{"sf1_id":2141177,"sf2_id":"zeRog3Ym","title":"27 - Cinco libras","author":"YoSoyGarrick","words":1375,"posted_at":"2024-06-02T00:34:06.000Z","tags":["Amigo","Bara","Batalla","Battle","Circo","Drakone","Fabula","Familia","Fantasy","Fight","Fighting","Fuerte","Furros","Furry","Garrick","Gay","Gay Relationships","Gimnasio","Gym","Gymbro","Homosexual","Human","M/M","Mature","Muscle","Muscles","Musculos","Novela","Novios","Pecador","Pelea","Relationships","Romance","Sex","Story","Story Series","Urban","YoSoyGarrick","amigos","h/h","macho","mexico","spanish"],"url":"https://fse.anthro.fr/stories/2141177-27-cinco-libras","original_url":"https://sofurry.com/s/zeRog3Ym","image_url":"https://cdn.sofurryfiles.com/submissions/thumbnails/fb/4c/fb4c4438-5bd2-45b5-b4a9-099309d0ac8a","description":"Capítulo 27 de La balada de los pecadores: Fabula Drakone","content":"Raúl y Ramón, exhaustos, salieron del gimnasio tras una cansada y satisfactoria rutina de espalda.\u0026nbsp;\n\n— Bro, voy a dormir como piedra — celebró agotado el tigre, pasando con cariño su brazo por el cuello de su novio.\u0026nbsp;\n\n— Estuvo intenso — coincidió haciendo cosquillas a Ramón para quitárselo de su espalda cansada.\u0026nbsp;\n\nEl par caminaba a casa, contentos, cuando vieron en la esquina a Pancho, el toro, de pie, bajo una farola, serio y pensativo.\u0026nbsp;\n\n— ¡Pancho, qué gusto verte! ¿Cómo has estado? — saludó Ramón alegre.\u0026nbsp;\n\n— ¿Eh? Ah, hola — apenas verlos, regresó su mirada al suelo.\n\n— ¿Pasa algo? — Raúl se acercó lento, notando el corazón abrumado de Pancho.\u0026nbsp;\n\n— Yo... — el toro resopló, sus orejas estaban caídas y su cola se movía triste — terminé con mi novia — Ramón levantó las cejas mientras Raúl gruñó de forma suave.\u0026nbsp;\n\nEl par logró convencer al bovino de ir a casa de Raúl, donde, comprando pan y sirviendo té, dejaron que Pancho descargara su corazón.\u0026nbsp;\n\n— Ella y yo estuvimos comprometidos desde antes de que yo fuera agreste. De hecho, antes de la pandemia, pensábamos casarnos y tener hijos — explicó acariciando la taza humeante —. Cuando todo cerró por el covid, decidimos posponer el compromiso y poco después, enfermamos — recordó —. Seré sincero, al principio no le dimos mucha importancia y nos descuidamos mucho, pero un día, amanecimos muy cansados y con dificultades para respirar. Ella fue más fuerte y aguantó como toda una guerrera, pero yo, caí en cama, con los hospitales llenos, decidimos que lo mejor sería quedarme en casa y esperar lo mejor. Una noche, todo el cuerpo comenzó a quemarme, no podía respirar bien, incluso pensé que moriría. Ella se quedó a mi lado y me suplicó que no me fuera — Pancho esbozó una sonrisa triste —, me recordó que nos casaríamos y que tendríamos muchos hijos, que envejeceríamos juntos y que veríamos a nuestros nietos.\u0026nbsp;\u0026nbsp;\n\nUna lágrima cayó por la mejilla del toro hasta su brazo, Raúl se levantó y le acercó una servilleta, gesto que Pancho agradeció.\u0026nbsp;\n\n— Viví, pero cambié. Me transformé en esto — con un ademán, el toro se señaló de la cabeza a los pies —. Lloré al pensar que ella me dejaría, pero para mi asombro, ella permaneció a mi lado, diciendo que mi corazón no había cambiado — Pancho tomó aire, cerró los ojos y exhaló lento —. Su familia, que antes me había querido, puso muchas trabas cuando me vió como agreste. Le pidieron que me dejara, pero, pese a todo, se mantuvo a mi lado. Al final, creo que ellos siempre tuvieron razón.\u0026nbsp;\n\nEl toro levantó al fin su taza y dio un trago largo.\u0026nbsp;\n\n— Pero... si te amaba tanto, ¿por qué te dejó? — Ramón estaba confuso.\n\n— Hijos... no podíamos tener hijos — reveló Pancho dejando mudos a Raúl y su novio —. Una vez, de novios, se rompió el condón y nos alarmamos — soltó con una ligera risa —. Esa vez su periodo se retrasó y pensamos que había quedado embarazada. Resultó ser una falsa alarma, pero, el evento nos unió más. En los últimos meses, consideramos la posibilidad y lo intentamos, varias veces, pero nada pasaba. Fuimos al doctor, nos hicimos pruebas, todo estaba bien con nosotros. Confundidos, fuimos con un experto agreste y fue ahí cuando lo descubrimos.\u0026nbsp;\n\n— ¿Qué descubrieron? — Ramón estaba atento.\u0026nbsp;\n\n— Agrestes y humanos no pueden tener hijos — dedujo Raúl sorprendiendo a Ramón. Pancho se limitó a asentir.\u0026nbsp;\n\nEl toro se recargó en el respaldo de la silla y estiró los brazos, dejándolos tras su nuca.\u0026nbsp;\u0026nbsp;\n\n— La relación se puso tensa desde entonces — reconoció el bovino —. Intentamos hacer muchas cosas juntos, salir más, viajar, entrar al gym, pero poco a poco, ella dejó de buscarme, abrazarme, tocarme. Dejamos de tener sexo y poco a poco comenzó a volverse irritable, distante, indiferente con todo, muchas veces discutíamos por nimiedades — suspiró con resignación —. Hoy pasé por ella para ir al gimnasio juntos, como lo hemos estado haciendo desde hace meses, pero cuando llegué a su casa dijo que ya no iría. Harto, tomé valor y le pregunté si quería dejarme de ver — el semental hizo una pausa —. Y así, tras cinco años de relación y un año soportando su indiferencia, todo acabó.\u0026nbsp;\n\nPancho estiró la mano, tomó una concha de chocolate y la mordió sin apetito ante la vista atenta del par.\u0026nbsp;\n\n— Creo que fue lo mejor — pronunció el toro intentándose animar.\u0026nbsp;\n\n— Era necesario — consideró Raúl, serio —. De haber seguido, la relación se hubiera tornado insoportable para los dos, aún más de lo que ya era.\u0026nbsp;\n\n— No lo dudo — el bovino resopló y miró al par con una sonrisa forzada —. Intenté ir al gym, pero, no tengo ánimos. Lo voy a dejar.\u0026nbsp;\n\nRamón, haciendo gala de su especie, brincó cual resorte sorprendiendo a sus compañeros.\u0026nbsp;\n\n— No digas eso, Pancho — con una convicción pocas veces vista, el tigre tomó al toro por los hombros —. Tú has mejorado muchísimo desde que entraste al gimnasio, bajaste bastante de peso y ya no tienes panza.\u0026nbsp;\n\nRaúl y el toro escuchaban la pasión en la voz de Ramón.\u0026nbsp;\n\n— Cuando iniciaste, apenas levantabas la pesa de cinco libras, y hace poco, he visto que cargabas dos discos de cuarenta y cinco. Te has hecho fuerte.\u0026nbsp;\n\n— Bueno... creo que sí... — respondió Pancho un poco avergonzado.\u0026nbsp;\n\n— ¿Crees? No lo creas, compruébalo.\n\nCon torpe cuidado, Ramón tomó la playera del toro y asegurándose de no dañarla con los cuernos, se la quitó, dejando a la vista un torso robusto y fuerte.\u0026nbsp;\n\n— Ven, mira, mira — Ramón jaló al confuso Pancho hasta un espejo amplio en la sala, dejando que se contemplara —. Cuando empezaste estabas más gordo, pero ahora, has perdido peso y has ganado músculo. Ella no lo hizo por ti, lo hiciste tú solo. Tú te esforzaste por mejorar mientras ella solo texteaba y veía videos en el gym. Levanta los brazos, saca el pecho y flexiona.\u0026nbsp;\n\nPancho confuso, lanzó una mirada a Raúl quien, levantando los pulgares, le animó a que lo hiciera. El toro posó y al hacerlo, sus bíceps y pectorales se marcaron, su cuerpo se había fortalecido con el trabajo duro y la constancia, percatándose de su progreso hasta en ese momento.\u0026nbsp;\n\n— Si sigues esforzándote, podrás seguir mejorando, puliendo tu cuerpo, tu alma y tu corazón — animó Ramón quitándose la playera y posando con su amigo —. Pero si te detienes, jamás sabrás hasta donde habrías llegado, incluso, perderás todo lo que has logrado.\u0026nbsp;\n\n— Eso es cierto — reconoció Raúl —, además, el ejercicio ayuda mucho en la liberación de endorfinas, permite distraer y despejar la mente, mejora la autoestima, para algunos da la oportunidad de socializar y sirve para canalizar emociones negativas — explicó el hombre acercándole su playera.\u0026nbsp;\n\n— No lo niego, pero... — con cuidado, Pancho se puso su ropa — ir solo...\n\n— Nunca has estado solo, siempre nos juntamos y entrenamos juntos — evidenció Ramón.\u0026nbsp;\n\n— Muchos te saludan y entrenan contigo — secundó Raúl.\u0026nbsp;\n\nPancho guardó silencio al reconocer que lo que escuchaba era cierto.\u0026nbsp;\n\n— Si tú lo crees necesario, toma un poco de tiempo para ti, para estar triste o llorar si lo necesitas — aconsejó el hombre.\u0026nbsp;\n\n— Pero si te sientes bien, ve al gym, estaremos encantados de entrenar contigo y mejorar juntos, incluso podemos pasar por ti y así no llegarás solo — le animó el tigre con una energía contagiosa.\u0026nbsp;\n\nPancho miró al par, Ramón lleno de optimismo, Raúl con una tranquilizadora serenidad y, sin evitarlo, su corazón se enterneció y les sonrió.\u0026nbsp;\n\nDurante el resto de la semana, los tres fueron al gimnasio y Ramón, con dedicación, enseñó, asesoró y aconsejó a Pancho en nuevos ejercicios tanto como pudo. Raúl participó indicando a Pancho los descansos necesarios, poses adecuadas y alimentación para complementar todo su esfuerzo.\u0026nbsp;\n\nSi bien, el toro estuvo un tanto apagado los primeros días, al ver al par animándole y alentándole, ayudó mucho a su corazón, permitiéndole sobrellevar su tristeza de mejor manera.","series":{"name":"La balada de los pecadores","previous":"https://fse.anthro.fr/stories/2139345-26-ya-esta-listo.json","next":"https://fse.anthro.fr/stories/2141178-28-ningun-testigo.json"}}