{"sf1_id":72392,"sf2_id":"q1xz0lqm","title":"Estructuras biogrÃ¡ficas","author":"Gariel","words":4254,"posted_at":"2009-01-07T08:00:00.000Z","tags":["M/F","M/M","Philosophy","Psychological","Relationships","Spanish Language","Story Series","Various Species","Wolf","Young Love"],"url":"https://fse.anthro.fr/stories/72392-estructuras-biogra-ficas","original_url":"https://sofurry.com/s/q1xz0lqm","image_url":"https://cdn.sofurryfiles.com/submissions/thumbnails/d1/ee/d1ee4ba6-7c58-485d-871e-bfa240d1b38b","description":"#6 of Formas de contar una historia","content":"Hace nueve aÃ±os, cuatro meses y diecisÃ©is dÃ­as en un hospital de servicio pÃºblico un lobo camina a lo largo del pasillo frente a la puerta de la sala de urgencias. Sus zapatillas deportivas chillan a cada paso que da. Preocupado no aparta la vista del suelo, mira sin ver las pequeÃ±as formas geomÃ©tricas que las losetas guardan en su interior. Con los brazos cruzados, tirita sin sentir frÃ­o. Es terror lo que se enreda entre sus pensamientos. Son las tres y media de la madrugada.  \n  \nA travÃ©s de los amplios pliegues de sus ropas, el cuerpo delgado de un lobo se deja entrever. De angustia y desazÃ³n son sus movimientos mientras sus pensamientos explotan en imÃ¡genes catastrÃ³ficas aumentando las memorias reales. Mientras avanza descubre a un gorila sentado en el suelo. Dormita. Su respiraciÃ³n se combina con las chirriantes pisadas de Gariel. No presta atenciÃ³n al drama del joven lobezno, tiene su dolor en una cama invisible donde yace su hijo.  \n  \nâ€\"Gariel, siÃ©ntate por favor, me vuelves loca. â€\"dice Erika. Su maquillaje se ha corrido, huellas las lÃ¡grimas en un momento de terror.  \nâ€\"No puedo, no puedo.  \nâ€\"Si puedes. â€\"se levanta y lo obliga a sentarse. El cuerpo del lobo se deja guiar.  \nâ€\"Se va a morir. â€\"un caudal de lÃ¡grimas quiere romper su dique.  \nâ€\"No se va a morir. â€\"dice JuliÃ¡n sentadoâ€\" No lo oÃ­as reÃ­r cuando lo subÃ­an a la ambulancia.  \nâ€\"Los Ãºltimos estertores de la muerte, eso era.  \nâ€\"Â¡CÃ¡llate! â€\"dice la tigresa mientras se gira. Es ella la que ahora camina en cÃ­rculosâ€\" Â¿De dÃ³nde sacas eso?  \nâ€\"De mi manual de tanatologÃ­a. â€\"baja la voz. Se escucha culpable.  \nâ€\"Â¿EdiciÃ³n medieval? â€\"interroga el oso quien permanece en calma, o la aparenta perfectamente. Luego aconsejaâ€\" Por lo menos respira, para cuando lleguen sus papÃ¡s que ellos te encuentren sereno.  \nâ€\"Si, si. Lo intentarÃ©.  \n  \n\n\u0026nbsp; Odia los hospitales. Odia el olor a desinfectante y encierro que se cuela por sus paredes. Odia las cofias y las batas, pero lo que mÃ¡s odia es que a pesar de encontrarse en el Ãºltimo semestre de la carrera no es capaz de hacer algo para ayudar a su amigo. \"Valiente mÃ©dico serÃ©\" es su reproche. Sentado mira a su alrededor. Erika ha tomado su lugar como figura de desconcierto. Al lado JuliÃ¡n, con las piernas cruzadas, quien tambiÃ©n inspecciona el recinto. Y ahora, lejos de su vista, una enfermera se encuentra en guardia esperando a nuevos pacientes. MÃ¡s allÃ¡ del pasillo iluminado de blanco grisÃ¡ceo se propaga la oscuridad.  \n  \nEl impacto una y otra vez regresa a su memoria. Primero la despedida frente a la casa de Luis, risas y mÃºsica se mezclan con el dolor, luego los autos. JuliÃ¡n llevarÃ­a a Gariel y a Erika a sus casas mientras FÃ©lix pasarÃ­a a casa de Emilio, su amor de fin de semana. Luego la colisiÃ³n. Una camioneta roja golpea por un costado al auto de FÃ©lix, los tres amigos contemplan la escena desde atrÃ¡s. Pierde el control, cruza patinando frente a ellos hasta golpearse contra un Ã¡rbol. El automÃ³vil queda destrozado en la parte frontal pero el culpable no se detuvo.  \n  \n\n\u0026nbsp; Ambulancias, el grito de Erika, JuliÃ¡n al telÃ©fono, Gariel llamando a FÃ©lix quien se mantiene inconsciente. Luces cruzan a gran velocidad frente a Ã©l. Los bomberos y la policÃ­a. FÃ©lix despertando aturdido. Risas, quejidos, maldiciones. Actores que realizan sus funciones segÃºn su guiÃ³n. Y de pronto en el hospital, en la sala de urgencias esperando el diagnÃ³stico mÃ©dico. Interrogatorios, versiones de los hechos y la espera. Han pasado un par de horas y sÃ³lo hay calma en el interior, a fuera varias patrullas y oficiales esperan el veredicto para comenzar las pesquisas.  \n  \nAlguien entre todo el bullicio ha llamado a los padres del jaguar. Luego de varios intentos en la explicaciÃ³n del accidente son entendidas sus palabras. Su madre rompe en llanto, es el padre quien toma las riendas. Deben estar a punto de llegar. SÃ³lo se puede esperar.  \n  \nLos tres jÃ³venes sentados uno al lado del otro estÃ¡n a punto de dormir cuando una voz llama con el nombre de FÃ©lix Ãlvarez. El trÃ­o recobra la compostura y se levantan en vilo, al mismo tiempo una pareja de jaguares entra. La mujer se abalanza hacia el mÃ©dico suplicante en su pregunta.  \n  \n\n\u0026nbsp; â€\"Â¿CÃ³mo estÃ¡ doctor?  \nâ€\"Bien seÃ±ora, â€\"responde sonrienteâ€\" un par de costillas rotas y muchos raspones pero no hay peligro.  \nâ€\"Gracias al cielo. â€\"casi cae en brazos de su esposo.  \nâ€\"Tuvo suerte seÃ±ora. MuchÃ­sima. He visto casos en los cuales algo asÃ­ o menos mÃ­nimo los deja incapacitados de por vida.  \nâ€\"Santo dios. Â¿Puedo verlo?  \nâ€\"Si adelante, â€\"la toma del brazo acompaÃ±Ã¡ndola, mientras dice al restoâ€\" sÃ³lo usted por favor.  \nâ€\"Gracias. â€\"dice ella.  \nâ€\"DÃ­gale que aquÃ­ estamos por favor. â€\"se adelanta a decir Gariel como si su voz renaciera.  \nâ€\"Si hijo, lo harÃ©.  \n  \n  \nHace cinco aÃ±os, tres meses y veintidÃ³s dÃ­as Gariel vendiÃ³ su primer cuento a una revista de corte intelectual. Entre sus pÃ¡ginas sÃ³lo tres contarÃ­an con un escrito lo suficientemente bueno como para ameritar comprar la publicaciÃ³n. Ese dÃ­a se sintiÃ³ feliz.  \n  \nCorriÃ³ a casa para contÃ¡rselo a sus padres. Se sentÃ­a realizado. Les dirÃ­a como enviÃ³ su escrito a aquella revista, las dudas que tenÃ­a sobre hacerlo o no, la espera angustiosa del dictamen y la llamada que lo invitÃ³ a presentarse y firmar el acuerdo. Era pues su primer pago como escritor. Al fin su decisiÃ³n parecÃ­a dar frutos.  \n  \n\n\u0026nbsp; LlegÃ³ a casa y encontrÃ³ a sus padres en el comedor. Su hermana habÃ­a salido con unas amigas. Les relatÃ³ detenidamente cada evento y sensaciÃ³n que experimentÃ³ aquel dÃ­a. No omitiÃ³ detalles. Le dejaron expresarse libremente, sÃ³lo lo miraban atentos e incluso se estremecÃ­an cuando el lobo jadeaba por falta de aire. Al terminar su relato guardÃ³ silencio.  \n  \nâ€\"Hijo, â€\"dijo el padreâ€\" eres un idiota.  \n  \nGariel quedÃ³ sorprendido con tal respuesta. Se dirigiÃ³ a su madre buscando apoyo. EncontrÃ³ la misma mirada que tenÃ­a su padre.  \n  \nâ€\"Pero Â¿por que? â€\"dijo luego de unos segundosâ€\" Al fin lo logrÃ©. Soy escritor. Me pagaron por ello. SerÃ© leÃ­do. Se deberÃ­an orgullecer de mÃ­.  \nâ€\"Y lo estamos, pero no dejas de ser un idiota. â€\"respondiÃ³ el padreâ€\" Mira hijo, si es un logro el que tienes ahora. Es tal vez un buen inicio para tu carrera. Pero tu alegrÃ­a tiene dos problemas. Uno, que es un logro bastante pequeÃ±o. Esa revista es una porquerÃ­a, si lo que tiene es porquerÃ­a entonces tu cuento lo es. Es decir, que tÃ©cnicamente lo que escribiste es basura. Lo que conseguiste es ser leÃ­do por ignorantes y seudointelectuales, escoria social. Dos, vendiste un buen cuento por una miseria. Pudiste reformarlo, hacerlo mejor pero lo enviaste idÃ©ntico a varias revistas, no te adaptaste ni evolucionaste. Hijo, este es un logro mediocre.  \n  \n\n\u0026nbsp; El joven lobo sintiÃ³ destrozado su corazÃ³n. MirÃ³ con detenimiento sus actos y descubriÃ³ la verdad en las palabras de su padre. No supo que decir. HabÃ­a aprendido ha ser humilde.  \n  \nSu padre comprendiÃ³ el conflicto en el que se encontraba su hijo. Se levantÃ³, caminÃ³ hacia Ã©l y lo abrazÃ³. Luego le besÃ³ en la cabeza. SoltÃ¡ndose del abrazo Gariel saliÃ³ de la casa y caminÃ³ por varias horas. LlegÃ³ a una plazoleta y en el borde de la fuente se sentÃ³. Miraba a todos los que se reunÃ­an en aquel lugar. SonriÃ³. SacÃ³ del bolsillo de su pantalÃ³n el cheque que le dieron por su escrito y lo lanzÃ³ al agua. Por la noche, ya en casa, se sentÃ³ frente al computador y comenzÃ³ a escribir.  \n  \n  \nHace diez aÃ±os, once meses y tres dÃ­as Erika pierde la virginidad con un tigre que siempre viste de negro. EstÃ¡ enamorada de Ã©l, lo cree el ser perfecto. Algo misterioso y seductor se esconde tras sus anteojos redondos y cabello largo.  \n  \nEnamorada, se deja guiar hasta la casa del macho. Al ingresar mira los muros cubiertos por pinturas y mascaras tribales. Una aguja de frÃ­o recorre su espalda, se siente en el interior de una cueva. Pero la mano de su novio no la suelta. Siente su calor. Se deja llevar hasta la habitaciÃ³n donde ambos se recuestan en la cama aÃºn vestidos. Ella sonrÃ­e nerviosa mientras el recorre su cuerpo con la garra.  \n  \n\n\u0026nbsp; Se besan. Se abrazan. Giran en la cama revolviendo las mantas y almohadas. Erika tiene miedo, no sabe que tiene que hacer. El tigre se posiciona sobre ella. Se quita la camisa y deja ver su piel. El corazÃ³n de la hembra palpita zumbÃ¡ndole los oÃ­dos. Siente los labios de su amante recorrer su cuerpo mientras ella levanta sus garras y acaricia su espalda. Poco a poco se dejan llevar por las acciones del otro.  \n  \nLa blusa azul pierde un botÃ³n al ser casi arrancada del cuerpo de Erika, mientras la falda se desliza para confundirse con las sÃ¡banas en el suelo. Desnudos se dicen todo. Le besa los suaves pechos, los acaricia con la lengua. Ella paralizada no deja de pensar. Ã‰l llega hasta su sexo, lo cubre de besos. El rubor asoma en las mejillas de la tigresa. Quiere actuar y no sabe cÃ³mo. Mira y encuentra el televisor, un par de pesas para ejercicio, una mesa con papeles, todas circunstancias ajenas a su experiencia.  \n  \nAmbos frente a frente se besan. Ella lo toma, lo toca y su tacto es frÃ­o. Se siente su miedo. Entre sus piernas algo caliente percibe, le agrada. Baja su garra y lo toma. Es duro pero suave: se rÃ­e ante su conjetura. Su mano entra en calor. En medio de la imaginaciÃ³n va creÃ¡ndolo segÃºn la garra lo dibuja. El tigre rÃ­e ante la ingenuidad de su novia. Ambos se pasan los minutos descubriÃ©ndose. Ã‰l quiere ser el maestro, ella sÃ³lo la amante.  \n  \n\n\u0026nbsp; El tigre la penetra y Erika exhala un suspiro. Con ritmo lento comienzan las embestidas. Algo siente, no sabe que es. Como si sus ojos de nuevo estuvieran aprendiendo a ver. Los jadeos del tigre le golpean el cuello mientras ella se estremece queriendo escapar. Empellones, quejidos escapan sin ser dominados. Sus pechos le arden cuando el cuerpo del tigre los roza. Duro, mÃ¡s duro y rÃ¡pido. Electricidad. Sus garras se retuercen en un calambre que no sienten. Los mÃºsculos se estiran, parece morir. Grita y Ã©l tambiÃ©n grita. Calor en su vientre cuando el tigre cae rendido. La besa y entra en un letargo. Ella sÃ³lo se deja abrazar. Cuatro meses despuÃ©s rompen con la relaciÃ³n.  \n  \n  \nCatorce aÃ±os, un mes y siete dÃ­as atrÃ¡s un jaguar contempla en los ojos de un lobo su propia mirada. Juegan ajedrez. Luego del Ãºltimo movimiento en el cual FÃ©lix pierde la partida levanta la vista y encuentra la mirada de su oponente. Instintivamente le sonrÃ­e a pesar de la antipatÃ­a que le causa el lobo.  \n  \n\n\u0026nbsp; Lo conoce de vista. Toman varias clases juntos pero algo en Ã©l no le gusta. QuizÃ¡ su complexiÃ³n bastante delgada, quizÃ¡ una sombra que parece proyectar cuando entra al salÃ³n de clases, tal vez su voz gruesa pero desplegada en susurros. Pero aquel dÃ­a no le soltÃ³. El inicio consistiÃ³ en acompaÃ±Ã¡ndose al autobÃºs. Charlando de chicas y deportes comienzan a pasar tiempo juntos.  \n  \nFÃ©lix se exhibe continuamente con sus habilidades atlÃ©ticas y en ocasiones arriesgadas. En una de ellas saltÃ³ desde el tercer piso y cayÃ³ a unos de los jardines de la preparatoria. Excelente salto que impresionÃ³ a mÃ¡s de uno, incluido al lobo. TambiÃ©n se hizo acreedor de una colÃ©rica reprensiÃ³n por parte de los prefectos. No le importÃ³.  \n  \nLo que le hubiera importado habrÃ­a sido la nube que se formaba en un rincÃ³n del corazÃ³n de Gariel. No se enteraba de ella, no podÃ­a verla. Se escondÃ­a tras la mirada sonriente de su amigo, tras las discusiones bizantinas que tanto gustan jugar. Y es que poco a poco sus diÃ¡logos estereotipados sobre el clima y los asuntos cotidianos comienzan a tomar nuevos rumbos. Sin pensar, o pensando no ser entendido, Gariel cita de memoria a un filÃ³sofo clÃ¡sico mientras compara la sentencia con lo dicho por un escritor moderno en relaciÃ³n a un tema trivial. FÃ©lix lo increpa y destroza el planteamiento del lobo. Deducciones lÃ³gicas, planteamientos vivenciados y el vasto uso del lenguaje por parte de ambos los orilla a caer de risa.  \n  \n\n\u0026nbsp; En secreto se dicen que son el uno para el otro. Secreto que dura un par de aÃ±os cuando dÃ­as antes de terminar la preparatoria Gariel sale de ella y doblando en una esquina se topa con un auto aparcado y dentro del cual un jaguar besa con pasiÃ³n a un caballo. El lobo se queda paralizado al descubrir a su amigo en tan comprometedora situaciÃ³n. FÃ©lix lo ve por el rabillo del ojo y se detiene. Se siente descubierto. Sale del coche en persecuciÃ³n de Gariel. Lo haya en una esquina esperando pasar la avenida.  \n  \nâ€\"Si, soy gay. â€\"dice a sus espaldasâ€\" No te lo habÃ­a dicho porque creÃ­ que quizÃ¡ ya no serÃ­as mi amigo. PerdÃ³name.  \nâ€\"Â¡No! â€\"dice el lobo al voltearlo a verâ€\" No te perdono. Para perdonar se necesita exista una falta o quien da el perdÃ³n no haya cometido el mismo pecado. Ni lo uno ni lo otro, tambiÃ©n soy gay y por lo mismo no te lo habÃ­a dicho.  \n  \nEl mar se cierra y los silencios de ambos se tocan. El jaguar cree que quizÃ¡ ya no tendrÃ¡n mÃ¡s que decirse luego de una noche donde no pararon de hablar. Tal error se lo llevaron los dÃ­as y meses que pasaron, cuando nunca arribÃ³ la distancia. Siguieron caminos diversos, tan dispares que siempre tienen momentos para encontrarse y continuar con sus aventuras de siempre.  \n  \n\n\u0026nbsp;  \nHoy hace tres aÃ±os y siete meses el lobo ganÃ³ un premio con su novela. Se convirtiÃ³ ese dÃ­a en escritor de amplia categorÃ­a. Con ello pudo comprar su pequeÃ±a casa al norte de la ciudad. La convocatoria se realizÃ³ a nivel mundial. Una respetable casa editorial fue la encargada de organizar tal evento cuyo estÃ­mulo fue una cuantiosa suma de dinero. Bastante competida fue la contienda. Narradores de todo el mundo lucharon por conseguir ser enlistados entre los mejores escritores y ver multiplicadas sus obras en manos de millares de fursonas. Gariel tenÃ­a esperanzas en ganar pero nunca la aceptÃ³ como un hecho. La marca de su primer logro jamÃ¡s se borrÃ³ de su memoria.  \n  \nAun asÃ­ Gariel enviÃ³ el texto que habÃ­a iniciado el dÃ­a en que habÃ­a obtenido su primer sueldo como escritor. TardÃ³ cerca de dos aÃ±os en terminarlo y lo creyÃ³ una obra de arte. Sus padres y hermana fueron los primeros en leer el manuscrito. Su padre terminÃ³ de leer las trescientas setenta y ocho cuartillas de la novela durante la noche. Al terminarla se levantÃ³ de la cama, llegÃ³ a la habitaciÃ³n de su hijo quien aÃºn dormÃ­a y lo levantÃ³ en vilo. Gariel lanzÃ³ un grito de terror cuando se sintiÃ³ atrapado por el abrazo de su padre.  \n  \n\n\u0026nbsp; El premio fue entregado en una ceremonia especial en la cual concurrieron varias personalidades del mundo de las artes, las letras y la polÃ­tica. Junto al lobo estaba su familia y sus cuatro mejores amigos. LeyÃ³ en la tarima, frente a todos, su agradecimiento y un fragmento de su obra.  \n  \n\"â€\"Â¿CreÃ­ste que todo era dado como una primorosa mariposa? â€\"dijo mientras subÃ­a por las escalerasâ€\" Aun cuando es tan sencillo como la misma bestialidad que nos conforma no estamos sometidos a una abominable autoridad desechada desde milenios.  \n\"â€\"Comprendo a la perfecciÃ³n tu retÃ³rica. â€\"respondiÃ³ mientras avanzaba en el piso inferiorâ€\" Pero esa aceptaciÃ³n, la de nuestra naturaleza, deja entrever la posibilidad del retorno a nuestro orÃ­genes. Â¿QuÃ© era mÃ¡s loable en ese entonces? La caza, la recolecciÃ³n. VivÃ­amos como animales, Ã©ramos en efecto bestias rumiantes y carnÃ­voras. ConocÃ­amos los secretos de la naturaleza porque vivÃ­amos de ella y por ella. Pero ahora, Â¡bendito dÃ­a en que una palabra simbolizÃ³ al mundo!  \n\"â€\"Bendito dÃ­a, dices bien â€\"espetÃ³ al bajar un par de escalones con tal de verle el rostroâ€\" Por que en ese momento algo despertÃ³. Tuvimos alma, nuestro cuerpo ya no se encontraba abandonado en medio del nacimiento y la muerte. LlegÃ³ el dÃ­a de la manipulaciÃ³n, de la evoluciÃ³n.  \n\"â€\"CÃ³mo si dios existiera. Nos hicimos un concepto y no una realidad. â€\"dijo al avanzar a la izquierdaâ€\" Â¿Crees que hay un propÃ³sito? Â¿QuÃ© algo inmenso nos mueve y nos llama? Â¡No! Nos hicimos esclavos de nuestras ideas, dejamos de lado nuestras posibilidades por la satisfacciÃ³n de lo inexistente.  \n\"â€\"Pero estÃ¡ allÃ­, frente a ti, a nuestro alrededor. â€\"seÃ±alÃ³ al bajar dos escalones mientras tomaba entre las manos el barandal de hierro negroâ€\" Tu mismo lo utilizas y niegas su existencia. Creas y destruyes pero siempre en un plano al cual desprecias. Mira a tÃº alrededor, esta casa, esa mesa, ese reloj, tus ropas, todo naciÃ³ para existir, para utilizarse. He allÃ­ la materialidad que predicas â€\"subiÃ³ su pie derechoâ€\" al final, ahora, es inherente a nosotros. Ya es nuestra naturaleza, es nuestra virtud como vida.  \n\"â€\"Virtud, vicio, vida, vÃ­a, verdad... â€\"exclama irÃ³nico al cruzar los brazos y caminar hacia la escaleraâ€\" Predicas como el maestro de sofistas. EscÃºchame, yo desprecio esto. Odio las palabras, odio la necesidad de ver el pasado y planear el futuro. Odio la cualidad de la maldita evoluciÃ³n o gracia divina o derroche de mentiras. AlgÃºn dÃ­a volveremos a engrandecernos, iremos a la patria de nuestros primeros padres. El instinto volverÃ¡, no serÃ¡ encubierto o razonado. Seremos libres.  \n\"â€\"Pero no nos sabremos libres. â€\"esboza una sonrisa irÃ³nica al ver a su compaÃ±ero desde arribaâ€\" Victoria ciega y sorda despuÃ©s de todo.  \n\"â€\"Â¿Y quÃ© es mejor entonces? Â¿La paz o la libertad? â€\"pregunta como reto desde abajo.\"  \n  \n\n\u0026nbsp; RecibiÃ³ una ovaciÃ³n por parte del pÃºblico y de manos del presidente editorial un cheque de enormes proporciones. Varios ceros conformaban la cifra final. Destellos de cÃ¡maras fotogrÃ¡ficas baÃ±aron a los exponentes. Luego un preludio de mÃºsica y continuÃ³ el resto de la premiaciÃ³n (para poesÃ­a, teatro, ensayo y biografÃ­a). Al tÃ©rmino los asistentes y galardonados se retiraron.  \n  \n  \nDos aÃ±os y siete dÃ­as antes JuliÃ¡n adquirÃ­a el tÃ­tulo de maestro luego de defender con pasiÃ³n su brillante tesis. PasÃ³ tres aÃ±os armÃ¡ndola, llorando por las noches sin encontrar la palabra indicada que expresara un preciso concepto, gritando a sus tutores y gruÃ±endo por los pasillos del instituto luego que cada versiÃ³n parecÃ­a no tener fin en las correcciones. Se quejaba con sus compaÃ±eros, lanzÃ³ un par de veces sus manuscritos por la ventana con el afÃ¡n de renunciar al camino elegido.  \n  \nPero por la noche, luego de retornar a casa con dolor de cabeza, las palabras en pulsos electromagnÃ©ticos presentadas en el monitor de su computador le daban Ã¡nimos de continuar. SÃ­ aquel lobo habÃ­a conseguido su sueÃ±o Ã©l tambiÃ©n podrÃ­a. Cada noche a las diez su Ã¡nimo caldeado por los saberes adquiridos durante el dÃ­a se desvanecÃ­a. Le gustaba leer a su amigo. ComprÃ³ la primera ediciÃ³n de su primer libro cuando saliÃ³ a la venta, compraba cada revista y antologÃ­a en la cual un cuento suyo aparecÃ­a y las siguientes dos novelas las devorÃ³ en tres dÃ­as, excitantes dÃ­as, hasta caer rendido de nuevo en las redes de la monotonÃ­a.  \n  \n\n\u0026nbsp; Cuando lo conociÃ³ no comprendÃ­a que era lo que decÃ­a. Todos reÃ­an. Erika, quien los presentÃ³, no dejaba de hablar y a cada oraciÃ³n por ella pronunciada un torrente de anÃ©cdotas brotaba del hocico de Gariel. El oso se entristeciÃ³. Pero las constantes atenciones del lobo y las conversaciones en solitario entre ellos menguaron su inferioridad. Pero aÃºn asÃ­ un sombrÃ­o pensamiento lo acechaba: la actual posibilidad de estarse enamorando de Ã©l. Le gustaba, eso lo aceptaba. Lo encontraba atractivo y su sonrisa lo desarmaba. Pero, entre la aparente prepotencia del lobo y la pulcritud del oso, un abismo se alzaba. Y es que siempre supo que un jaguar estarÃ­a en el medio de todo.  \n  \n  \nSiete meses y dos dÃ­as atrÃ¡s FÃ©lix y Gariel hicieron el amor. El jaguar llegÃ³ a la casa del lobo cuando las sombras del atardecer se desplegaban sobre las fachadas de las casas. Apenas hacÃ­a frÃ­o. Las penumbras abrieron la puerta. EntrÃ³ y vio a Gariel cabizbajo, parecÃ­a que habÃ­a llorado. Ambos se sentaron y comenzaron a charlar. La conversaciÃ³n versÃ³ sobre el corazÃ³n destrozado del lobo. Luego de varios meses de relaciÃ³n Santiago le decÃ­a que llevaba varias semanas saliendo con alguien mÃ¡s. EngaÃ±ado en sus narices no pudo resistir. Ese dÃ­a aprendiÃ³ lo que es el amor.  \n  \n\n\u0026nbsp; FÃ©lix lo abrazÃ³ cuando rompiÃ³ en llanto. Hablaba sin pensar y manojos de incoherencias mezcladas con sentimientos brotaban. No querÃ­a dejarse consolar, lo apartaba pero al final cediÃ³. Le gustaba encontrarse en los brazos de su amigo. Sollozaba mientras escuchaba algunas palabras de aliento del jaguar. Un lenguaje pocas veces escuchado.  \n  \nGariel levantÃ³ el rostro y encontrÃ³ el de FÃ©lix. Lo besÃ³, Ã©l se dejÃ³ besar. El jaguar se recostÃ³ en el sofÃ¡ mientras el lobo lo cubrÃ­a con su cuerpo. Destellos de conciencia brotaban en uno y otro, reconocÃ­an las razones que los motivaban pero las callaron. Gariel tocÃ³ el fuerte pecho de FÃ©lix, la dureza de sus mÃºsculos lo cautivÃ³. Era sentir una escultura palpitante. Pero tambiÃ©n sentÃ­a que su cuerpo era tocado, una recia garra por debajo de su playera le descubrÃ­a sus formas. Uno era el espejo del otro.  \n  \nSe incorporÃ³ el lobo y se retirÃ³ la playera mientras el jaguar se sacaba la camiseta entallada que utilizaba. Se besaron, se olieron, se gustaron.  \n  \n\n\u0026nbsp; â€\"Para. Por favor. â€\"dijo FÃ©lix intentando levantarse. â€\"No quiero... no quieres...  \nâ€\"Si quiero. â€\"respondiÃ³ y luego mordiÃ³ con suavidad su cuello. No intentÃ³ escapar de nuevo.  \n  \nCon su garra tocÃ³ la entrepierna del jaguar. Un bulto robusto fue lo que encontrÃ³. Mientras tanto las garras de FÃ©lix se deslizaban hacia los muslos del lobo, adentrÃ¡ndose bajo sus pantalones. Jugaron consigo mismos un tiempo. Se miraban a los ojos. Se hechizaron para no parpadear. El miembro del jaguar empujaba por ser liberado de sus ajustados lÃ­mites. La bragueta bajÃ³. Su falo se levantÃ³ firme, tanto que la erecciÃ³n parecÃ­a dolerse a sÃ­ misma.  \n  \nToques de cosquilla recorrieron su cuerpo. Las garras de Gariel no dejaron espacio por descubrir en su piel. Con una maestrÃ­a momentÃ¡nea los jeans del lobo cayeron al suelo. BajÃ³ y en su hocico entrÃ³ el pene del jaguar. Lo lamiÃ³, lo degustÃ³ hasta que un lÃ­quido transparente se combinÃ³ con su saliva. FÃ©lix sentÃ­a crecer cada vez mÃ¡s su falo. Los labios del lobo sentÃ­an el palpitar de la sangre en su interior. Las venas se pronunciaban.  \n  \n\n\u0026nbsp; Luego de lubricar, y morder con dulzura casi hasta el Ã©xtasis, Gariel se sentÃ³ sobre el pene de FÃ©lix. EntrÃ³ sin cuidado, forzando la entrada y los mÃºsculos del esfÃ­nter se cerraron maquinalmente, lo atraparon en su interior. Una primera oleada de placer invadiÃ³ el cuerpo del jaguar mientras otra recorrÃ­a la espalda del lobo. Se levantaba y sentaba, comenzÃ³ la cÃ³pula. FÃ©lix intentaba abrir los ojos pero destellos se lo impedÃ­a. Gariel gemÃ­a a cada envite al tiempo que su verga se alzaba. FÃ©lix sintiÃ³ la proximidad de la eyaculaciÃ³n y se levantÃ³ quedando frente a frente con el lobo. Lo abrazÃ³ cuando alcanzÃ³ el orgasmo. Tras un gemido por parte de ambos cayÃ³ recostado. Gariel se masturbÃ³ aÃºn con el falo de FÃ©lix en su interior. BaÃ±o el torso de su amante con su semen. Luego se adormilÃ³ sobre su pecho.  \n  \nâ€\"Te amo. â€\"le saliÃ³ en un suspiro. Gariel no quiso escucharlo. Durmieron ambos durante toda la noche.  \n  \n  \nHace treinta aÃ±os, diez meses y once dÃ­as Gariel naciÃ³. El primer hijo de un padre quince aÃ±os mayor que su esposa. Algunas canas ya se repartÃ­an en el pelaje del lobo. La noticia llegÃ³ mientras se encontraba en su Ã³ptica. Arreglaba unos anteojos convexos cuando su asistente le pasÃ³ una llamada. Su esposa, entre risas hiperventiladas le daba las nuevas: pronto darÃ­a a luz. Las lentes quedaron olvidadas en el suelo mientras el lobo salÃ­a del establecimiento. Le dio la tarde libre a la joven asistente.  \n  \n\n\u0026nbsp; Llegaron ambos al hospital. El lobo desmedÃ­a sus atenciones hacia su esposa, mientras ella lo apartaba molesta por la impertinencia de su esposo. Tres horas despuÃ©s un lobezno veÃ­a la luz. Su padre entrÃ³ a la habitaciÃ³n. Vio a la madre con su hijo. Llevaba entre las garras un ramo de violetas que dejÃ³ sobre la cama mientras abrazaba a su crÃ­a.  \n  \nâ€\"Es varÃ³n. â€\"dijo la loba entrecortado su aliento.  \nâ€\"Se llamarÃ¡ Enrique. â€\"exclamÃ³ el padre mientras lo contemplaba.  \nâ€\"Â¡EstÃ¡s loco! â€\"rugiÃ³ la madreâ€\" Se llamarÃ¡ Gariel.  \nâ€\"Â¿QuÃ©? Pero ese no es un nombre de verdad.  \nâ€\"Claro que sÃ­. Ã‰l harÃ¡ que lo sea.  \n  \n  \n  \nâ€\"Â¿Gariel?  \nâ€\"Si, dime. â€\"responde el lobo mirando a Carlos tras largas horas de conversaciÃ³n y un momentÃ¡neo silencio.  \nâ€\"Lo que tengas que hacer hazlo. â€\"dice el conejo mirÃ¡ndolo a los ojosâ€\" No tengas miedo. Amigos hay pocos, amantes puÃ±ados, pero amor sÃ³lo uno.  \nâ€\"Tienes palabra de orÃ¡culo. â€\"se burlaâ€\" Dices mucho para no decir nada.  \nâ€\"Esa es mi habilidad.  \n  \n\n\u0026nbsp; Ambos, amigos se despiden. Uno de sus mejores amigos. El primero que no se detuvo ante el aura de desprecio que despedÃ­a el lobo. Gariel sÃ³lo fue por un consejo y sale con inquietud. Toma el autobÃºs y se dirige a casa de sus padres. LlegarÃ¡ temprano, un reloj marca las seis de la tarde con quince minutos. La vida se le pasa volando.  \n  \n\n","series":{"name":"Formas de contar una historia","previous":"https://fse.anthro.fr/stories/71936-historias-paralelas.json","next":"https://fse.anthro.fr/stories/78929-los-dia-logos.json"}}