# 60 - Tomé de más

Author: YoSoyGarrick
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Capítulo 60 de Fabula Drakone: La balada de los pecadores.

— Alcohol.&nbsp;

Gritos y rugidos de dolor resonaron en la carpa.&nbsp;

— Vendas.&nbsp;

— ¡No tan duro!, ¡Agggggh!

— Paleta.&nbsp;

— ¿Paleta?

Un caramelo entró de golpe en la boca de Raúl.&nbsp;

— Listo — exclamó Il Dotore, mirando satisfecho al hombre tratado —. Eso debería de ser suficiente, iré a ver a los otros.&nbsp;

Un escalofrío cruzó a Rentería y Pierrot, quienes, con cautela, intentaron escapar de la enfermería.&nbsp;

— Parece que tendré que darles un analgésico — reconoció el doctor sacando un martillo gigante de goma —. Un solo golpe bastará.&nbsp;

— ¡Corre, Pierrot, corre! — le empujó el sabueso fuera de la enfermería.

— Ya voy, ya voy.

— ¡Vengan acá!

Así los amigos salieron con prisa, seguidos del doctor.&nbsp;

— ¿Qué tal estuvo la pelea? — preguntó Júpiter, crudo, entrando a la carpa con una gran botella de agua.&nbsp;

— Salimos con vida — se resignó a responder Ramón, igual de vendado que su novio.&nbsp;

— ¿Dónde estabas? — cuestionó Navarro algo molesto, sacando y tirando la paleta a un cesto cercano — Creí que contaría contigo para la pelea.&nbsp;

— Creo que tomé de más — sonrió el gigante guiñándole un ojo al tigre, haciéndolo sonrojar —, pero no te preocupes — retomó viendo a Raúl —, no volverá a pasar, Evangeline ordenó que se llevaran todo el alcohol así que estaré más que listo para el siguiente encuentro.&nbsp;

— Eso espero — gruñó Raúl.&nbsp;

— Según escuché — Júpiter dio un largo trago de agua y se secó la boca con un puño —, trajeron al enemigo con ustedes.&nbsp;

— El cuerpo que usó la calamidad de la Gula era inocente al igual que sus ayudantes — defendió Ramón.

— Después de sellar al pecado, la central de energía dejó de funcionar y las instalaciones colapsaron. No podíamos dejarlos ahí, los trajimos con nosotros y pedimos al doctor que los revisara — explicó Raúl —. Al principio se notó emocionado por examinar los cuerpos del enemigo, pero muy pronto se molestó y dijo que estaban bien, pero que no podía hacer nada más por ellos, que los lleváramos a un hospital.

— ¿Por qué a un hospital? — se extrañó el gigante.&nbsp;

— No despertaban, por más que lo intentó, Il Dotore no logró que recobraran la razón, creo que mencionó que habían caído en un coma.

Júpiter cruzó los brazos y levantó la barbilla.&nbsp;

— Considerando que sus cuerpos fueron controlados por demonios tan poderosos, me sorprende que sigan vivos — reflexionó.

— Ojalá despierten — suspiró el tigre.&nbsp;

— Eso es lo de menos, por ahora su prioridad es descansar y reponerse. Evangeline ha encontrado donde está la siguiente central de Ira — los novios sintieron el peso de las palabras —. No solo eso, al parecer el par de hermanos restantes ya ha confirmado que nos verán allá.

— ¿Hermanos?

— Los enmascarados, tienen nombres raros — replicó Júpiter sin interés.&nbsp;

— Deben ser Diamantina y Arlequín — consideró Ramón moviendo la cola.&nbsp;

— Atacaremos en dos días, descansen todo lo que puedan — aconsejó, tras lo cual, el gigante dejó solo a los novios.&nbsp;

Ramón, mas tranquilo giró para ver a su novio, pero se preocupó al verlo serio, sentado en su camilla, mirando la sábana que cubría sus pies.

— ¿Te sientes bien, bro? ¿Necesitas algo?

— Quisiera pedirte que te quedaras aquí y no pusieras tu vida en riesgo contra seres demoniacos.

Tras mucho pensarlo, Raúl había logrado pronunciar las palabras adecuadas, dejando en claro su posición.&nbsp;

— No — pronunció el tigre sin dudar.&nbsp;

El hombre tomó aire y resopló.&nbsp;

— ¿Por qué no? — replicó preocupado — El enemigo es demasiado fuerte y tengo miedo de que algo pueda...

— Yo también tengo miedo de perderte — le interrumpió con voz serena —. No creas que podré estar aquí, cruzado de brazos, mientras tú arriesgas tu vida para detener una amenaza que no te corresponde, bro.&nbsp;

El tigre hablaba con palpable preocupación y sinceridad.&nbsp;

— Ramón...

— Sé que no tengo tanta fuerza o poder como tú, bro, pero puedo serte de ayuda, digo, al menos pude cocinar algo decente — reconoció con una risa —. Por lo que entendí, tu promesa te obliga a aceptarme a tu lado, intentaré no ser una carga, pero, por favor, déjame pelear contigo, sé que no es mucho y que estoy pidiendo demasiado, pero quiero creer que, estando juntos, podemos tener una ventaja, por mínima que sea.

Con cuidado, Ramón se levantó de la camilla donde estaba acostado y dio unos pasos hacia Raúl. Cerca, los machos se miraron a los ojos, contemplando sus rasgos firmes, sus músculos marcados y los vendajes en sus cuerpos. El hombre iba a hablar cuando el tigre abrió sus brazos y con cuidado, le rodeó, transmitiéndole calor. Raúl respiró hondo y despacio, completó el abrazo.&nbsp;&nbsp;

— Me alegra mucho tenerte cerca.&nbsp;

— A mi más, bro.&nbsp;

Source: https://sofurry.com/s/7ejG4dLm
Part of the series La balada de los pecadores
Previous: https://fse.anthro.fr/stories/2160035-59-trascendental.md

