficina.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Disculpe licenciada. â€"dice cabizbajo el huskyâ€" Â¿PodrÃ­a tomar un minuto de su tiempo?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Por supuesto licenciado, Â¿QuÃ© ocurre? â€"Erika sintiÃ³ un escalofriÃ³ que presagiaba lo que estaba apunto de ocurrir.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Le harÃ© una pregunta personal licenciada. â€"continuÃ³ diciendo MontarÃ¡z con la misma expresiÃ³n culpableâ€" EstÃ¡ en su derecho no responder pero le pido por favor que lo haga, me ayudarÃ­a mucho.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Si. â€"era evidente. El presentimiento se hizo certeza, no podÃ­a escapar de la pregunta final.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿Por quÃ© cree que quise acostarme con Margarita? Â¿Para demostrar mi virilidad o por quÃ© en realidad algo mÃ¡s me hace falta?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Licenciado yo no soy quien paraâ€"

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Erika se levanta del sofÃ¡ en busca de agua. Detesta recordar eventos que nunca debieron suceder. Entre las penumbras alcanza la cocina, toma un vaso de cristal decorado con pequeÃ±as flores rosas y amarillas y lo llena de agua. Siente en su interior el friÃ³ del lÃ­quido consumido. No la reconforta.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"TenÃ­a que ser yo quien respondiera esa llamada. Yo quiÃ©n por amabilidad tomÃ© un mensaje y lo llevÃ© a la oficina de ese tipo. â€"se auto-acusa Erika de su fortunaâ€" Cinco secretarias y yo, la licenciada JÃ¡uregui, debÃ­ tomar el telÃ©fono. Que imbÃ©cil.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; Regresa al sofÃ¡. La pantalla de televisiÃ³n muestra ahora un comercial de pasta dental. Una melodÃ­a como de campanas se hace oÃ­r desde el aparato. Campanitas que se mezclan con el repique del telÃ©fono. Erika se gira para observarlo. Dos, tres, cuatro veces suena mientras sus palabras regresan de la memoria: â€No soy quien para juzgar el por quÃ© se hacen las cosasâ€¦â€. Seis y siete, no desisten en su afÃ¡n por comunicarse. Mira el reloj en la pared. Las nueve con treinta y dos minutos. Van ocho, nueve, diez.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿Si diga? â€"pregunta Erika.

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿Erika? Hola, soy JuliÃ¡n.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Ah, â€"exclama con molestiaâ€" Â¿cÃ³mo estÃ¡s?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Bien gracias. No es verdad, estoyâ€¦ Ya sabes, lo de siempre.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Ahora Â¿quÃ© pasÃ³? â€"Erika se recuesta en el sofÃ¡, sabe que la conversaciÃ³n serÃ¡ larga.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Primero, que seguÃ­ tu consejo con el chico de la cafeterÃ­a.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Interesante, Â¿quÃ© tal te fue? â€"pregunta sin ganas la tigresa.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"IncreÃ­ble. Uno de los mejores sexos en mi vida.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Te lo dije. â€"sonrÃ­e ella y dice con maliciaâ€" Empiezas a madurar. Me siento orgullosa de ti.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Deja de burlarte.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Aunque, lÃ¡stima. Me gustaba tanto ir a ese cafÃ©. â€"retira de su rostro un mechÃ³n de cabello.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Por lo pronto no te preocupes. Que si sigue asÃ­ de bueno tendremos cafeterÃ­a por mucho tiempo.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Espero descuentos especiales para amigos del amante. â€"y rÃ­e al decirlo.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"VerÃ© que puedo hacer.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Bien. Ahora dime la verdadera razÃ³n que me llamaras. â€"suspira Erika esperando el aburrido alegato del osoâ€" Porque, Â¿supongo que no fue sÃ³lo para presumirme que te acostaste con alguien?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Si bueno, es que hoy a la hora del almuerzo me encontrÃ© a FÃ©lix.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Vaya, vaya. â€"le dice al oso con genuino interÃ©s.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"LlegÃ³ a mi mesa y se sentÃ³ como si nada. Siempre me parece raro verlo de traje, es como si no fuera parte de Ã©l. Pero te decÃ­a, se sentÃ³ juntÃ³ a mÃ­. TraÃ­a la bandeja con una baguette y una soda. No me pidiÃ³ permiso, sÃ³lo lo hizo.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€â€"Es raro encontrarnos para comer. â€"me dijoâ€" Quedan tan cerca nuestros trabajos.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€Solamente le dije que sÃ­. Si supiera que voy con miedo al centro comercial, no me gusta encontrÃ¡rmelo. Pero ni modo, lo tenÃ­a frente a mÃ­ mientras devoraba la baguette. Como ya casi habÃ­a terminado mi almuerzo pensaba dejarlo solo pero me tomo de la garra y me pidiÃ³ que me quedara.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€â€"No me gusta comer solo. â€"asÃ­ con su carita de niÃ±o buenoâ€" Â¿PodrÃ­as quedarte un momento mÃ¡s?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€En serio querÃ­a desembarazarme de esa situaciÃ³n. TartamudeÃ© alguna excusa que no entendÃ­ ni yo y terminÃ© quedÃ¡ndome. Lo veÃ­a comer. Hasta tiene su gracia cuando come. Termina con las garras cubiertas de alimento, se chupa los dedos y deja toda la mesa llena de migajas. Pero no da asco, mÃ¡s bien me dio risa.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€â€"Â¿Te has enamorado alguna vez? â€"me pregunto cuando finalizÃ³. Creo que repitiÃ³ un par de veces la pregunta porque en realidad no entendÃ­ cuando la hizo.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€â€"No sÃ©. â€"le dijeâ€" quizÃ¡ alguna vez pero no recuerdo.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€â€"Esas cosas no se olvidan JuliÃ¡n. Siempre se quedan con uno y en ocasiones vuelven a surgir para atormentarnos.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€â€"Deduzco que tÃº si te has enamorado â€"le dije intentando sonar sarcÃ¡stico. Me respondiÃ³ que no. Que nunca habÃ­a sentido mÃ¡s que placer por estar con alguien pero nunca algo que lo hiciera recordarlo luego, sin razÃ³n. Se quedÃ³ en silencio mientras limpiaba sus garras con varias servilletas. Me sentÃ­ muy incÃ³modo. Nunca habÃ­amos hablado tanto como ahora. De hecho, pensÃ¡ndolo bien, no lo conozco lo suficiente como para que seamos amigos. Simplemente son tÃº y Gariel quienes nos hacen tener algo en comÃºn.â€  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"DirÃ­a mÃ¡s Gariel que yo. â€"seÃ±ala Erika mientras jugaba con el cable rizado del telÃ©fono.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Puede ser. Y es eso lo que provocÃ³ que te llamara. El problema fue cuando me dijo que Ã©l no me caÃ­a bien. Que siempre se habÃ­a dado cuenta de que Ã©l me era antipÃ¡tico y que por eso habÃ­a evadido muchas veces su compaÃ±Ã­a.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€En parte me sentÃ­ desahogado. No tendrÃ­a ya que aparentar camaraderÃ­a con Ã©l y quizÃ¡ el deber de llevarnos bien por fin terminarÃ­a. Aunque tratÃ© de negarlo diciendo que simplemente no salÃ­amos mucho, que nuestras personalidades son muy diferentes, que Ã©l los conoce a ti y a Gariel desde hace muchos aÃ±os y quizÃ¡ eso influya en que no seamos tan amigos.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€â€"No es eso y lo sabes bien. â€"me dijo en un tono Ã¡spero. Te dirÃ© que me dio miedo. Quise alegar que no lo entendÃ­a y soltÃ³ lo que vino a decir: â€"Mira, te lo voy a poner en claro. A mi tambiÃ©n me gusta Gariel y seguramente habrÃ¡s notado que a Ã©l yo tambiÃ©n le gusto, Â¿o no?  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€Creo que perdÃ­ el color o se me subiÃ³ o no sÃ© porque se riÃ³ de mi y siguiÃ³ diciendo: â€"No te pongas nervioso que no estoy para pelear ni para marcar territorio, eso serÃ­a tan estÃºpido y ni tÃº ni yo somos asÃ­, Â¿estamos? â€"intentÃ© decir si pero solo movÃ­ la cabeza. â€"Ok. Pongamos las cartas sobre la mesa. Te pones celoso cuando nos ves juntos y ya ni puedes disimularlo. Â¿Por quÃ© no has intentado nada con Ã©l?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€QuerÃ­a salir corriendo de allÃ­. Me tomÃ³ FÃ©lix del brazo y no me dejo escapar. Vi sus ojos azules y sentÃ­ la necesidad de quedarme. Le dije: â€"FÃ©lix, mÃ­rame. No soy tan agraciado como tÃº. No tengo el cuerpo ni la apariencia que a Gariel le atraen. AdemÃ¡s me conoces, sabes lo patÃ©tico que soy. Â¿Has escuchado a Gariel hablando sobre su macho ideal? No soy ni de cerca lo inteligente y audaz que Ã©l quiere. No FÃ©lix, para ser rechazado por un lobo que no tiene escrÃºpulos al decir: â€˜me das ascoâ€™, prefiero mejor quedarme asÃ­.  
  

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€Me soltÃ³ y se me quedÃ³ viendo. Luego agreguÃ©: â€"ademÃ¡s Ã©l te quiere a tiâ€". Permanecimos en silencio un buen rato.â€  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;â€"Y Â¿quÃ© mÃ¡s? â€"pregunta ansiosa Erika.  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Me dijo algo mÃ¡s que extraÃ±o: â€˜Si supieras que la tienes mÃ¡s fÃ¡cil que yoâ€. No entendÃ­ que quiso decir. Luego se despidiÃ³ y se fue. Si no lo conociera dirÃ­a que se fue triste. Aunqueâ€¦ sabes una cosa, me sentÃ­ mal por Ã©l.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; La tigresa se vuelve a ver el televisor. Un corte comercial anuncia los beneficios de pastillas para el aliento. Entre los besos e insinuaciones actuadas Erika sonrÃ­e irÃ³nicamente. Piensa que, despuÃ©s de todo, los problemas nunca son tan aburridos como se ven. Se imagina al oso y al jaguar frente a frente discutiendo sobre el por quÃ© un lobo no quiere a ninguno.

Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Sabes JuliÃ¡n â€"dice Erika apagando el televisorâ€" Si esto fuera una telenovela ustedes dos terminarÃ­an juntos.

&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿CÃ³mo dices?  
  
Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp;Â&nbsp; â€"Â¿No me comprendes? Gariel no es el hÃ©roe de esta historia. â€"y por fin, cada uno se quedÃ³ sin palabras.

Source: https://sofurry.com/s/rnawpXXe
Part of the series Formas de contar una historia
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