{"sf1_id":2148342,"sf2_id":"beb5lLW1","title":"44 - Un poco de helado","author":"YoSoyGarrick","words":1219,"posted_at":"2024-06-24T00:53:15.000Z","tags":["Amigo","Bara","Batalla","Battle","Circo","Drakone","Fabula","Familia","Fantasy","Fight","Fighting","Fuerte","Furros","Furry","Garrick","Gay","Gay Relationships","Gimnasio","Gym","Gymbro","Homosexual","Human","M/M","Mature","Muscle","Muscles","Musculos","Novela","Novios","Pecador","Pelea","Relationships","Romance","Sex","Story","Story Series","Urban","YoSoyGarrick","amigos","h/h","macho","mexico","spanish"],"url":"https://fse.anthro.fr/stories/2148342-44-un-poco-de-helado","original_url":"https://sofurry.com/s/beb5lLW1","image_url":"https://cdn.sofurryfiles.com/submissions/thumbnails/64/23/6423ac1d-171e-4db5-848c-4725feb99b69","description":"Capítulo 44 de La balada de los pecadores: Fabula Drakone","content":"Don Mario se recargó en el marco de la puerta, mirando a su hijo moviéndose de un lado a otro, abriendo cajones y sacando ropa para meterla en una mochila.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿Qué haces, hijo? — preguntó, sabiendo de antemano la respuesta.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Voy a encontrar a Raúl, me necesita — declaró el felino sin voltearlo a ver.\n\nEl tigre aún llevaba algunos vendajes en el cuerpo, al igual que Don Mario, y había aprovechado que Mauricio salió a comprar comida para comenzar a empacar sin que el ursino se opusiera.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿Y sabes dónde empezar? — cuestionó el papá.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No, pero quedándome aquí no podré encontrarlo — replicó Ramón.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Te podrías enfrentar a muchos peligros.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Seré precavido.\n\nDon Mario suspiró exasperado ante la terquedad de su hijo.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Habrá gente que se interponga en tu camino — argumentó el padre.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Pelearé si es necesario — respondió metiendo una camisa mal doblada de golpe en la mochila.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Podría estar muerto — advirtió el señor.\n\nRamón se detuvo de golpe, poniendo ambos puños tensos en la cama y agachando la cabeza. Don Mario percibió la duda y el pesar en su hijo.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Entonces... lo traeré de vuelta y le daré un buen entierro — declaró Ramón con convicción y resignación.\n\nEl padre no discutió más las acciones de su hijo, estaba claro que deseaba intentarlo aún si la meta fuera distante o fatal.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿Tanto lo amas? — preguntó Don Mario.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Sí — respondió Ramón sin vacilar.\n\nEl tigre cerró la mochila, se la puso al hombro y se volvió hacia la puerta, al ver a su hijo acercarse don Mario no se movió.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No me detengas, padre — suplicó.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No, no lo haré, de hecho... — el señor alzó el brazo, sacando otra mochila ya preparada —, iré contigo — aseguró, sorprendiendo a su hijo —. Raúl ya te salvó dos veces, sería una vergüenza si yo no diera todo de mí por ayudarle después de todo lo que ha hecho por nosotros — explicó el padre, decidido.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿En verdad? — el felino sonrió, conmovido.\n\nAsí, en sintonía, se dirigieron hacia la puerta, planeando las posibles acciones a tomar.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Hay que esperar a Mauricio, al menos, mijo — declaró Don Mario dejando su mochila en la mesa —, quizá él tenga ideas para comenzar su búsqueda.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No debería estar lejos — Ramón no dejó su bolsa, sino que se dirigió a la entrada —, deja veo si ya viene...\n\nEl tigre abrió la puerta, y lo primero que vio fue un puño a punto de tocar, ahí estaba Raúl.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Ah... hola — habló Navarro, despistado al ver a padre e hijo a punto de salir.\n\nRamón y Don Mario se quedaron mudos, sin creer lo que veían, el reaparecido alzó la mano en un saludo incómodo.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿Van de salida? — dijo intentando romper la tensión.\n\nEl tigre se abalanzó hacia su novio, abrazándolo y llorando de felicidad, Raúl se dejó caer, sintiendo los besos que le plantaba el felino.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Pensé que nunca te volvería a ver — le reprochó, bañando la playera de Navarro con su llanto.\n\nEnternecido, el fortachón acarició la cabeza de Ramón y correspondió el abrazo, intentando calmarlo.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Muchacho, ¿estás bien? ¿Qué ocurrió? — inquirió Don Mario, viendo a la pareja desde el umbral —. Nos tenías muy preocupados.\n\nRaúl intentó explicarse, pero cada vez que comenzaba a hablar, Ramón lo interrumpía dándole abrazos y besos.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Ramón... por favor — pidió Don Mario, haciendo esfuerzo al jalar la cola de su hijo —. Dale un segundo, lo vas a asfixiar.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿No te irás de nuevo? — preguntó suplicante el felino.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No sin ti, lo prometo — Raúl besó la mejilla de su novio, haciendo que el tigre se sonrojara y sintiendo calidez en su corazón.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Ejem... — el papá se aclaró la garganta mientras el par se levantaba y entraba a la casa.\n\nCuando Ramón se despegó de su novio, Don Mario aprovechó para darle un abrazo a Navarro.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Me da gusto verte de nuevo, muchacho. Siempre serás bienvenido aquí.\n\nRaúl sintió cariño en su pecho con aquellas palabras.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Tengo mucho que contarles.\n\nDon Mario y Ramón guardaron silencio mientras el trío tomó asiento en la sala, preparándose para escuchar a Navarro, Mauricio llegó en el momento, y después de una cálida bienvenida, se sentó también a oír.\n\nRaúl explicó todo lo sucedido en la reunión de la familia D'larte, y una vez que hubo terminado, padre, hijo y amigo, guardaron silencio, reflexionando en las palabras del fortachón.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Entonces... hay más gemas — reconoció el tigre.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Dieciséis, para ser exactos — confirmó Navarro.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿Y un grupo de enmascarados circenses están alerta a esas amenazas? — preguntó Don Mario.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Calamidades, son... personificaciones de los siete pecados capitales — explicó Raúl.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Que buscan destruir o conquistar el mundo — añadió Mauricio, procesando sus palabras.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Eso parece...\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Vaya, y yo que pensaba que esta semana no podría ponerse más intensa — se lamentó Don\u0026nbsp;\n\nMario, suspirando y pasando sus manos por su cuello.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; ¿Qué pasará ahora? — cuestionó Ramón.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Spavento me dejó ir con la condición de regresar y ayudar si algo pasaba — respondió Raúl.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No lo harás, ¿verdad? — preguntó el oso —. Después de todo lo que has pasado.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No quiero que nada te pase — la mirada triste de Ramón se clavó en su novio.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; No quiero hacerlo — explicó Navarro, tranquilizando al felino —, pero, quizá soy de los únicos que puede hacerles frente a esas cosas.\n\nEl fortachón bajó la mirada, posando una mano sobre su pecho, sin advertirlo del todo, Ramón puso su mano en el hombro de Raúl, sonriéndole con resignación.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Pase lo que pase, lo afrontaremos juntos — declaró animándole.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Mucho amor para mi gusto — Mauricio se levantó de su asiento —. ¿Ya comiste?\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Solo un poco de helado — contestó Raúl —, estoy hambriento.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; \u0026nbsp;Ya pensaremos todo con calma, por hoy, dormirás aquí — habló Don Mario —. Ramón, dale ropa limpia y deja que se bañe, nosotros haremos la comida.\n\nYa en la regadera, bajo la caricia del agua tibia, Raúl volvió a poner su mano en su pecho, sintiendo la gema latir fuerte en su interior. Cuando terminó, se vistió con la ropa de Ramón y salió a la cocina, ahí, el tigre había dispuesto un gran plato de ensalada en la mesa, Mauricio hizo una gran jarra de agua de naranja y el padre terminaba de cocinar bistecs.\n\nEl grupo comió tranquilo, Don Mario vio que Ramón se sentó al lado de su novio, y no dejó de acariciar la espalda de Raúl, darle besos o acercarle la comida. Cuando terminaron, el felino seguía afectuoso con su novio, cosa que notaron don Mario y el oso.\n\n—\u0026nbsp;\u0026nbsp;\u0026nbsp; Iré a comprar despensa, regresaré en dos horas — anunció el señor —. Ven, Mauricio, acompáñame — pidió con complicidad —. Aprovechen el tiempo — aconsejó antes de cerrar la puerta.\n\nRaúl no tuvo tiempo de cuestionar nada, pues Ramón lo miró con deseo, y él, comprendiendo las palabras de Don Mario, le besó con pasión, entregándose el uno al otro.","series":{"name":"La balada de los pecadores","previous":"https://fse.anthro.fr/stories/2148341-43-nada-lo-sera.json","next":"https://fse.anthro.fr/stories/2149876-45-aqui-estoy.json"}}