{"sf1_id":1334215,"sf2_id":"Xekx9z5m","title":"El Juguete","author":"FoxLabsStudio","words":1999,"posted_at":"2018-05-15T16:34:39.000Z","tags":["Adult Content","Alchemy","Chubby","Cum","Domination/Submission","Feet","Foot Fetish","Footjob","Fox","Hyena","Kinky","Male/Male","Messy","Micro","Musk","Paws","Precum","Size Difference","Spanish Language","Sweat"],"url":"https://fse.anthro.fr/stories/1334215-el-juguete","original_url":"https://sofurry.com/s/Xekx9z5m","image_url":"https://www.sofurryfiles.com/std/thumb?page=1334215\u0026ext=.jpg","description":"Primera historia escrita por mi, y probablemente la única en español.  \n  \nENG: First written story I've done, and probably the only one in spanish  \n  \nEspero os guste/Hope you enjoy","content":"La tarde había transcurrido tranquila. El ruido de unas llaves precedí a la\n\napertura de la puerta, por la que entro un alto y esbelto zorro de un fuerte\n\ncolor naranja, con unas largas orejas y un pelo turquesa. Sus ojos cian\n\nrecorrieron el salón del piso, en busca de su compañero, pero no lo\n\nencontraron. Se dirigió a su cuarto sin hacer ruido, sus grandes y blandas\n\npatas marrones pisando el suelo sin emitir más que un ligero golpeteo casi\n\ninaudible. Al llegar a su cuarto, se relajó, quitándose la ropa del laboratorio,\n\ny quedando en unos calzoncillos burdeos, como siempre. El olor del zorro\n\ntardó poco en llenar la habitación, un olor procedente de su cuerpo, que\n\nllevaba varios días trabajando sin descanso ni ducha. Justo cuando se disponía\n\na leer un libro, tras tumbarse en la cama, escuchó unos fuertes pasos en el\n\npasillo. Los toques a su puerta confirmaron sus sospechas: era su compañero\n\nde piso, que había oido la puerta de la calle y venía a saludarle. El zorro\n\napartó el libro y lo dejó en su mesilla, antes de alzar su voz:\n\n-¡Adelante!- dijo, sin preocuparse por ponerse ropa alguna.\n\nSu compañero abrió la puerta, una hiena moteada de un bonito color beige,\n\ncon las marcas en un castaño oscuro. Su negra nariz olfateó el ambiente,\n\nllenando sus pulmones del viciado aire del cuarto, y la esencia del sudado\n\nzorro, disfrutándolo. Sus ojos, de color ámbar, se posaron sobre el zorro en la\n\ncama, recorriendo su cuerpo, fijándose en las marcas de color cian que\n\nrecorrían sus costados, pasando su mirada por los calzoncillos, y llegando\n\nhasta la cola, que presentaba la misma marca. Por último, se fijó en sus\n\nenormes patas, las blandas y rechonchas almohadillas de un color turquesa\n\nque tenían, y volvió a mirar a los azules ojos del vulpino, los cuales recorrían\n\ntambién su blando cuerpo, las curvas que poseía, y su prominente y redonda\n\nbarriga. Un pequeño sonrojo tiñó su cara, mientras el zorro posaba sus ojos en\n\nsus anchas caderas, el relleno trasero que poseía, y luego seguía la línea de\n\npelo negro que cubría la linea media de su blanda barriga, hasta su pecho,\n\nsiguiendo hasta encontrar su mirada.\n\n-Te escuché entrar, e imaginé que después de tanto trabajo querrías algo de\n\ncompañía- dijo la hiena, con una sonrisa en su cara, mientras entraba en el\n\ncuarto y cerraba la puerta. El zorro se incorporó, sentándose en la cama,\n\nmientras la hiena paseaba por el austero cuarto, pasando por el escritorio y\n\nsentándose a su lado.- Y además, pensé que quizás querrías liberar un poco de\n\ntensión. – la hiena se sonrojó al sugerir tal cosa, sabiendo a lo que hacía\n\nalusión. El zorro, ahora divertido, movía su cola de lado a lado, lo que\n\nmostraba el interés que sentía por su compañero, que al igual que él, estaba\n\nen calzoncillos, unos que antes podrían haber sido blancos, pero que ahora\n\ntenían un tono más oscuro, de los años de uso y las pocas veces que la hiena\n\nse duchaba.\n\n–Bueno, es verdad que después de esta semana, quizás me venga bien.....-\n\ndijo el zorro, en un tono melodioso, mientras se acercaba a la hiena,\n\nsentándose pegado a ella. Sintiendo su calor, comenzó a pasar su mano por su\n\nprominente barriga, blanda y peluda, acariciándola, mientras la hiena pasaba\n\ndel beige a un tono rojizo. La nariz del zorro captó la fragancia de la hiena,\n\nuna mezcla de sudor y semen que la acompañaba siempre, y que era de su\n\ngusto.-Y además, con lo bien que hueles, no me podría negar a divertirme\n\ncontigo.- con estas palabras, la otra mano del zorro, que se encontraba\n\napoyada en la cama, pasó por el calzoncillo de la hiena, notando su humedad\n\ny calor, deteniéndose momentáneamente en su paquete, dejando que la hiena\n\nsintiese su hábil mano.\n\nLa hiena soltó un suspiro, su sensible entrepierna disfrutando del saludo, y\n\npasó su mano por el torso del plano zorro, sintiendo su suave pelaje entre sus\n\ndedos, bajando lentamente hasta llegar a la goma de sus calzoncillos,\n\ntentando al zorro con introducir su mano, para luego acariciar el paquete del\n\nzorro. Su mano pasó por el húmedo y caliente bulto, que le saludó con una\n\npequeña pulsación, mientras se despertaba por tan atentos cuidados. El olor\n\ndel zorro aumentó, comenzando a añadir el olor de su lujuria a la mezcla de\n\nfragancias del cuarto, llenando las fosas nasales de la hiena, que no paraba de\n\nolfatear. Su cola no paraba de moverse, su excitación ahora aparente, lo que\n\nel zorro aprovechó para robarle un beso, introduciendo su lengua en el morro\n\nde su compañero, notando su cálido aliento y forzando su entrada, haciendo\n\nque la hiena sintiera una violación de su boca. El largo beso terminó con una\n\njadeo de la hiena, que ahora se encontraba encendida, su bulto sobresaliendo\n\nen su entrepierna, lo que el zorro aprovechaba para manosear. Con una\n\nlasciva sonrisa, el zorro se recostó en su cama, haciendo una seña a la hiena\n\nde que se sentase más cómoda. Cuando la hiena se subió, el zorro colocó una\n\nde sus grandes patas en el morro de la hiena, y la otra en su paquete, que\n\ncomenzó a mullir y cuidar. El ácido olor de la pata sudada del zorro inundó las\n\nfosas nasales de su compañero, que en poco tiempo quedó embriagado por\n\nsemejante aroma. Abrió su morro, sacando su lengua y saludando a la pata\n\ncon un lametón, saboreando el salado sabor del sudor del zorro. Sus jadeos\n\naumentaron, por el estímulo del olor de la pata sumado a los cuidados que su\n\npene estaba recibiendo, y comenzó a devolver el favor cogiendo la pata de su\n\nanaranjado compañero, y hundiendo su morro en las blandas almohadillas, el\n\nturquesa llenando su visión, mientras lamía y besaba las almohadillas,\n\nlimpiándolas y disfrutando de su olor y suavidad. Pronto, los jadeos del zorro\n\nse unieron a los de la hiena, encendido por las sensaciones que su sensible\n\npata le transmitía, ahora totalmente empalmado y con su mano en sus\n\ncalzoncillos, dándose placer al tiempo que su compañero cuidaba de sus\n\npatas. La hiena, cada vez más encendida, introdujo uno a uno cada grueso\n\ndedo de la pata vulpina, chupando sus almohadillas y saboreando su salado\n\nsabor, arrancando gemidos de placer del zorro.\n\nY entonces, una idea cruzó la mente del zorro, que acercó su cola a sus\n\nmanos, e introdujo el brazo en ella, sacando un bonito frasco de cristal, con\n\nun líquido morado que tenía una textura viscosa. Lo destapó, y se lo presentó\n\na su compañero, con una gran sonrisa, incitándole a que lo bebiese, lo que la\n\nhiena hizo con mucho gusto. Un regusto a frutas del bosque inundó la boca de\n\nla hiena, que se complementó con un suave cosquilleo al paso de la bebida\n\npor su garganta. Una vez bebida, se relamió, entregando el frasco vacío al\n\nzorro, que lo introdujo en su cola de nuevo. El zorro volvió a colocar, sin\n\nprevio aviso, su pata en el morro de su compañero, apretando los dedos para\n\nque el olor volviese a inundar los sentidos de la hiena, embriagándola. Un\n\nligero cosquilleo comenzó a llenar el cuerpo del mismo, comenzando a ocupar\n\nsu cuerpo, y mandando ondas de placer que la recorrían desde la punta de sus\n\ndedos y cola, hasta su estómago. Pronto, se dio cuenta de que dichas ondas\n\nestaban acompañadas de otro efecto mucho más extraño. Lentamente, se dio\n\ncuenta de que su tamaño disminuía, la pata de su vulpino compañero ahora\n\nmás grande que su cabeza, y poco a poco más grande, mientras su cuerpo se\n\ncomprimía con cada oleada de cosquilleos, haciendo que la hiena se\n\nestremeciera de placer con una sensación nueva para ella. Redobló sus\n\ncuidados, besando, lamiendo y chupando cada parte de la cada vez más\n\ngrande pata, sumido en el éxtasis que la poción le producía al volverlo un\n\njuguete para el zorro, hasta que su tamaño quedó reducido al tamaño de la\n\nmisma. Entonces, sin más dilación, el zorro se incorporó, ofreciendo la pata a\n\nla pequeña hiena, ahora no más grande que cualquier muñeco de peluche\n\naunque igual de rellena que antes, que con gusto la abrazó y se apretó contra\n\nella.\n\nSu diminuta y suave lengua comenzó a limpiarla de nuevo, ahora\n\nintroduciendo su pequeña cabeza entre los dedos, donde el olor era aún más\n\nfuerte, lamiendo y besando esas blandas almohadillas turquesas. El zorro\n\nemitía gemidos de placer, mientras comenzaba a tocarse, disfrutando del\n\nestímulo de tener un juguete limpiando y cuidando de sus cansadas y sensibles\n\npatas. Una vez la hiena terminó con una, el zorro presentó la otra pata, a la\n\nque su compañero se abrazó con gusto y lascivia, sus calzoncillos húmedos\n\nmientras ocultaban el evidente pene erecto en su interior, frotando su\n\nentrepierna con la suave y mullida almohadilla. El zorro entonces acercó la\n\notra pata, atrapando a la hiena entre las dos, en un caluroso abrazo turquesa\n\nque el pequeño juguete disfrutó, rodeado por completo del olor fuerte de\n\nesas patas de zorro, su pelaje bañándose en su sudor, quedando impregnado\n\ndel mismo. El zorro comenzó a aumentar la presión, disfrutando de la\n\nsensación de la suave y peluda barriga de su compañero, su volumen,\n\nmientras aumentaba la fuerza de su abrazo. La hiena notaba la presión con\n\ngusto, incapaz ya de moverse, notando como las patas comprimían su cuerpo,\n\ndejándole sin respiración, e incluso notando como algunos de sus huesos se\n\nquejaban de la falta de espacio. Entonces, el zorro comenzó a frotar sus patas\n\ncontra su nuevo juguete mientras se masturbaba, notando su calor y su suave\n\npelaje. Los jadeos se convirtieron en el único sonido de la caliente\n\nhabitación, unidos al sonido del frotar de las patas del zorro contra la hiena.\n\nEl juguete se encontraba en el éxtasis, notando cada parte de su cuerpo\n\nfrotar contra las rechonchas y abultadas almohadillas del zorro, su suave\n\ntacto revolviendo su pelaje, mientras el olor ácido de su sudor le envolvía,\n\nmojando su pelaje. La incapacidad de moverse, sumados a la presión y el\n\nestímulo del roce en su increíblemente duro pene habían conseguido que se\n\nperdiera entre jadeos y gemidos, cada vez que la pata se movía una onda de\n\nplacer recorría su comprimido cuerpo, y su pene comenzaba a lubricar las\n\npatas con el pre que se escapaba. El zorro, mientras había comenzado a\n\nacelerar los cuidados que daba a su erecta polla, comenzando a notar la\n\ncercanía del clímax mientras notaba los calientes efluvios de la hiena. Pronto,\n\nla hiena no pudo aguantar más, y llegando al orgasmo, soltó un gemido que se\n\npodría confundir con su característico sonido, manchando en el proceso las\n\npatas del zorro y a sí misma. El zorro, notando el calor y el olor del semen de\n\nsu compañero en la pata, además de sus vibraciones de placer, apretó con sus\n\ndedos, aumentando la presión mientras se acercaba a su propio orgasmo.\n\nPero se vio interrumpido por una llamada, que le apremiaba a volver al\n\nlaboratorio. Sin tiempo para terminar, el zorro cogió de su mesita un paquete\n\nde pañuelos, retiró gran parte del estropicio que su juguete había hecho en\n\nsus patas, y sin separarlo de su pata derecha, se enfundó los calcetines, se\n\nvistió y se puso sus botas de laboratorio, que aún emanaban el olor\n\nconcentrado de sus patas, que habían quedado encerradas en ellas mucho\n\ntiempo. La hiena, en su placer, notó como la pata le estrujaba contra la suela,\n\nya apretado por el calcetín, mientras el zorro la usaba como plantilla en\n\naquella prisión de olor y sudor, algo que realmente disfrutaba. “Será mejor\n\nguardarte para luego, que todavía no he terminado de probar mi nuevo\n\njuguete” pensó el zorro con una sonrisa lasciva, mientras salía corriendo por\n\nla puerta del piso hacia su laboratorio, con un pequeño invitado en su bota."}