{"sf1_id":71936,"sf2_id":"zeR9wDv1","title":"Historias paralelas","author":"Gariel","words":3916,"posted_at":"2009-01-03T08:37:00.000Z","tags":["Anal","Fingering","Gay","Other/Herm","Psychological","Relationships","Spanish Language","Story Series","Various Species"],"url":"https://fse.anthro.fr/stories/71936-historias-paralelas","original_url":"https://sofurry.com/s/zeR9wDv1","image_url":"https://cdn.sofurryfiles.com/submissions/thumbnails/cc/bf/ccbface0-0b87-4a4a-830d-1d92e7082321","description":"#5 of Formas de contar una historia","content":"â€\"Â¡LevÃ¡ntate! â€\"grita Luis al tiempo que retira la manta que cubre el cuerpo de FÃ©lix.  \nâ€\"Â¿QuÃ© quieres? DÃ©jame en paz. â€\"responde molesto extendiendo el brazo intentando recuperarla.  \nâ€\"Son las diez de la maÃ±ana. â€\"exclama el amigo al tomarlo del brazo y levantarlo.  \nâ€\"Â¿Eso quÃ©? â€\"espeta malhumoradoâ€\" Es domingo.  \nâ€\"Â¡Vamos!  \n  \nLa noche anterior fue eminente. El Club rebosaba de individuos. El conglomerado que intentaba ingresar se hacÃ­a escuchar un par de cuadras antes de llegar a la puerta, y en ella los brazos y las sÃºplicas fueron la bienvenida. Ambos, pantera y jaguar, eran conocidos por el guardia que custodiaba el acceso. Con una sonrisa y un par de billetes por debajo de la cintura penetraron al cÃºmulo claroscuro. MÃºsica estridente y efectos estroboscopicos inundaron las pupilas de los reciÃ©n llegados.  \n  \nDesde la parte superior, una tarima que fungÃ­a como segundo nivel, un grito alcanzÃ³ a abrirse paso entre los tumultuosos estruendos. Una gacela agitaba los brazos aumentando el punto de atenciÃ³n. Luis fue quien la encontrÃ³ y guiados por ella se dirigieron a la zona exclusiva. Elvira los recibiÃ³ sonriente, abrazando a ambos a la vez. Contagiaba con sus besos la alegrÃ­a que desde hacÃ­a un par de horas habÃ­a adquirido a causa de las varias copas de alcohol ingeridas.  \n  \n\n\u0026nbsp; Entre risas y encuentros, ambos furs alcanzaron la mesa en la cual Manuel se encontraba. Lo rodeaban su novia, Esmeralda, y otras dos parejas. La discusiÃ³n sobre un tema de moda era interpelada entre gritos y voces cercanas a los oÃ­dos. Aun asÃ­, ninguno de ellos soltaba los vasos y en cada agitaciÃ³n el contenido vibraba estrellÃ¡ndose los pequeÃ±os bloques de hielo en las paredes de cristal. FÃ©lix y Luis se colocaron frente a Manuel quien al verlos esbozÃ³ una enorme sonrisa ya monÃ³tona a las dadas a lo largo de la noche. Se levantÃ³ y maniobrando saliÃ³ del atropello de los demÃ¡s comensales hasta encontrarse al lado de sus amigos. Cada uno de ellos abrazÃ³ efusivamente a Manuel, incluso FÃ©lix lo levantÃ³ del suelo en son de camaraderÃ­a. Manuel regresÃ³ a su asiento y luego de una cuantas palabras de cortesÃ­a el jaguar y el pantera se vieron libres para instalarse en otro lugar del establecimiento.  \n  \nUnos treinta minutos durÃ³ su estadÃ­a en una mesa cercana a las escaleras. Luis pidiÃ³ una cerveza mientras que FÃ©lix una limonada gasificada. VeÃ­an a todos, muchos de ellos eran amigos suyos y otros sÃ³lo conocidos. Varios fueron compaÃ±eros durante la preparatoria, pocos en la universidad mantuvieron los vÃ­nculos. Con esa evidencia sabÃ­an que la Ãºnica razÃ³n de estar ahÃ­ era que ambos estaban. La aceptaciÃ³n de FÃ©lix fue la aceptaciÃ³n de Luis. Uno al otro se hacÃ­an soportable tales reuniones en las cuales poca afinidad encontraban con los demÃ¡s. Luis girÃ³ la cabeza y mirÃ³ a FÃ©lix quien tambiÃ©n le miraba, le sonriÃ³ y Ã©ste correspondiÃ³ al gesto. Se estaban burlando.  \n  \n\n\u0026nbsp; Pero la noche apenas iniciaba. Luego de escudriÃ±ar el terreno FÃ©lix decidiÃ³ actuar. BajÃ³ a la pista de baile y en cuestiÃ³n de segundos se encontrÃ³ bailando con una encantadora perrita. Luis, de pie, los miraba desde la plataforma superior mientras reÃ­a dentro de sÃ­ sobre lo desconocido para ella. La mÃºsica era rÃ­tmica, obligaba al corazÃ³n a adecuarse al compÃ¡s. Eran notas mezcladas y en consistencias diversas, subÃ­an y bajaban los tonos pero el volumen era constante. Embriagaba el interior de sus escuchas. Luis permaneciÃ³ un rato mÃ¡s viendo a las parejas y grupos danzar hasta que a una seÃ±al de su amigo bajÃ³ y se uniÃ³ al aquelarre.  \n  \nPasaron las horas jugando y divirtiÃ©ndose con todos ellos. FÃ©lix conquistÃ³ a varias hembras y a mÃ¡s de una le robÃ³ un beso, pero al final de la noche terminÃ³ en un cubÃ­culo del baÃ±o de caballeros montado en un robusto toro. Luis dejÃ³ fluir sus galas de seductor: logrÃ³ atraer a una zorrita de ojos violeta. Tomaron asiento en una mesa lejana a los acÃºsticos. Manteniendo el control lanzaba preguntas a su interlocutora a quien increpaba a cada afirmaciÃ³n o negaciÃ³n que realizaba, pero su maestrÃ­a se encontraba en hacer sonar importantes e interesantes tanto sus palabras como las de ella. La zorrita quedÃ³ encantada y poco a poco se abriÃ³ a su galante macho, mientras que las gesticulaciones de Ã©l y movimientos indicaron su deseo. Ã‰l terminÃ³ la noche con un nÃºmero telefÃ³nico y un beso insuperable en la memoria.  \n  \n\n\u0026nbsp; Cuando la madrugada corrÃ­a ante la llegada del sol, los dos furs salieron del club. No se despidieron de Manuel, lo mÃ¡s probable es que ya no estuviera en condiciones de ver a nadie. Noche de excesos y diversiÃ³n, la felicidad debÃ­a tenerlo en algÃºn callejÃ³n vomitando. Luis condujo hasta la ciudad, mientras FÃ©lix cantaba cada canciÃ³n que sonaba en la radio. Tan embriagado se encontraba que olvidÃ³ que no habÃ­a bebido esa noche ni desde hace mÃ¡s de cinco aÃ±os. Al llegar a la casa del pantera FÃ©lix se dejÃ³ caer en el sofÃ¡, no se preocupÃ³ de desnudarse, sÃ³lo se rindiÃ³ al sueÃ±o. Luis bajÃ³ una manta y lo cubriÃ³, pensÃ³ dejarlo dormir lo que quisiera pero cuatro horas despuÃ©s una llamada entrÃ³ a su telÃ©fono celular: Nora irÃ­a a visitarlo.  \n  \nâ€\"Te digo que ya es hora.  \nâ€\"Â¿Para quÃ©? â€\"pregunta el jaguar ya puesto en pie, las ojeras son evidentes como el desaliÃ±o.  \nâ€\"Que no quiero que te encuentre Nora aquÃ­, tirado en el sofÃ¡. â€\"responde el pantera mientras sube las escaleras  \nâ€\"Â¿Viene?  \nâ€\"Si, me acaba de llamar. Que me tiene una sorpresa y no quiero yo darle otra. â€\"grita desde su habitaciÃ³n. De regreso en la sala arroja a los brazos de FÃ©lix un paquete diciendo: â€\"AsÃ­ que toma tus cosas y adiÃ³s.  \n  \n\n\u0026nbsp; A regaÃ±adientes y con una pelota hecha con la ropa del dÃ­a anterior FÃ©lix es sacado de la casa. Los pensamientos y razones se hayan aÃºn enmaraÃ±ados, la rÃ©plica no tuvo tiempo para salir. Camina pues hacia la esquina ha esperar el autobÃºs. En el cristal de una ventana mira su reflejo, horrendo rostro de una noche bacanal. Pretende aliÃ±arse y recobrar el lustre que le caracteriza. Esfuerzos en vano han sido: su cabello alborotado no cede a sus dedos en el intento de peinarse, la camisa arrugada solamente se permite ceÃ±ir en los pantalones. El guapo jaguar duerme debajo de la simpleza de un desgarbado. Se sonrÃ­e en el reflejo y reanuda su camino.  \n  \nMinutos despuÃ©s, en el asiento de un autobÃºs, recupera los planteamientos de la velada anterior. El dÃ­a con Gariel... y de pronto algo en su interior se devela.  \n  \nâ€\"Â¡QuÃ© estÃºpido! â€\"se dice asÃ­ mismo en voz baja a la par que golpea suavemente su cabeza contra el cristal. La vibraciÃ³n como azote a sus ideas. Se siente delatado, Ã©l mismo habÃ­a violado su propia existencia dejando libre acceso al arsenal de palabras no precisadas en ser expresadas. El secreto despuÃ©s de todo fue revelado: ahora el lobo sabe sobre su soledad.  \n  \n\n\u0026nbsp;  \nâ€\"Buenos dÃ­as, hermoso. â€\"dice un coyote luego de besar en los labios a un oso.  \nâ€\"Buenos dÃ­as. â€\"responde Ã©ste esbozando una sonrisa.  \n  \nPermanecen recostados. En algÃºn punto de la noche ambos cayeron rendidos y durmieron hasta que las voces de la ciudad les despertaron. Danny fue el primero en tomar conciencia. Se encontrÃ³ abrazado a un oso. Por varios minutos lo observÃ³ dormir. MirÃ³ el perfil de su rostro cuadrado, liberado de los anteojos azules que escondÃ­an la veracidad de sus ojos. PequeÃ±os y negros cuando frente a sÃ­ los tuvo. El JuliÃ¡n dormÃ­a aÃºn, respiraba con el hocico entreabierto levantando y bajando su lanudo pecho en cada inhalaciÃ³n y exhalaciÃ³n. SentÃ­a ese movimiento, le gustaba sentirlo.  \n  \nDesde un par de semanas atrÃ¡s, en la primera vez que lo vio, quedÃ³ encantado con Ã©l. Suerte destinada que aquella noche, de un mal dÃ­a, una compaÃ±era en el cafÃ© enfermara y tuviera Ã©l que hacerse cargo de sus mesas. Molesto comenzÃ³ su labor hasta que la llegada de un grupo le despertÃ³ de su mal sueÃ±o. EclÃ©ctica camaraderÃ­a tomÃ³ asiento en la mesa final. La primera atenciÃ³n fue atraÃ­da hacia el jaguar que presumÃ­a de sÃ­ mismo, pero luego, tras Ã©l, alguien mÃ¡s apareciÃ³.  \n  \n\n\u0026nbsp; DesplegÃ³ atenciones especiales hacia aquel grupo. Servicio rÃ¡pido y eficiente, constantes excusas para acercarse a ellos y genuinas sonrisas hacia un oso de pelaje blanco y gris. Todos los comensales comprendieron el juego seductor que frente a ellos se producÃ­a. El oso, JuliÃ¡n, respondÃ­a sutilmente al coyote quien al alejarse sÃ³lo escuchaba el murmullo que se alzaba en relaciÃ³n a sus acciones y a las respuestas de JuliÃ¡n. Ambos sin saberlo se encontraban avergonzados.  \n  \nPero anoche todo cambiÃ³. Se arriesgÃ³. Entre los nÃºmeros de la cuenta entregÃ³ una servilleta con su nÃºmero telefÃ³nico. Un par de horas despuÃ©s una llamada entrÃ³ al telÃ©fono celular de Danny, una voz opaca pero suave se dejÃ³ oÃ­r al otro lado de la lÃ­nea. A la medianoche encontrÃ³ en una esquina, descansando su hombro bajo un farol, al galante oso vestido de frac. JuliÃ¡n al verlo caminÃ³ hacia Ã©l mas Ã©ste retrocediÃ³ por instinto, algo en su interior le indicÃ³ que algo mÃ¡gico ocurrÃ­a.  \n  \n\n\u0026nbsp; Unas cuantas palabras de cortesÃ­a fluyeron entre uno y otro pero el objetivo final era claro para ambos. Danny y JuliÃ¡n caminaron un par de calles hasta alcanzar el departamento del coyote. Frente a la puerta, al penetrar la llave en el orificio de la cerradura un intenso abrazo sorprendiÃ³ a Danny. Dos poderosas garras cubrÃ­an su pecho mientras su cuerpo era empujado sin escapatoria a tal ataque. Tal fuerza imprimiÃ³ JuliÃ¡n que el coyote sintiÃ³ como la verga del oso se erectaba. La puerta se abriÃ³.  \n  \nEn la oscuridad los cuerpos de ambos se encontraron. Danny habÃ­a logrado escapar del abrazo de JuliÃ¡n y ahora Ã©l era quien lo tenÃ­a prisionero en sus besos mientras con las garras examinaba aquel cuerpo oculto bajo las ropas. Ambos se buscaban, jadeaban a cada nueva parte que encontraban en el otro. En el primer asalto golpearon la mesa del pequeÃ±o comedor, en una de sus sillas la camiseta de Danny encontrÃ³ asilo. El saco de JuliÃ¡n cayÃ³ a los pies de la puerta en la recamara del coyote. El resto de las ropas desapareciÃ³ en las tinieblas.  \n  \n\n\u0026nbsp; JuliÃ¡n cayÃ³ en la cama, desnudo sintiÃ³ una brisa que penetrÃ³ por la ventana. El cosquilleo erectÃ³ sus pezones los cuales empezaron a ser mordisqueados por el coyote. Calor se elevÃ³ dentro de su cuerpo. Danny comenzÃ³ a subir hacia el rostro de su amante, inhalÃ³ el tibio aroma en el pecho del oso, luego alcanzÃ³ su cuello al que cubriÃ³ de besos y lengÃ¼etazos. Lo saboreaba, impulsos bestiales lo impelÃ­an a morderlo, a devorar una presa. EncontrÃ³ su rostro. En sus bocas fundieron besos y hÃ¡litos, inundÃ¡ndose uno al otro de sus esencias. Mientras con una garra manoseaba la verga del oso.  \n  \nTambiÃ©n JuliÃ¡n lo buscaba, tocaba sus brazos fuertes pero delgados, recorrÃ­a con los dedos la espalda del amante sintiendo las formas de los huesos y mÃºsculos alcanzando por Ãºltimo los muslos los cuales manipulÃ³ como grandes frutas a disfrutar. Lo tocaba, lo acariciaba y al final etÃ©reas imÃ¡genes despertaban en su imaginaciÃ³n. En medio del delirio una mente se implantÃ³ en otro cuerpo. Estaba excitado y el producto de ello era que no se trataba de un coyote a quien tenÃ­a encima sino a un lobo. La fantasÃ­a sin nombre no hacÃ­a mal, a ninguno de los otros les hizo mal.  \n  \n\n\u0026nbsp; Se giraron, el oso, gran creatura en huesos y cuerpo, ahora era quien tomaba las riendas. Mordiscos, lamidas, besos y caricias recorrieron la anatomÃ­a de Danny. DescendiÃ³ hasta alcanzar los genitales del coyote; metiÃ³ el hocico entre el pelambre del vello pÃºbico. MemorizÃ³ el aroma, lo imaginÃ³, lo comparÃ³, lo consumiÃ³ al chupar los testÃ­culos escondidos. Luego, ligeros golpes en el rostro imploraban ser tomados en cuenta. Una verga fuerte y carnosa se erguÃ­a. La tomÃ³ entre sus garras, jugueteÃ³ con ella masturbÃ¡ndola, golpeÃ¡ndola, besÃ¡ndola, todo ello como preÃ¡mbulo a ser sumergida en la cavidad bucal del oso.  \n  \nCon su lengua y saliva provocaba sensaciones intensas al coyote. Con los dientes laceraba ligeramente la cabeza del pene logrando con ello sacudidas de placer en Danny. De continuar asÃ­ el coyote eyacularÃ­a en medio de un orgasmo punzante. Intuitivamente JuliÃ¡n se detuvo, ahora era el culo del coyote su punto de atenciÃ³n. Jugaba con la lengua en el orificio. Cuando estuvo lo suficientemente lubricado metiÃ³ un dedo. Un gemido escapÃ³ de la garganta de Danny. Entraba y salÃ­a hasta que el esfÃ­nter se acostumbrÃ³ a la manipulaciÃ³n. Con ello ingresÃ³ otro y otro hasta que cuatro de ellos penetraban sin dificultad. El coyote sÃ³lo se estremecÃ­a de placer.  \n  \n\n\u0026nbsp; EscupiÃ³ en el culo de Danny un par de veces, luego lo penetrÃ³. Se miraban fijamente cuando las embestidas dieron inicio siguiendo luego una batalla de besos entre los dos. Lentos y suaves fueron los embates inÃ­ciales, rÃ¡pidos y violentos cuando el clÃ­max estaba cerca. La gruesa verga de JuliÃ¡n empujaba las cavidades en el interior del coyote logrando producir oleadas de placer a lo largo del cuerpo del amante. Al mismo tiempo el oso tomÃ³ con su garra derecha la verga de Danny y la masturbÃ³ segÃºn la intensidad con la cual Ã©l lo penetraba.  \n  \nAmbos alcanzaron el orgasmo al mismo tiempo. Danny salpicÃ³ el torso de JuliÃ¡n mientras su semen invadiÃ³ el interior del coyote. Ambos amantes exhaustos y baÃ±ados en sudor durmieron mientras se daban el Ãºltimo beso.  \n  \nâ€\"Fue mÃ¡gico. Anoche fue mÃ¡gico. â€\"dice Danny al recostar nuevamente su cabeza en la almohada.  \nâ€\"Si, en realidad lo fue. â€\"responde satisfecho.  \nâ€\"Tenemos que repetirlo. â€\"sugiere el coyote al incorporarse y subirse sobre el estomago del oso.  \nâ€\"QuizÃ¡s. â€\"dice con un toque de indiferencia pero sonriendo.  \nâ€\"Sabes, â€\"comienza a decir Danny recostÃ¡ndose en el pecho de JuliÃ¡nâ€\" yo me enamorÃ© de ti aquel dÃ­a en que te vi entrar a la cafeterÃ­a.  \nâ€\"Yo sinceramente nunca que te habÃ­a visto hasta entonces. â€\"y lo abraza.  \nâ€\"Obvio, sÃ³lo soy un mesero. â€\"le dice al oÃ­doâ€\" Pero que importa, al fin estamos juntos.  \nâ€\"Hasta que otra noche nos reÃºna. â€\"seÃ±ala JuliÃ¡n seÃ±alando su intenciÃ³n de levantarse.  \nâ€\"Â¿Otra noche? â€\"pregunta Danny puesto en pie viendo al oso buscar sus ropasâ€\" Â¿No te quedarÃ¡s?  \nâ€\"No puedo. â€\"dice al ceÃ±irse los pantalonesâ€\" PrometÃ­ a mi hermano que comerÃ­a con Ã©l. Â¿QuÃ© hora es?  \nâ€\"Las diez y media. â€\"responde sorprendido el coyote.  \nâ€\"Es tarde. â€\"seÃ±ala mientras se calza los zapatos y toma del suelo la camisaâ€\" En fin, espero verte pronto. Me encantÃ³, hace mucho que nadie me hacia sentir tan bien como tÃº.  \nâ€\"Me alegro. â€\"dice sonrojÃ¡ndose.  \nâ€\"TambiÃ©n yo me alegro. â€\"puesto frente a Ã©l JuliÃ¡n toma su rostro con ambas garras y lo besa. â€\"Pues bien, me retiro. Te llamarÃ© en la noche.  \n  \n\n\u0026nbsp; JuliÃ¡n sale del departamento aÃºn abotonÃ¡ndose la camisa mientras sostiene el saco con el brazo izquierdo. Baja las escaleras para encontrarse con una maÃ±ana fresca y reluciente. La vitalidad de la ciudad es absorbente.  \n  \nâ€\"Que lÃ¡stima â€\"piensa mientras recorre las calles en busca de su automÃ³vilâ€\" creo que ya no podremos ir al cafÃ©. Pobre muchacho. Bueno, sÃ© que no soy un galÃ¡n ni un gran intelectual pero Â¿terminar yo con un mesero de cafeterÃ­a? QuÃ© se habrÃ¡ creÃ­do. Pero creo que si se enamorÃ³ de mi. Hice bien en llamarlo desde un telÃ©fono pÃºblico. Aunque la verdad que lÃ¡stima, es un excelente amante sin duda. Pero, despuÃ©s de todo quizÃ¡ si lo llame, no tengo nada que hacer la prÃ³xima semana.  \n  \n  \nLa caÃ­da del agua siempre relaja a Erika. En el jardÃ­n de su casa se mantiene permanentemente la fuente encendida. Sin el rumor que produce el lÃ­quido al chocar contra la cantera, sumado a su dulce y frÃ­o olor, es incapaz de conciliar el sueÃ±o. Y ahora en la ducha, sentada en el suelo de mosaico, contempla ante sÃ­ la caÃ­da de los delgados hilos que brotan de la regadera. EstÃ¡ desnuda, empapada, mantiene unidas sus rodillas frente a su pecho entrelazando sus manos sobre ellas. El agua es tibia. Una niebla blanquecina flota en todo el cuarto precipitÃ¡ndose en salir por la pequeÃ±a ventana abierta de cristales verde y azules.  \n  \n\n\u0026nbsp; Media hora ha permanecido allÃ­, esperando. Es la campanilla de la puerta la que perturba su momento de silencio. Una sombra formÃ¡ndose en sus ojos indica la llegada de aquella a la cual no quiere ver, pero culpa es de la inminencia de acontecimientos y no estÃ¡ esa decisiÃ³n bajo su dominio. Se levanta, cierra la llave, se estremece al sentir los sutiles cambios de temperatura en su cuerpo. Gotitas de agua comienzan a evaporarse en secreto. Toma la toalla cubriÃ©ndose con ella y sale del cuarto de baÃ±o. Un segundo tintineo hace vibrar la casa entera.  \n  \nBaja despacio las escaleras, guarda para sÃ­ la mayor parte del tiempo posible antes de que se lo arrebaten. Tiene la idea nada descabellada de resbalar y caer para con ello morir dejando en espera perpetua a su invitada. Pero deja escapar las posibilidades, sÃ³lo continÃºa avanzando hasta tener en la garra la perilla de la puerta. Cierra los ojos, se consuela e inhalando una bocanada de aire lo expulsa en una sonrisa al abrir la puerta. Frente a ella una tigresa la saluda.  \n  \n\n\u0026nbsp; â€\"Hermanita, tanto tiempo sin verte. â€\"exclama tomando de los hombros a Erika mientras la besa en la mejilla aÃºn hÃºmeda.  \nâ€\"Meredith, â€\"diceâ€\" siempre es agradable tu visita.  \nâ€\"Mentirosa, mentirosa. â€\"mueve el dedo Ã­ndice en forma de negaciÃ³n frente a su rostro al tiempo que ingresa a la casa.  \nâ€\"Ya ves que la hipocresÃ­a no fue mi fuerte. â€\"cierra la puerta y se encamina a la escalera, rumbo a su habitaciÃ³n para vestirse.  \nâ€\"Â¿Y mamÃ¡? â€\"pregunta simulando no haberla escuchado y mientras toma asiento en la sala.  \nâ€\"SaliÃ³ con Esteban de compras. â€\"grita desde la planta superior.  \nâ€\"Siempre lo he dicho, â€\"tambiÃ©n eleva el volumen de su voz para continuar la conversaciÃ³nâ€\" estÃ¡ mal educando a ese muchacho.  \nâ€\"Por favor, ya tiene veinticinco aÃ±os. Ya estÃ¡ mal educado.  \nâ€\"Cierto, pero quien lo manda ser el menor.  \nâ€\"Y Ã©l Ãºnico varÃ³n.  \nâ€\"Pobrecito. â€\"concluye Meredith.  \n  \nErika se viste una delineada y ligera blusa verde, combinÃ¡ndola con el color de sus ojos, y una falda larga de color blanco con un par de lÃ­neas paralelas verdes en la parte inferior. Con premura se coloca una serie de accesorios: pulseras de diversos materiales y un collar de cuentas hecho de grÃ¡ciles piedras pulidas. Se mira en el espejo del tocador, se mira linda, se sabe atractiva, pero no es suficiente.  \n  \n\n\u0026nbsp; Baja sin calzarse a encontrarse con su hermana mayor. Se deja caer pesada en el sofÃ¡ mientras sostiene con la garra izquierda su cabeza apartando el cabello del rostro. Toda ella representa la efigie del enfado y cotidianidad. ImÃ¡genes mentales intentan hacerla escapar del tormento que se avecina.  \n  \nâ€\"Â¿Y cÃ³mo has estado? â€\"pregunta la invitada mientras descansa los brazos en el respaldo del sillÃ³n.  \nâ€\"Bien, â€\"responde imitando la entrega en una conversaciÃ³nâ€\" en el despacho me va de maravilla. Aunque los clientes son un fastidio.  \nâ€\"En todos lados es asÃ­. â€\"dice al apartar la mirada hacia la ventana. La sombra de un rosal penetra por los opacos cristales.  \nâ€\"Â¿Y tÃº? â€\"le toca interrogar a Erika luego de unos segundos de silencioâ€\" Â¿QuÃ© tal la vida con JerÃ³nimo?  \nâ€\"Muy bien, â€\"responde girÃ¡ndose a su interlocutoraâ€\" te lo garantizo ahora si encontrÃ© el amor de mi vida. Atractivo, inteligente, con una maestrÃ­a para los negocios y sobre todo cumplidor en la cama. CrÃ©eme hermanita, tienes que dar el salto.  \nâ€\"Si, si, el salto. Pero hay quienes no podemos hacer eso â€˜Merle'.  \nâ€\"Eso es miedo, querida. â€\"espeta molestaâ€\" Miedo y gusto de andar por la vida como espÃ­ritu fantasmal.  \nâ€\"Â¿QuÃ© mal hay en ello? â€\"comienza a discutir, la indignaciÃ³n escapa entre las lÃ­neas de su discursoâ€\" Tengo un buen empleo consigo lo que quiero y no me falta nada.  \nâ€\"Pero sin libertad. O dime Â¿Por quÃ© sigues en casa de mamÃ¡? Â¿Por quÃ© llevas cinco aÃ±os en el mismo puesto? Â¿Por quÃ© no te hemos conocido a un novio que dure mÃ¡s de dos meses? Â¿Por quÃ© te la pasas vagando por todos lados sin poder dar palabras a tus actos?  \nâ€\"Bien, sigue juzgÃ¡ndome. â€\"exclama, apunto del gritar, al incorporÃ¡ndose de su asientoâ€\" TÃº, mamÃ¡, y no dudo que Esteban e incluso JerÃ³nimo ya lo hagan tambiÃ©n.  \nâ€\"CariÃ±o, no lo hacemos. Mucho menos yo, lo sabes.  \nâ€\"No, quieres que sea como tÃº. â€\"sus palabras se cargan de iraâ€\" Capaz de las proezas que tanto te vanaglorias en presentar: La que estudiÃ³ el posgrado en el extranjero; la que tiene conexiones con personalidades de todos los medios; la que siempre estÃ¡ enamorada y llora desconsolada cuando termina; la que camina con la frente en alto seÃ±alando con desdÃ©n a los miserables que estÃ¡n bajo su dependencia; la que consigue lo que quiere adulando, mintiendo...  \nâ€\"Y esforzÃ¡ndome en conseguirlo. â€\"interrumpiÃ©ndolaâ€\" Sabes como nos educaron mamÃ¡ y papÃ¡: siempre para conseguir lo que quisiÃ©ramos, sin remordimientos ni frenos, libres incluso de lazos Ã©ticos. No sÃ© de dÃ³nde te viene esa explosiÃ³n de decadencia que presentas. â€\"inclinÃ¡ndose hacia delante clava su mirada en los ojos de su hermanaâ€\" Haces lo mismo que hago yo pero digamos que en pequeÃ±a escala: En tu oficina, con tus amigos, en esta misma casa. Â¿QuÃ© te limita de ser una diosa entre los demÃ¡s? Â¿Acaso valores? FilosofÃ­a nos hicieron leer para no caer en puritanismos. Â¿Moral? JamÃ¡s nos hemos comportado como la mayorÃ­a, siempre hemos sido soberbias. Â¿Culpa? Pero si no tenemos religiÃ³n, Â¿Miedo? Eso es, consecuencias a las cuales no te quieres enfrentar. CobardÃ­a que da por resultado menosprecio. Tienes el mundo en tus manos: belleza, elegancia, destreza, conocimientos y una familia que es odiada por la mayorÃ­a de las fursonas. No me culpes ni te enojes contra mi, entiende que la mala en tu historia eres tÃº misma.  \nâ€\"Sabes, tienes razÃ³n, siempre la tienes, pero no. â€\"dice mientras se hunde en el sofÃ¡, su hermana la deja exhausta con sus alegatosâ€\" Algo en todo ello no concuerda para mi, asÃ­ que dÃ©jame en paz.  \nâ€\"Hermanita, Erika, tienes veintisiete aÃ±os. Es hora de saber que quieres hacer. No te pido un plan detallado, ni una cosa especÃ­fica, sÃ³lo que comiences a caminar. Salta. Deja de sentirte una santa.  \n  \n\n\u0026nbsp; La cerradura cede ante la entrada de una llave. Por la puerta ingresan dos tigres, una hembra mayor y un joven. Su madre les sonrÃ­e al encontrarlas en la sala charlando. Sabe sobre que versaba su discusiÃ³n, siempre es el mismo tema pero no le importa; ninguna de ellas es su vida. Saluda a su hija mayor con un beso mientras Esteban deja un par de bolsas blancas en la cocina. Luego todos toman asiento. Un silencio apaciguador da pie a charlas vanas y discretas.  \n  \nDurante horas nuevas conversaciones toman el lugar de la primera. Preguntas antes formuladas son respondidas con afirmaciones o negaciones menos lacerantes que las anteriores. Se miran, rÃ­en y celebran que nuevamente son lo mÃ¡s parecido a una familia. Por breves momentos las vidas de todos en esa casa se vuelve de dominio mutuo. La salvaje afrenta entre las hermanas llama a tregua mientras es preparado el almuerzo cuando el calor de la tarde ya se desliza por debajo las puertas y a travÃ©s de las ventanas. El tiempo termina cuando el sol marca las cinco de la tarde.  \n  \n\n","series":{"name":"Formas de contar una historia","previous":"https://fse.anthro.fr/stories/67705-fragmentos-de-cotidianidad.json","next":"https://fse.anthro.fr/stories/72392-estructuras-biogra-ficas.json"}}