# Felinos de Asgard - PrÃ³logo: La guerra de Midgard

Author: ShiroUzumaki
Tags: F/solo, Feline, Masturbation, Spanish Language, Violence (Not In Yiff)

HabÃ­a una vez, un mundo dominado por dioses con forma animal, los dioses Ã†sir. El mundo estaba separado por varias barreras, que separaban las tierras de distintas criaturas: Asgard, tierra de los Ã†sir y los Vanir, los dioses felinos de la creaciÃ³n y protectores del mundo, Midgard, tierra de los Â&nbsp;humanos mortales, la tierra y el mar, creados por los dioses para servirlos, y JÃ¶tunheim, tierra de los gigantes, pobladores antiguos del mundo antes de la llegada de los Ã†sir, que nacieron de estos. Â&nbsp;Al final, debajo de todos ellos, estaba Nieflheim, tierra de los demonios, los no muertos y de los dioses animales rechazados de Asgard. Un dÃ­a, en Midgard, sin que los habitantes supieran porque, aparecieron las valquirias, hijas de OdÃ­n y decidieron quedarse bajo ordenes de su padre... su historia empieza asÃ­.

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Un dÃ­a, miles de aÃ±os despuÃ©s de la creaciÃ³n, Asgard era una tierra prÃ³spera y segura, pues los dioses habitaban debajo del gran Ã¡rbol de la vida, Yggdrasil. Con el tiempo, lo que se convirtiÃ³ en un palacio de piedra caliza con un puente formado por un arco iris llamado Heimdall, con un pueblo alrededor donde vivÃ­an los dioses se convirtiÃ³ en un gran edificio rodeando la base del Ã¡rbol, con edificios rodeÃ¡ndolos y donde moraban los dioses, cada uno con sus distintas oficinas para recoger las plegarias, tributos y ofrendas de los mortales. OdÃ­n, jefe de Asgard y de los Ã†sir, era un dios tuerto, con forma de gran felino, de carÃ¡cter furioso pero, aun asÃ­, con gran capacidad de juicio. Un dÃ­a, hace miles de aÃ±os, vio como muchas almas de los mortales no llegaban al Valhalla, ni que Asgard estaba lo suficientemente defendida en caso de que el Ragnarok, el fÃ­n de los dÃ­as, llegara y lo arrasara todo. Para ello, creÃ³ a sus hijas, las valquirias. Eran fuertes guerreras, armadas con armaduras elÃ¡sticas como la tela pero resistentes como el acero, cada una se especializaba en un arma, asÃ­ como la maestrÃ­a nata de curar cualquier herida, siempre que tuvieran suficiente fuerza para hacerlo, ademÃ¡s de su Ãºnico accesorio, un precioso cascabel de oro que las identificaba y al mismo tiempo, las embellecÃ­a. Su belleza era inconmensurable: eran finas cuales ramas, pero fuertes cuales troncos, y sus cuerpos de gata les ofrecÃ­an una flexibilidad y agilidad excepcionales, ademÃ¡s de poder convertirse en gatas de verdad para poder ser sigilosas o para distraer. Eran las curanderas, defensoras y guerreras perfectas para su cometido en el paraÃ­so de los guerreros: Valhalla.

OdÃ­n estaba preocupado por vigilar uno de sus tesoros, un libro gordo, de tapas de cuero en color azul, con una portada marcada con una diana de 4 anillos que representaban las distintas tierras y rebordes chapados de color dorado en las esquinas. AquÃ©l extraÃ±o pero importante libro era un gran tesoro para el dios, y se llamaba "Libro del Cosmos". OdÃ­n pudo establecer lo que el llama "orden universal" al crear el mundo a travÃ©s de ese libro, y si este estaba en manos de quien no debiera, lo Ãºnico que habrÃ­a serÃ­a el caos absoluto.

Para ello, creÃ³ una fortaleza donde las valquirias tendrÃ­an un hogar, al mismo tiempo que pudieran entrenarse bajo la tutela de su mujer, Freya. La fortaleza fue creada en su lugar de residencia del Valhalla, para que pudieran cuidar de los difuntos guerreros humanos, los Einhenjar, al mismo tiempo que cumplÃ­an el cometido de proteger el sagrado libro sin salirse de su hogar. Aquella estructura era negra, la cual estaba rodeada en una gran superficie cuadrada de un jardÃ­n verde, rodeado por un rÃ­o como foso natural, mientras que la forma transversal del edificio era de la forma de una estrella de cuatro puntas, con un acabado de mÃ¡rmol negro pulido pero que en realidad era hierro puro fabricado en Asgard. Como medio de entrada, tenÃ­a cuatro puertas apuntando a los puntos cardinales y de un metal indestructible que solo el martillo de Thor, Mjollnir, podrÃ­a con ellas. Las paredes exteriores estaban llenas ventanas, para la vigilancia exterior e iluminaciÃ³n, mientras que el interior era toda una maravilla, pues era el centro de instrucciÃ³n de las valquirias. Lo mÃ¡s destacable era el profundo sÃ³tano, donde se guardaba tal libro y donde era protegido por distintos turnos de patrulla todo el dÃ­a. OdÃ­n llamÃ³ a la fortaleza "BastiÃ³n del Cosmos".

Freya se convirtiÃ³ en la madre de las gatitas conocidas como Valquirias, el cual les enseÃ±aba lo bÃ¡sico, mientras que OdÃ­n nombrÃ³ a los primeros 10 Einhenjar que llegaron a Valhalla como generales de las valquirias en caso de que hubiera una guerra entre la helada Nieflheim y la sagrada Asgard, o peor, el RagnarÃ¶k.

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Los generales, quienes obtuvieron rasgos felinos al convertirse, se llamaban Baldur, Didrik, Farman, Geirvald, Karl, Nante, Rodhulf, Sanfred, Tyris y Vallmar. Cada uno destacaba en distintas batallas y de ellos, varios eran lÃ­deres de aldeas que murieron noblemente, aunque otros no, como Vallmar o Geirvald. A medida que los aÃ±os pasaban, los generales cumplÃ­an las ordenes impuestas por OdÃ­n, mediante los cuervos que el mandaba, la mayorÃ­a de recibir a los caÃ­dos, que patrullas debÃ­an proteger el libro en cada momento o escaramuzas de demonios en la tierra de JÃ¶tunheim. Aun siendo el Valhalla y que los guerreros pudieran hacer lo que desearan, las valquirias no sabÃ­an gran cosa de los mortales, incluso aquella atracciÃ³n primaria que tenÃ­an, llamada "sexo", aunque supieran que era el amor. Freya, a pesar de ser sabia, les privaba de tal conocimiento por no volverlas curiosas o incluso poco apropiadas, sobre todo con esa belleza suya. Las valquirias tambiÃ©n tenÃ­an nombres de mortales para complacer a los Einhenjar mientras los cuidaban en su descanso eterno: Hilde, Babba, Adela, Bereta...

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Pero un dÃ­a tranquilo y pacÃ­fico en el Valhalla lo cambiÃ³ todo. Vallmar, uno de los generales, estaba furioso por tener que trabajar hasta el fin de sus dÃ­as para OdÃ­n, ademÃ¡s de no poder de hacer ciertas cosas a las preciosas gatitas, que solo le ocurrirÃ­an a su intensa y oscura mente de guerrero. Vallmar refunfuÃ±aba cada dÃ­a despuÃ©s del trabaj, delante de un espejo que estaba a la entrada de su casa de Valhalla, diciendo todo el tiempo â€" OjalÃ¡ fuera poderoso cual OdÃ­n o su hermano Thor. Â¡OjalÃ¡ tuviera mi propio ejÃ©rcito!

Todos los dÃ­as, cuando descansaba, se quedaba mirando al espejo, al no tener mejor cosa que hacer, aparte de emborracharse con hidromiel. Un dÃ­a, mientras este se lamentaba mirando su reflejo, una sombra apareciÃ³ detrÃ¡s de Ã©l, al otro lado del pasillo, reflejando algo oscuro en el espejo: Era una criatura de dos piernas, pelaje de color pÃºrpura y su cuerpo tenÃ­a rasgos caninos, los de una loba. Vallmar se girÃ³ para ver a aquella extraÃ±a visitante, que sonreÃ­a y le decÃ­a: â€" Deseas el poder de los dioses, verdad, Vallmar?

El felino convertido respondiÃ³: â€" Â¿CÃ³mo sabÃ©is mi nombre? Â¿Acaso os envÃ­a OdÃ­n a espiarme?

La loba reÃ­a con una sonrisa cÃ¡lida y atrayente, negando con la cabeza: -Por supuesto que no... Me llamo Jertti, y he venido desde lo mas profundo para que el gran Loki te ofrezca trabajo. Algo mucho mejor que ser la niÃ±era de esas gatas.

Vallmar gruÃ±Ã­a mientras posaba la mano en la empuÃ±adura de su querida espada, pero entonces soltÃ³ la mano, pensando que la oferta serÃ­a interesante. El gato de crin oscura refunfuÃ±Ã³, diciendo: â€" Â¿QuÃ© me ofrece vuestro... jefe?

Jertti se acercÃ³ al difunto soldado, abrazÃ¡ndolo y acercando sus labios a el, haciendo una mueca atractiva en su cara y diciÃ©ndole, con un tono suave y atrayente:

â€" Tu propio ejÃ©rcito, ademÃ¡s de todas las chicas que quieras y todo el vino que desees. Pero a cambio... necesita que le traigas algo. â€" La canina poso sus labios en la oreja fina de Ã©l, susurrÃ¡ndole â€" El libro del cosmos.

El Einhenjar separÃ³ de un empujÃ³n a la loba, respondiendo

â€" Â¿EstÃ¡s loca? Ese es el libro del poderoso OdÃ­n â€" decÃ­a mientras posaba su mano para empuÃ±ar la espada, a punto de desenfundarla.

La loba no cambiaba aquella mezquina sonrisa, mientras decÃ­a â€" Â¿A cambio de un poder que los dioses te privan? EstÃ¡ bien... buscarÃ© a otro idiota que acepte mi oferta.

Vallmar gruÃ±Ã­a, pues no le gustaba que cuestionaran su inteligencia. CerrÃ³ los ojos durante un minuto mientras la extraÃ±a se giraba y caminaba, y entonces le grito a ella â€" Lo harÃ©... pero tendrÃ©is que crear una gran distracciÃ³n en Midgard si querÃ©is que consiga ese amasijo de pÃ¡ginas.

La loba sonriÃ³ y sacÃ³ una botellita que tenÃ­a atada a una cadenita que llevaba colgando del cuello, mientras la botella se guardaba entre sus pechos, diciendo

â€" Si alguien se interpone en tu misiÃ³n, usa esto... es un veneno somnÃ­fero, puede hacer dormir hasta a un dios eternamente.

Vallmar agarrÃ³ el frasquito con la cadena y se lo puso al cuello, caminando por el piso de su morada con una cara seria y oscura. Jertti sonreÃ­a y abriÃ³ la puerta, cerrÃ¡ndola con un portazo y desapareciendo instantes despuÃ©s.

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Mientras tanto, en el BastiÃ³n del Cosmos, una de las valquirias caminaba firmemente por los pasillos mientras otras muchas caminaban arriba y abajo, ya sea por tareas de vigilancia o de instrucciÃ³n. La joven valquiria se ajustaba su armadura roja y negra que cubrÃ­a sus pechos hasta un tanga elÃ¡stico, con rebordes dorados, mientras se arreglaba la cola de caballo del mismo color de su pelaje que tenÃ­a de peinado y ponÃ­a una cara seria, con unos ojos curvados del color verde azulado, agitando su cola decorada con un collar rojo de pinchos dorados. Se llamaba Hilde, y era una de las mejores guerreras de Valhalla, y muy reconocida en el BastiÃ³n. ConsiguiÃ³ su fama por sus estupendas cualificaciones en la instrucciÃ³n y por su increÃ­ble matanza de demonios en una misiÃ³n de prÃ¡ctica en JÃ¶tunheim. Mientras Hilde caminaba por aquel "instituto", miraba como un grupo de admiradoras se emocionaba con verla, pues era todo un ejemplo en el lugar. Hilde sonreÃ­a orgullosa, cerrando los ojos, hasta que tropezÃ³ con alguien. Hilde daba unos pasos atrÃ¡s, pero se equilibrÃ³ para evitar la caÃ­da, entonces gruÃ±Ã­a, con la mirada caÃ­da, diciendo â€" Oye, serÃ¡s... â€" hasta que levantÃ³ la mirada: era Tyris, uno de los generales Einhenjar.

Hilde se sonrojÃ³ y se quedÃ³ muda, como paralizada, pues en realidad, apreciaba muchÃ­simo a ese jefe en concreto, tanto que sentÃ­a amor por el. Tal era su aprecio, que tras la escena solo podÃ­a responder, en tono muy bajo â€" Maestro Tyris...

Tyris, de pelaje blanco, ojos azules y cabellos rubios, la miraba absorto, preguntando a la gata â€" Â¿EstÃ¡s bien, Hilde?

Hilde se emocionÃ³, haciendo que los nervios la hicieran temblorosa, pues sabÃ­a su nombre. Aun siendo una guerrera sanguinaria, tenÃ­a su corazoncito. La gatita dejo de temblar, sonriendo y mostrando una mueca de alegrÃ­a diciendo â€" Si... gracias â€" con cierto tono de dulzura. Tyris sonreÃ­a mientras miraba el sol por las ventanas y decÃ­a a Hilde â€" Â¿Te apetece comer juntos? He traÃ­do una fiambrera de mi casa y no me gusta la comida de la cafeterÃ­aâ€"

Hilde se quedÃ³ anonadada, preguntÃ¡ndose si estaba flirteando con ella, pero aun asÃ­, ella agitÃ³ la cabeza arriba y abajo nerviosa, respondiendo â€" S...Si, claro... Yo tambiÃ©n he traÃ­do una â€" MostrÃ¡ndosela, con un curioso estampado de fucsia con pequeÃ±as calaveras en ella.

Hilde apreciaba mucho a Tyris, no solo por su actitud guerrera y su belleza, sino porque era dulce y educado, algo que comprendiÃ³ al obtener la hospitalidad de los dioses. Tyris recordaba su muerte, pero no le gustaba hablar de ello, pues no le parecÃ­a un tema importante. En vida, era el hijo de un imponente seÃ±or de la guerra, distinto a el, pero que sin duda heredÃ³ la tÃ©cnica y destreza de su familia con la espada larga. Mientras caminaban por la muchedumbre del BastiÃ³n, Hilde caminaba con sus finas piernas, mirando adelante un poco ruborizada de la presencia de Tyris.

Al llegar a las puertas, estas se abrieron, dejÃ¡ndoles paso al gran jardÃ­n donde algunas de las valquirias estaban practicando sus artes fuera, disfrutando del soleado mediodÃ­a que habÃ­a en ese momento. Hilde caminaba, disfrutando de la brisa que habÃ­a hasta que los dos encontraron un banco de mÃ¡rmol blanco por el sendero de los jardines. Tyris sonreÃ­a mientras se sentaba y abrÃ­a su fiambrera: tenÃ­a una rodaja de salmÃ³n ahumado y sÃ¡ndwiches. Hilde, en cambio, le encantaba zampar todo de un bocado, pues tenÃ­a exÃ³ticas bolas de arroz, tortilla cuadrada y una botella de agua. Hilde mirÃ³ el salmÃ³n cocinado con finura, como atraÃ­da, diciendo â€" Parece delicioso â€" mientras se le caÃ­a la baba como un acto reflejo.

Tyris seguÃ­a sonriendo â€" Lo preparo yo... Â¿Te apetece probar? â€" haciendo que Hilde respondiera con un murmullo mientras su cara se ruborizaba.

La gata agito la cabeza arriba y abajo, mientras Ã©l agarraba el tenedor, cortaba un pedazo y lo recogÃ­a, para ponerlo en la boca de Hilde, haciendo que ella lo masticara con un sonido de aprobaciÃ³n de lo bien cocinado que estaba. Hilde sonriÃ³ y, segundos despuÃ©s, tras ver a Tyris, se sonrojÃ³, temblando, intentando decir â€" Maestro Tyris... querÃ­a saber â€" como si ella estuviera intentando formular una pregunta.

Tyris sonreÃ­a, diciendo a la valquiria â€" LlÃ¡mame Tyris solamente, tutÃ©ame â€" haciendo que esta se sonrojara y respondiera asintiendo.

Hilde miraba hacia el suelo, temblando de los nervios, mientras el disfrutaba de la comida â€" Tyris... como has sido humano y todo eso... siempre me he preguntado... Â¿QuÃ© es aquello que Madre Freya no os habla, lo que se llama... sexo?

Tyris se sorprendiÃ³ un segundo, tragando la comida, casi atragantÃ¡ndose, respondiendo entre jadeos â€" Â¿El... sexo? Pues si que sois vÃ­rgenes.

Hilde lo miraba, con una cara preocupada, pues lo que preguntaba era tabÃº. Tyris suspirÃ³ y le empezÃ³ a explicar de principio a fin la tan ansiada reproducciÃ³n... o, por lo menos, lo que sabÃ­a. Hilde se quedÃ³ perpleja ante tanta informaciÃ³n, desde como nacen los cachorros hasta como puede llegar a ser una experiencia asombrosa. La charla durÃ³ varias horas, hasta que el sol casi se posaba. La gatita se levantÃ³ tras comprender todo lo que Tyris le dijo, caminando y diciendo al general â€" Gracias... Tyris... hasta maÃ±ana â€" con un brillo rojo intenso rodeÃ¡ndole la cara, con el corazÃ³n a cien y una sensaciÃ³n electrizante recorriÃ©ndole el cuerpo, pensando "QuizÃ¡s por ello... Madre Freya no nos lo ha contado... que experiencia tan fuerte... pobres madres mortales, sufrirÃ¡n mas que nosotras cuando luchamos" al compararse su espÃ­ritu orgulloso de guerrera con el protector y sereno de una madre.

Hilde caminaba por los jardines a medida que oscurecÃ­a, entonces decidiÃ³ caminar hacia el lago del manantial que habÃ­a al norte de la fortaleza, que actuaba como piscina natural para ellas. CruzÃ³ un sendero rodeado de arboles hasta llegar al lago de aguas cristalinas, con el cielo naranja brillando, a medida que oscurecÃ­a. El gran manantial rellenaba el lago, como una cascada, y se filtraba por un agujero que se convertÃ­a en la corriente que rodeaba la fortaleza. Hilde disfrutaba de vez en cuando de un baÃ±o en esas frescas aguas, asÃ­ que se puso a caminar por orilla de este, deshaciÃ©ndose de toda su armadura, excepto de su caracterÃ­stico cascabel, que solo se lo quitaba para dormir. Se mirÃ³ su precioso cuerpo, desnudo: pechos redondos, bien compensados, vientre plano, extremidades flexibles... y su flor, que siempre le ha llamado la atenciÃ³n y que, ese dÃ­a, por fin descubriÃ³ que utilidad tenÃ­a: Placer fÃ­sico puro.

La gatita se sentÃ³, mojÃ¡ndose el cuerpo mientras se frotaba con las hierbas de alrededor haciendo de jabÃ³n. Siempre se limpiaba a conciencia, pues casi siempre se encontraba alguna herida o manchas poco deseadas de sangre. Hilde se puso a limpiar sus pechos, de pezones rosados, hasta que rozÃ³ el jabÃ³n con estos. Entonces sintiÃ³ ese calambre placentero de los cuales ella y sus hermanas eran privadas de sentir. Se paso las manos sobre estos, acariciando el fino pelaje y notando la forma esfÃ©rica y el peso de estas, mientras pellizcaba con curiosidad las puntas rosadas. Aquellos pinchazos la hacÃ­an murmurar y maullar dÃ©bilmente, mientras una de las manos bajaba instintivamente para llegar a su pura entrepierna. Uno de sus dedos empezÃ³ a rozar los carnosos labios, y entonces otro dedo se sumÃ³ a la exploraciÃ³n, examinando los labios inferiores con cuidado: rozando aquel corte, metiÃ©ndolos suavemente, tocando el clÃ­toris a medida que subÃ­an y asÃ­ notar unos escalofrÃ­os placenteros que subÃ­an por su espalda y luego todo el cuerpo. Aquellos dedos, inevitablemente, empezaron a meterse lentamente en el interior humedecido de ella. Hilde gemÃ­a y maullaba sin parar mientras seguÃ­a rozando su pecho izquierdo con frecuencia, moviendo los dedos adelante y atrÃ¡s como una posesa. La guerrera cerrÃ³ los ojos, pensando en la cosa que mas apreciaba: Tyris. EmpezÃ³ a imaginar el cuerpo desnudo del general, musculoso, desnudo, con alguna cicatriz, aÃ±adiendo su crin rubia y aquellos ojos brillantes, hipnotizantes para ella. Fijando aquella imagen de el en su mente felina y calculadora, pensaba que sus dedos finos y hÃ¡biles eran el amor de sus sueÃ±os llenÃ¡ndola de placer, mientras figuraba con sus ideas como el movÃ­a las caderas para introducir un miembro imaginario, al mismo tiempo que ella jadeaba, gemÃ­a y respiraba fuertemente mientras imaginaba la voz de el gruÃ±endo, susurrando e incluso jadeado, ademÃ¡s de besos, caricias y demÃ¡s, todo gracias a su imaginaciÃ³n. A medida que seguÃ­a repitiendo el proceso, empezÃ³ a gritar, seguido de un intenso maullido lastimero, pues habÃ­a llegado a su primer orgasmo.

Su intimidad empezÃ³ a expulsar un lÃ­quido lechoso, espeso, que manchÃ³ los dedos de ella en parte a medida que las gotas caÃ­an de su almeja. Se acercÃ³ la mano manchada a los ojos, mientras jadeaba y los abrÃ­a lentamente, metiÃ©ndoselos en la boca para saborear tal fluido, notando su viscosidad y raro sabor. La gatita se fijÃ³ en la mancha que habÃ­a quedado en el suelo, y entonces se limpiÃ³ el cuerpo en el agua del baÃ±o, para despuÃ©s deshacerse de la mancha limpiÃ¡ndola. Hilde, tras secar su pelaje de color crema, se ponÃ­a la armadura lentamente, sonrojada, al descubrir aquella experiencia excitante y curiosa, para luego levantarse y volver al BastiÃ³n entre la reciente oscuridad de la noche, iluminada por la luz de la luna.

Hilde cruzÃ³ las puertas del bastiÃ³n para poder llegar a su habitaciÃ³n, compartida con sus demÃ¡s hermanas de su escuadrÃ³n. Cada escuadrÃ³n de valquirias se referÃ­a a sus mismos miembros como hermanas, pues eran creadas por el propio OdÃ­n en varios nÃºmeros. Cada hermana, como los seres humanos, parecÃ­a tener una edad, inteligencia y aptitudes distintas. Hilde era la lÃ­der de su escuadrÃ³n, y esperaba que todas las hermanas estuvieran despiertas para contar lo que le ha pasado. Caminando por los pasillos del bastiÃ³n, por fin encontrÃ³ la puerta de su habitaciÃ³n, abriÃ©ndola y encontrando a sus hermanas charlando en cÃ­rculo como en cada noche, hablando y cotilleando. Las gatitas dirigieron una mirada hacia la puerta, viendo que era su jefa, Hilde, y entonces todas sonrieron diciendo "Â¡Je[FA: "](http://www.furaffinity.net/user/) y se alegraron de su llegada. De repente, una gatita de pelaje rosa claro saltÃ³ desde su cama, abrazando a Hilde y gritando:

â€" Â¡Â¡Â¡Hermana!!! â€" Â&nbsp;Esta se puso a abrazar a Hilde fuerte, dÃ¡ndole un pequeÃ±o lametÃ³n, mientras que la guerrera se sonrojaba de vergÃ¼enza. La gatita rosa, mas pequeÃ±a, de pelo corto, ojos redondos azules y una armadura rosa y plateada con una pieza que se parecÃ­a una faldita de escamas, se llamaba Agnetta, y conocÃ­a tan bien a Hilde que tenÃ­a el privilegio de llamarla una hermana de verdad, pues compartÃ­an secretos. Agnetta dominaba los cuchillos como nadie, como lo mostraba su armadura recubierta de pequeÃ±as dagas. Pocos segundos del cariÃ±oso pero cursi abrazo, Agnetta se separÃ³ y sonriÃ³ hacia Hilde, preguntÃ¡ndola:

â€" Â¿Hermanita, donde has estado? Casi te pierdes la fiesta de pijamas â€"

Hilde suspirÃ³ asustada y ruborizada, mirando los ojitos inocentes de su "hermana" y tragando saliva. La guerrera se puso a pensar si contar a sus hermanas si estaban preparadas para saber lo que han aprendido, entonces las mirÃ³, viendo como se divertÃ­an contÃ¡ndose cosas en un cÃ­rculo. PensÃ³ que no serÃ­a una idea deciselo ahora, sino cuando estuvieran mejor preparadas o cuando sintieran esa duda mas a menudo, como cuando preguntaran de donde venÃ­an los gatitos. Tras su profunda reflexiÃ³n, mirÃ³ a Agnetta con una expresiÃ³n sonriente, respondiendo:

â€" Pues... he ido a entrenar y a baÃ±arme al lago, eso es todo â€"

Agnetta la cogiÃ³ del brazo con una sonrisa infantil, arrastrÃ¡ndola y diciendo

â€" Â¡Pues ven acÃ¡, que tenemos muchas cosas que decirnos! â€"

Hilde se sentÃ³ junto a Agnetta, escuchando las historias que se contaban las gatitas, pues era el Ãºnico momento del dÃ­a que podÃ­an charlar, como estudiantes en un colegio mayor. Hilde tenÃ­a otras 8 hermanas ademÃ¡s de Agnetta, formando su escuadrÃ³n de muchos cientos que formaba el ejÃ©rcito de Valquirias. El resto de hermanas se llamaba Ceres, experta en la maza Martillo del alba con pelaje blanco y pelo castaÃ±o, Eida, una gatita negra y ojos violetas virtuosa del arco, Gitta, quien manejaba la lanza como una maestra y que mostraba mucha fuerza en su pelaje azul antracita a pesar de su fino cuerpo, Lia, quien usaba cadenas finas como tiras pero cortantes como el acero con su cuerpo delgado, de pelaje castaÃ±o y ojos negro azabache, Tella, con pelaje rubio y pelo rizado castaÃ±o y quien dominaba una espada y un escudo para proteger a sus hermanas, Rekka, con una trenza rubia y pelaje naranja y que usaba una pistola creada y personalizada por ella durante su instrucciÃ³n, Yrsa, de pelaje blanco y pelo rojizo, usaba un bastÃ³n para usar el fuego y la fuerza de su arma, y Astrid, quien tenÃ­a pelaje ocre, pelo corto rubio y que dominaba un lÃ¡tigo hecho de una fina hebra metÃ¡lica, de forma que actuara cual hilo fino pero cortante.

Tras los cotilleos, cuentos y demÃ¡s relatos, las gatitas empezaron a sentirse cansadas, y una a una se fueron a la cama, incluida Hilde, que se tapÃ³ con la manta de la gran cama que tenÃ­a al igual que sus hermanas y mirÃ³ al techo, sonrojada y preocupada, pensando en su amado Tyris, hasta que se acurrucÃ³ a un lado y se metiÃ³ en el edredÃ³n, cerrando sus ojitos verdes dulcemente.

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Al dÃ­a siguiente, cuando el sol ardÃ­a, perseguido por un lobo gigante como si una pelota se tratase, Vallmar, el general Einhenjar, se levantÃ³ y fue corriendo al centro de Asgard para avisar al resto de generales Einhenjar y los dioses mayores de que los demonios iban a atacar Midgard, pero en realidad, era la distracciÃ³n general para poder robar el Libro del Cosmos mientras las valquirias luchaban en la escaramuza. Vallmar les explicÃ³ los detalles del ataque, y, por lo tanto, los humanos no podrÃ­an hacer nada con sus armas, a no ser que recibieran ayuda de las fuerzas divinas, es decir, las Valquirias. La discusiÃ³n durÃ³ bastante, pero al final se decidiÃ³ enviar a las valquirias, a pesar de que OdÃ­n, los cuervos consejeros de este, Hugin y Munin, Â&nbsp;sus hermanos y algunos de los generales Einhenjar no encontraban lÃ³gica al mensaje de Vallmar. El dios tuerto pero supremo cerrÃ³ los ojos, pensando profundamente su decisiÃ³n de movilizar o no a sus hijas guerreras al mundo mortal. Los cuervos, viendo la pensativa expresiÃ³n de su mandatario, se pusieron a susurrarle que Vallmar estaba planeando algo, pero aun asÃ­ el dios no escucho el consejo bien avenido de sus dos mejores ayudantes.

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Este paso no solo empezarÃ­a la apariciÃ³n de seres divinos en la Tierra de los mortales, sino tambiÃ©n la guerra de Midgard, la guerra de demonios, no muertos y gigantes contra dioses y humanos.

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En Midgard, el mundo de los humanos, era un dÃ­a tranquilo y soleado en una ciudad costera mientras en un puerto un carguero descargaba su mercancÃ­a. De repente, las nubes empezaron a formarse rÃ¡pidamente, junto con un viento extraÃ±o, con olor a salitre del mar. Las nubes oscurecÃ­an poco a poco y la mar cerca del puerto empezaba a ponerse brava, a medida de que los truenos provocados por las nubes chocaban en la mar. Los trabajadores del puerto se asustaron, pues la predicciÃ³n meteorolÃ³gica no esperaba tal cambio brusco. Con ello, el mal tiempo demostrÃ³ otra sorpresa: Al horizonte se veÃ­an barcos gigantescos, pero de cuerpo etÃ©reo. La cabina de control del puerto se puso a examinar los barcos extraÃ±os desde lo lejos, hasta que se fijaron que la cubierta de los barcos guardaban algo aterrador: Monstruos y muertos vivientes, como salidos de una obra o filme de ciencia ficciÃ³n, vistiendo trajes militares de distintas Ã©pocas: El ataque estaba a punto de empezar.

Los barcos llegaron a la mar, desembarcando y mostrando aquella armada, salida del propio infierno: seres de carne putrefacta, mostrando sus mÃºsculos oscurecidos por la muerte y sus huesos amarillentos, unidos por los pocos tendones que los unÃ­an y los Ã³rganos al descubierto, teÃ±idos con un color oscuro por la oscuridad que recorrÃ­an sus venas, emitiendo solo sonidos primitivos. Los soldados no muertos mostraban todo tipo de armas, desde espadas o puÃ±os de hierro hasta armas de fuego modernas. El mar empezaba a sacudir las costas con olas fuertes, mientras a unas cuantas decenas de metros se formaba un torbellino, hasta que en pocos minutos emergiÃ³ una criatura alargada con rasgos de reptil: era una serpiente marina, de escamas azules y panza blanca y cresta dorada. Cuando los barcos desembarcaron y los zombis se desplegaron, una luz rojiza salÃ­a de cada barco, creando un umbral de color escarlata rodeado de niebla del mismo color, donde una luz intensa provenÃ­a de este. Del umbral salÃ­an mas y mas legiones de zombis, de forma que pudieran llegan a la tierra de los mortales fÃ¡cilmente. La bestia gritaba desplegando sus aletas gigantes mientras chillaba, hasta que mirÃ³ al puerto y entonces desplegÃ³ la cabeza hacia atrÃ¡s, para crear un grito chirriante y ensordecedor. El chirrido hacÃ­a tapar los oÃ­dos de la gente en el puerto, seguido de un arrasador golpe de viento que creaba olas violentas, de forma que los barcos chocaban y algunos se hundÃ­an ante tal catÃ¡strofe. El causante de aquella destrucciÃ³n se llamaba LeviatÃ¡n.

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Una silueta se formaba entre el morro y la cresta de la serpiente marina: Una forma delgada, de piernas largas, caderas anchas, pecho amplio, cubierto por una sola ropa hecha de hilo metÃ¡lico de color pÃºrpura azulado. En una mano llevaba una lanza de hoja curva, decorada con la cabeza de una serpiente. Por encima de su busto se mostraba un pelaje de color castaÃ±o claro, ojos azules como el mar y rasgos faciales de una pastora alemana y pelo liso corto, castaÃ±o. Se llamaba Sirin, y era la guardiana de aquella monstruosa serpiente marina, que contemplaba al mismo tiempo lo que su mascota estaba causando, con una sonrisa entre oreja y oreja, mascullando â€" Pobres humanos... no se puede acabar con lo que vuestro odio ha causado, y pronto lo verÃ©is â€" seguido de una risa que a los pocos instantes fue acompaÃ±ado de un trueno.

Los empleados del puerto trataron de coger los telÃ©fonos mas cercanos para llamar a la policÃ­a y al ejÃ©rcito para explicarles la masacre que les estaba ocurriendo. Los medios no tardaron en llegar para enterarse de la noticia, llenando los alrededores de la costa con furgones de todos los noticiarios.

Un escuadrÃ³n junto a un tanque llegaba al puerto pocas horas despuÃ©s para hacer frente al ataque que el puerto estaba sufriendo. Los noticiarios de todo Midgard empezaron a anunciar aquel fenÃ³meno extraÃ±o, mostrando videos de la criatura arrasando la costa con sus olas gigantes y tornados, mientras el ejÃ©rcito no muerto se asentaba en la costa e invadÃ­a el entorno, haciendo que la gente de pueblos cercanos huyera de tales engendros.

Cuando el grupo del ejÃ©rcito llegÃ³, se pusieron a explorar uno de los pueblos, encontrÃ¡ndose a una de las hordas de no muertos. La tormenta llenaba el cielo de nubes grises espesas, con truenos repentinos y llenaba el lugar con un olor a salitre, proveniente del propio mar cercano. Aquel amasijo de carne cercenada empezÃ³ a acercarse a las fuerzas militares, levantando sus armas de toda clase. Uno de los capitanes, notando el poder ofensivo en los ojos vacÃ­os de las criaturas, dio la orden de fuego. Una lluvia de balas proveniente de ametralladoras montadas, rifles de asalto y subfusiles llenÃ³ el aire entre los ejÃ©rcitos, acertando a los zombis en distintas zonas de sus decrÃ©pitos cuerpos y que se cayeran al suelo como bolsas de carne. Cinco minutos despuÃ©s, un par de soldados se acercaron a los caÃ­dos para el tÃ­pico reconocimiento. Uno de los guerreros enemigos se levantÃ³, sin piernas, solo con la fuerza de sus brazos, saltando una de las espaldas de los soldados para intentar morderle el cuello. Luego, los miembros daÃ±ados y podridos, desgarrados por las balas, empezaron a moverse y a dirigirse al montÃ³n de caÃ­dos, pegÃ¡ndose a sus propietarios como por arte de brujerÃ­a. Uno de los generales humanos no podÃ­a creer lo que estaba viendo, y se echaron atrÃ¡s al ver que no tenÃ­an ventaja, resguardÃ¡ndose en un colegio cercano y atrancando las puertas principales con lo que podÃ­an para esconderse de aquella invasiÃ³n dantesca.

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Aquella cadena de acontecimientos llegÃ³ enseguida a Asgard. Un mensajero corrÃ­a estrepitosamente por el puente arco iris para llegar dentro de Heimdall, donde los dioses estaban reunidos con respecto a las noticias que Vallmar les estaba dando. Este abriÃ³ las dos puertas que accedÃ­an al consejo, de forma que su golpe se oyera como un estruendo y gritara que Midgard estaba siendo atacada por fuerzas de Niefelheim. OdÃ­n, al escuchar tal noticia, se levantÃ³ de su trono, abriÃ³ los ojos y gritÃ³ con fuerza â€" Esta bien, que la mayorÃ­a, no todas, de las valquirias se dirijan a Midgard para destruir la horda de demonios y al LeviatÃ¡n.

Entonces, una serie de alarmas empezaron a sonar por toda Valhalla, avisando a todas las valquirias para dirigirse a sus puestos de combate. En el consejo, mientras los dioses y Einhenjar se iban para prepararse, Vallmar sonreÃ­a, viendo como su treta funcionaba y como podÃ­a cumplir su sueÃ±o de su propia armada a su servicio gracias a la oferta de sus enemigos.

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Para prepararse, cada jefa de escuadrÃ³n recibÃ­a de los Einhenjar los distintos objetivos y posiciones en una sala de mando para prepararlas, para despuÃ©s dirigirse a donde sus hermanas y explicarles cada cometido paso a paso. Cada escuadrÃ³n podÃ­a cumplir la misiÃ³n con cualquier mÃ©todo disponible, siempre que fuera aceptable, para entonces desplegarse para la misiÃ³n.

Las valquirias se dirigÃ­an corriendo fuera del bastiÃ³n, para llegar al lÃ­mite de su tierra, Valhalla, y asÃ­ encontrarse con una gran pared, hecha de nubes grises y espesas. Las gatas empezaban a saltar hacia la pared desplegando sus alas, atravesando la pared por el salto y asÃ­ llegar a los cielos de Midgard. El ejÃ©rcito entero, una manada completa de gatas con armadura, alas metÃ¡licas, brillaba con la luz del sol que se filtraba entre las nubes. Los escuadrones vigilaban desde la altura donde estaba tal tormenta espantosa, hasta que se fijaron en una masa gris, que brillaba debido a los truenos. El ejÃ©rcito de valquirias se dirigiÃ³ a la zona, aterrizando en tierra tras surcar en picado los cielos y cuales estrellas fugaces, se posaban en el suelo creando pequeÃ±as explosiones. Cada escuadrÃ³n se habÃ­a posado en zonas asignadas por los distintos generales para poder defender los pueblos de los no muertos.

Algunos de los militares vieron aquellas brillantes armaduras brillar por la bajada en picado, como estrellas fugaces, para que al final aparecieran las gatitas valquirias. Algunos generales se quedaban con la boca abierta, preguntÃ¡ndose de donde venÃ­an tales criaturas.

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Hilde, quien aterrizÃ³ con elegancia, se levantÃ³ mientras miraba como sus hermanas llegaban. Estaban delante de una casa, arrasada por la tormenta, mientras los vientos de borrasca mecÃ­an sus pelajes. Las gatitas empezaron a caminar, examinando el lugar a medida que seguÃ­an un sendero que, evidentemente, las llevaba al mar. Otros escuadrones luchaban y defendÃ­an los pueblos mientras que otros seguÃ­an adelante para cruzar aquella masa invasora de carne. La jefa de escuadrÃ³n corrÃ­a seguida de sus hermanas, otras 9 para ser exactos, hasta que llegaron a uno de los pueblos. Las calles estaban llenas de soldados no muertos, gorgojeando y gimiendo mientras seguÃ­an con sus cuerpos huesudos. Hilde suspiraba de disgusto viendo tales criaturas diciendo â€" Â¡Recordad, son no muertos, usad filos y balas de plata!

Sus hermanas asintieron, cada una empezÃ³ a sacar sus armas con filos brillantes como espejos: Hilde mostrÃ³ su espada con el filo grabado y la empuÃ±adura cubierta de cuero trenzado, Agnetta se llevÃ³ dos dagas preciosas y manejables, Â&nbsp;Ceres gruÃ±Ã­a sacando una hacha preciosa de filos curvos y grabados en el cuerpo de la hoja, Elda cargaba su arco plateado de grabados con una flecha brillante de plata mientras fruncÃ­a el ceÃ±o al concentrarse, Gitta agarrÃ³ su lanza, de filo ancho y puntiagudo, haciendo que los grabados brillaran en un tenue azul, Lia se sacudiÃ³ las manos, mostrando sus finas cadenas cortantes y brillantes, Tella chasqueaba la espada de filo plateado en su escudo con un circulo grabado que mostraba rayos en su interior, Rekka agarrÃ³ un cargador de su cintura y lo colocÃ³ con rapidez en su arma, cargÃ¡ndola con suma rapidez y que la preparÃ³ apuntando a la horda , Yrsa se puso su bastÃ³n en la mano, cerrando los ojos y susurrando palabras, haciendo que este ardiera y Astrid desenrollo su lÃ¡tigo, agitÃ¡ndolo y chasqueÃ¡ndolo de forma que el aire se cortara e hiciera cortes invisibles. El escuadrÃ³n estaba listo para asaltar a la horda que para ellas era una mera muchedumbre de debiluchos controlados por el enemigo.

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Hilde apuntaba con su espada, gritando â€" Â¡Â¡Â¡Por Asgard, hermanas!!! â€" y estas empezaron a correr al oÃ­r el grito de guerra de su lÃ­der de escuadrÃ³n.

La lÃ­der blandÃ­a su espada larga, cortando por la mitad varios enemigos con sus cortes rÃ¡pidos y sÃºbitos, haciendo que huesos oscurecidos de aquellos engendros se quemaran y poco a poco se volvieran en polvo, entonces se fijÃ³ como varios de los enemigos venÃ­an en carrera, asÃ­ que ella cerrÃ³ los ojos, posando la espada delante de ella y empezÃ³ a susurrar palabras arcanas. El filo de su hoja empezÃ³ a brillar, para que ella gritase y corriese frente al pelotÃ³n de soldados infernales. Ella atravesaba la multitud sin dificultad, mientras se oÃ­an cortes por todos lados. Al final, ella enfundÃ³ su espada y todos los enemigos se paralizaron, hasta que empezaron a partirse por la mitad y sus mitades se deslizaran cayendo al suelo en montones de ceniza.

Agnetta se ponÃ­a a clavar sus dagas en el cuello y pecho de los guerreros impÃ­os, haciendo que cayeran en un suspiro, hasta que ella empezÃ³ a girar sobre si misma cortando los torsos de los enemigos a su alrededor, entonces ella saltÃ³, mirando otra multitud de muertos vivientes, y agarrÃ³ varias dagas de las cintas de su torso, lanzÃ¡ndolas al aire. Las cuchillas pequeÃ±as cruzaban el aire como un susurro pero atravesaron los cuerpos de los esquelÃ©ticos siervos de Loki, de forma que tropezaran y murieran convertidos en polvo quemado.

Ceres se puso a golpear el suelo con su hacha, de forma que los pequeÃ±os temblores hicieran hacer caer a sus enemigos, entonces ella empezÃ³ a clavarles el filo de su querida arma uno a uno con martillazos limpios, creando un montÃ³n de cenizas esparcidas por el suelo, hasta que vio otro montÃ³n de enemigos acercarse. Ella se puso a gruÃ±ir, de forma que el mÃ¡stil de su hacha brillara y entonces lo sacudiÃ³ hacia delante. Un gran tajo de luz amarilla paralizÃ³ a los zombis, recubiertos de luz en sus huesos, para que al final cayeran hechos pedazos y ceniza.

Elda cargaba su arco y atravesaba las destrozadas armaduras de la horda con varios disparos rÃ¡pidos, haciendo que algunos perdieran la cabeza y que cayeran por el peso de su cuerpo. Al ver un gran zombi llevar una maza gigantesca, ella se puso a disparar los pies del monstruo con varios de sus certeros disparos, para que al final este cayera, entonces cargÃ³ una ultima flecha, que empezÃ³ a brillar, y soltÃ³ la tensa cuerda, de forma que la energÃ­a de esta arrasara con el impÃ­o mastodonte.

Gitta miraba como uno de los guerreros se acercaba, mientras que ella se posaba en el suelo y apuntaba con su lanza, levantÃ¡ndose y cargando contra Ã©l de forma que quedara ensartado y que se vaporizara en una nube de humo y ceniza, para despuÃ©s ensartar a varios miembros que se acercaban a ella para intentar rodearla.

Lia giraba sus cadenas arriba y abajo mientras miraba a varios zombis con vestidos de distintas Ã©pocas rodearla, entonces con un grito, extendiÃ³ uno de los brazos, atravesando a uno de ellos con la cadena y tirando de este, agitÃ¡ndolo y usÃ¡ndolo de maza contra el resto de oponentes que se le acercaban, como si su primera victima fuese una maza.

Tella empezÃ³ a correr con el escudo delante de ella, gritando y haciendo que su escudo brillara, creando un rectÃ¡ngulo luminoso alrededor del escudo, haciendo que los enemigos fueran arrasados por tal hechizo para rematarlos en el suelo con su pequeÃ±a espada. Al escuchar unos pasos muy fuertes, notÃ³ una sombra grande, de dos metros, entonces ella se girÃ³ y mirÃ³ un zombi recubierto con una capucha, gritando sin parar y expulsando baba con sus graznidos horrorosos. La guerrera suspirÃ³ y corriÃ³ contra el encapuchado, clavÃ¡ndole su espada en el pecho de carne podrida como si fuera mantequilla, para que al final, ella empezara a sacudir la cara de su oponente con el escudo, agarrando el mango de la espada y clavÃ¡ndola fuertemente, para que el zombi gigante se transformara en una masa de cenizas por el efecto de la plata.

Rekka se fijÃ³ en un zombi fortachÃ³n, llevando una gran hacha, entonces este empezÃ³ a lanzar tajos hacia la gata. Esta se puso a doblar su cuerpo, a rodar hacia los lados y saltar para esquivar tales brutales ataques. Al final, el enfurecido zombi agarrÃ³ su hacha oxidada, llevÃ¡ndosela atrÃ¡s con los pocos mÃºsculos que le quedaban y abriendo su mandÃ­bula unida a la calavera que era su cabeza, aunque la pistolera, con su velocidad, pudo deslizar las piernas, arrasando a su oponente, de forma que cayera y que, por la fuerza de Ã©l, sus brazos decrÃ©pitos se rompieran, tumbÃ¡ndose, pero entonces, la gata posÃ³ su pie sobre el torso del gran zombi y apuntÃ³ a la cabeza, disparÃ¡ndole tres veces, para que quedara hecho un montÃ­culo de ceniza.

Yrsa se puso a golpear las cabezas con precisiÃ³n gracias a su bastÃ³n, mientras lanzaba bolas de fuego para mantener al resto de zombis a raya, hasta que fue rodeada. Entonces ella empezÃ³ a girar su bastÃ³n en el aire, de forma que dos bolas de fuego salieran de sus puntas, para que, al final, dos lÃ¡tigos de fuego salieran de los extremos y quemaran a los atacantes, al mismo tiempo que la valquiria los golpeaba con un Ãºnico bastonazo y se descompusieran en polvo.

Astrid se puso a enrollar los cuellos de los enemigos, tirando de su lÃ¡tigo para que el fino filo de su arma los decapitara sin piedad y cayeran sin cabeza. Entonces cuatro zombis la rodearon, armados con escudos y espadas y vestidos como legionarios romanos. Ella sonriÃ³, chasqueando su lÃ¡tigo y agarrando uno de los soldados por la pierna, tirÃ¡ndolo y haciendo que cayera, entonces ella girÃ³ al lado opuesto bruscamente para cortar uno de los brazos a otro de los soldados, entonces girÃ³ a la derecha, cortando por en dos mitades arriba y abajo al tercero, para girarse y mirar al Ãºltimo, agarrando y estirando el hilo del lÃ¡tigo con sus guantes resistentes. Al soltar el lÃ¡tigo, ella empezÃ³ a moverlo mil veces sin parar hacia el Ãºltimo enemigo que quedaba. Cuando parÃ³, el muerto viviente se disolviÃ³ en una nube de cenizas que caÃ­a al suelo.

Hilde mirÃ³ como el escuadrÃ³n habÃ­a despejado la zona, asÃ­ que apuntÃ³ con su espada hacia delante, ordenando a sus hermanas a avanzar para llegar a la costa con el resto de escuadrones. Sin embargo, una estampida de zombis saliÃ³ de los arboles, rodeÃ¡ndolas y desorientÃ¡ndolas. Astrid fue rodeada por varios enemigos, haciendo que uno de ellos la apresara y la atara con cuerdas. Un grupo de enemigos corrÃ­a hacia uno de los umbrales para llevarla a Nieflheim como prisionera, mientras que ella gritaba para ayuda a sus hermanas, pero no pudieron rescatarla por la emboscada que estaban sufriendo. Hilde y el resto de sus hermanas pudieron hacer frente a los atacantes pero no pudieron ir a por su hermana, como ya lo habÃ­an hecho mas enemigos con otras valquirias de otros escuadrones.

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Mientras tanto, en el BastiÃ³n del Cosmos, Vallmar aprovechÃ³ para entrar en este abriendo las puertas y dirigiÃ©ndose al sÃ³tano, donde se mantenÃ­a el Libro del Cosmos en su sala de seguridad. Gracias a sus privilegios, pudo cruzar los sistemas de seguridad del complejo sÃ³tano sin levantar ninguna alarma e incluso engaÃ±ar a las dos Ãºnicas valquirias que estaban de guardia para que se fueran a descansar, para asÃ­ llegar a la sala donde se contenÃ­a el libro. Era un gran salÃ³n, cubierto por paredes de hormigÃ³n, que brillaban con luces azules que dibujaban un mapa astral del cielo, sobre la oscuridad de la sala, donde el Ãºnico foco era uno que seÃ±alaba el propio libro sobre un estandarte de cristal. Vallmar se acercÃ³ al libro, cogiÃ©ndolo con ambas manos y quitÃ¡ndolo del soporte de cristal que lo mantenÃ­a de pie. La luz azul que hacÃ­a de mapa astral se apagÃ³ de repente, dejando solo las sombras en la pared de la sala. Sin embargo, Tyris estaba saliendo de su oficina en el bastiÃ³n, mientras Vallmar subÃ­a las escaleras del sÃ³tano para llegar al vestÃ­bulo de nuevo, al mismo tiempo. Tyris, que bajaba las escaleras, se fijÃ³ en Vallmar, llevando el libro tapado debajo de su capa, pero sin saber que era. El general se acercÃ³ al ladrÃ³n, diciendo â€" Vallmar, Â¿QuÃ© haces aquÃ­? â€" Hasta que bajÃ³ la mirada y vio el bulto bajo la capa, asÃ­ que su cara cambiÃ³ a una expresiÃ³n de sospecha, y entonces dijo - Â¿QuÃ© escondes?

Vallmar carraspeo al ver como Tyris se extraÃ±aba por lo que el escondÃ­a, y recordÃ³ como habÃ­a impregnado una daga con el somnÃ­fero que Jertti, la sirvienta de Loki, le habÃ­a dado. El sonriÃ³ respondiendo â€" Nada, solamente...

Vallmar dejÃ³ de hablar para agarrar su daga, desenfundarla y, dando un paso, clavar el filo envenenado en el pecho de Tyris. Este, al notar el empujÃ³n del ladrÃ³n, notÃ³ un dolor intenso unos segundos, hasta que se desplomÃ³ en el suelo, como un muerto. Vallmar empezÃ³ a correr, mientras las ropas de Tyris se teÃ±Ã­an de un escarlata intenso por la sangre de la herida. Tyris se quedÃ³ mirando a Vallmar, hasta que empezÃ³ a notar como la vista se le nublaba por la sustancia del filo, balbuceando â€" Â¿CÃ³mo has podido...? â€"

El general rubio cerraba los ojos, en un sueÃ±o eterno, pues no podÃ­a desangrarse al ser un caballero de los dioses. Una hora despuÃ©s, Freya encontrÃ³ el cuerpo de Tyris, viendo la herida teÃ±ida de sangre y fijÃ¡ndose en la forma de la herida, supo que la Ãºnica persona que pudo haberle asestado la cuchillada era Vallmar, pues su daga era Ãºnica y caracterÃ­stica. TambiÃ©n noto algo extraÃ±o, como que la entrada no estaba protegida por las guardias de siempre, asÃ­ que bajÃ³ y encontrÃ³ la sala vacÃ­a, sin ninguna luz, pues no estaba el Libro del Cosmos. La diosa fue directa hacia su marido, en el castillo de Heimdall, gritando que habÃ­an robado el Libro del Cosmos. OdÃ­n se enfureciÃ³ gritando â€" Â¿Â¡CÃ³mo!? Es imposible, si algo dejÃ© a las dos guardias, solo un Einhenjar ha podido cruzar esa puerta.

Freya se agachÃ³ entristecida, susurrando â€" Ha sido Vallmar... he visto a Tyris dormido con una herida proveniente de su cuchillo, solo ha podido ser Ã©l. AdemÃ¡s, si ha cogido el libro ha tenido que ser una razÃ³n muy convincente... creo haber visto una sirvienta de Loki por Valhalla, pero no estoy segura.

OdÃ­n gruÃ±Ã­a con furia, cerrando los ojos durante un momento, y minutos despuÃ©s abriÃ©ndolos, respondiendo a su querida mujer â€" Pues tendrÃ© que castigarle y tambiÃ©n a las valquirias, lucharan en Midgard hasta que recuperen el libro... y quiero ver a Vallmar muerto.

Freya suspirÃ³ con tristeza, pues sus hijas iban a ser desterradas, y no estaban preparadas para el mundo mortal, pero por no defraudar a su marido, asintiÃ³ con la cabeza, diciendo â€" Es...Esta bien, OdÃ­n.

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Mientras tanto, Vallmar habÃ­a llegado a su casa, donde Jertti estaba sentada en el sofÃ¡, sonriente. El general se fijÃ³ en ella, sacando el libro de su capa â€" AquÃ­ lo tienes, ahora, mi ejercito.

Jertti sonriÃ³ mientras posaba la mano en la frente de Vallmar, respondiendo â€" Por supuesto...

De repente, la mano mostraba una luz oscura que hizo que Vallmar notara un dolor intenso mientras la luz lo cegaba, mientras su cuerpo felino se transformaba en segundos. Sus facciones felinas desaparecÃ­an mientras poco a poco tomaba una forma esquelÃ©tica, sus ojos desaparecÃ­an y las cuencas de los ojos se llenaban de oscuridad, teniendo un punto luminoso solo como pupilas, su tamaÃ±o aumentaba hasta tener dos metros y medio, y sus ropas aumentaban tambiÃ©n, aunque los blasones de su ropa se cambiaron por calaveras. Jertti soltÃ³ la mano del Einhenjar, ahora transformado en alguien diferente. Vallmar jadeaba, abriendo los ojos y fijÃ¡ndose en su nuevo cuerpo: se habÃ­a convertido en un esqueleto viviente gigante, entonces se levantÃ³, agarrando a la loba por la armadura y gritando â€" Â¿Â¡Que me habeÃ­s hecho!?

Jertti sonreÃ­a, sin importarle la fuerza que Ã©l ejercÃ­a sobre el, asÃ­ que respondiÃ³ â€" Â¿No lo ves? Ahora eres un general de Nieflheim, con tu propia legiÃ³n del infierno, y todo por sacrificar tu condiciÃ³n de soldado al servicio de OdÃ­n â€" entonces ella extendiÃ³ la mano, diciendo â€" Ahora ven... tenemos un largo viaje, general Vallmar.

Vallmar agarrÃ³ la pequeÃ±a mano de Jertti, entonces los dos se desvanecieron en una bola de luz pÃºrpura, que se fue volando de Valhalla, cruzando las barreras directo hacia Nieflheim. Sin embargo, mientras cruzaban Midgard, la velocidad del viaje hizo que Vallmar se le desprendiera un brazo de su cuerpo, y el libro, que saliÃ³ de la mÃ¡gica burbuja, cayÃ³ al suelo, sin saber donde iba a parar por las densas nubes del cielo, haciendo que los dos gritaran de pena.

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Mientras tanto, en Midgard, los escuadrones de Valquirias seguÃ­an atacando y avanzando por la costa, hasta llegar al puerto. El ejÃ©rcito presente intentaba descubrir que era aquella jaurÃ­a de gatas que venÃ­an y que eliminaban a aquellos enemigos de fantasÃ­a sin esfuerzo alguno. Cuando ellas llegaron a los muelles, la escena era horrible: Los vagones de carga estaban desparramados y puestos de formas inimaginables, habÃ­a montaÃ±as de chatarra, y varios barcos estaban flotando con agujeros y golpes en distintas zonas o incluso fuego, a pesar de la dura tormenta que estaba arreciando, ademÃ¡s de la improbable presencia humana.

Hilde, junto con otras lideres de escuadrÃ³n, contemplaron al LeviatÃ¡n y a Sirin. Una de las lÃ­deres torciÃ³ la cabeza, diciendo â€" HabrÃ¡ que luchar contra la demonio, ese LeviatÃ¡n tendrÃ¡ la piel de acero, asÃ­ que el ataque a distancia no nos servirÃ¡, necesitaremos fuerza bruta.

Otra lÃ­der asentÃ­a, mirando como de los muelles se abrÃ­an umbrales con una niebla de color rojizo rodeÃ¡ndoles, entonces dijo â€" Una de nosotras tendrÃ¡ que ocuparse de la hembra demonio, y las demÃ¡s cerraremos los umbrales. El resto podrÃ¡ ocuparse de las invasiones que vienen.

Hilde dio un paso adelante, diciendo â€" Entonces irÃ© yo, vosotras ocuparos de los umbrales.

Otra de las lideres dio un respingo, diciendo â€" Â¡Estas loca, Esta no es como los gigantes de Jotunheim, Hilde! â€" pero ella negÃ³ con la cabeza, mientras corrÃ­a para buscar un lugar para despegar y asÃ­ llegar a donde LeviatÃ¡n.

El resto de lÃ­deres se girÃ³, viendo al ejÃ©rcito, entonces una de ellas gritÃ³, agarrando su arma â€" Â¡Adelante! Tenemos que cerrar los umbrales de Nieflheim.

El ejÃ©rcito de valquirias empezÃ³ a cargar contra los zombis que salÃ­an de los umbrales de los muelles. Cuando una de las lÃ­deres llegÃ³ delante de uno de los umbrales, extendiÃ³ la mano y entonces su cascabel empezÃ³ a brillar, y entonces esta empezÃ³ a susurrar en lenguaje rÃºnico. El umbral empezaba a cerrarse, reduciendo su tamaÃ±o hasta que se disolviÃ³, dejando en un destello de luz.

Sirin notÃ³ como algo iba mal, entonces girÃ³ la cabeza, gruÃ±endo, gritando â€"Â¡ No os lo permitirÃ©, sucias gatas, LeviatÃ¡n! â€" y asÃ­, la bestia lanzÃ³ un chirrido y sacudiÃ³ su cola, creando una ola gigantesca. Una de las lÃ­deres valquirias se fijÃ³ en la sacudida y entonces agarro su arma, un martillo gigante, clavÃ¡ndolo en el suelo de un martillazo y gritando â€" Â¡Pared de roca!

Tras el martillazo, el mar cerca de los muelles empezÃ³ a temblar, y de estas emergiÃ³ una gran pared gruesa de roca de varios metros, deteniendo la ola y creando una lluvia intensa por unos segundos por el agua de la parte superior de la ola. Sirin gimiÃ³ de disgusto. Entonces Hilde, quien habÃ­a sorteado las corrientes con sus alas de acero, se posÃ³ en el lomo de LeviatÃ¡n, a dos metros detrÃ¡s de Sirin. La general de Nieflheim posÃ³ la mirada en la joven valquiria, sonriente, diciendo â€" Vaya, vaya, una visita inesperada...

Hilde frunciÃ³ el ceÃ±o de forma seria, clavando la mirada en Sirin mientras desenfundaba su espada larga, exclamando â€" Me llamo Hilde, valquiria al servicio del dios Ã†sir OdÃ­n, Â¡y vengo a detenerte por invadir un mundo reino sin permiso! â€" Sirin soltÃ³ una leve carcajada, sacando entonces su lanza, girÃ¡ndola con destreza y gritando â€" Â¡Pues entonces, en guardia, gatita!

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Hilde agarrÃ³ su espada mientras Sirin mantenÃ­a la punta de su lanza baja. La lluvia y el viento intensos rozaban los pelajes de ambas luchadoras. Sirin levantÃ³ su lanza, intentado estocar a Hilde, pero entonces la gatita se desplazÃ³ a la derecha, tratando de asestar un tajo vertical. Sirin bloqueÃ³ el tajo cruzando la espada con su arma, de forma que chocaran y ambas forcejearan. Hilde se puso a empujar y le dio una patada a Sirin, de forma que ambas guerreras se repelieran. Hilde trataba de ponerse en pie, pero Sirin fue mÃ¡s rÃ¡pida, y entonces empezÃ³ a correr sobre el lomo de LeviatÃ¡n, para luego crear una lluvia de tajos de su punta de lanza. Hilde trataba de bloquear los relampagueantes tajos con su espada, hasta que uno de los tajos le hiriÃ³ el vientre, haciÃ©ndole un corte y haciendo que se echara atrÃ¡s, gimiendo de dolor y pena. Sirin sonreÃ­a mientras que Hilde posaba la mano en la herida, haciendo que esta brillara para usar su magia curativa. Sirin se fijÃ³ en la acciÃ³n de la gata, asÃ­ que flexionÃ³ las piernas mientras levantaba su lanza para un gran salto. La perra puso la punta de su lanza hacia abajo para un golpe en picado, mientras la gatita intentaba curarse a si misma. Hilde mirÃ³ hacia arriba, entonces se levantÃ³ y rodÃ³ hacia atrÃ¡s, evadiendo a su oponente. Sirin, sin querer, habÃ­a clavado el filo de su arma en la carne de su mascota, haciendo que esta se retorciera de rabia y dolor. Las luchadoras se cayeron con la sacudida, agarrÃ¡ndose a la piel de la bestia, pero se levantaron cuando esta se detuvo, entonces Hilde aprovechÃ³ para correr y cruzar un tajo en el costado de ella, de forma que la gata se deslizara y se girara mientras la rival se levantaba enfurecida por el daÃ±o que habÃ­a provocado a su querida criatura. Hilde levantÃ³ su gran espada con ambas manos, golpeando hacia delante y creando un tajo plateado que cortaba el aire, dirigiÃ©ndose hacia Sirin, pero entonces se defendiÃ³ bloqueando el ataque de la valquiria, corriendo para asestar una estocada mientras el filo de su lanza brillaba en un azul marino. Hilde se fijÃ³ en como el arma se volvÃ­a un cuchillo acuoso, asÃ­ que dio un paso atrÃ¡s, esquivando la estocada de Sirin, se acercÃ³ a ella de nuevo Â&nbsp;y aprovecho para golpearle con el mango de su arma. SirÃ­n dio unos pasos atrÃ¡s, para que al final Hilde saltara, girando en el aire gritando â€" Â¡Golpe celestial! - el acero del arma brillaba con luz cegadora, cayendo en picado junto con su portadora e impactando contra su oponente canina, asestando el golpe de gracia que faltaba. Sirin dejÃ³ su arma por efecto del golpe y cayÃ³ al suelo, malherida, pues a pesar de no haber sido cortada, el golpe la habÃ­a causado daÃ±os internos, haciendo que se cayera de rodillas sobre el lomo de LeviatÃ¡n. Jadeando, empezÃ³ a toser sangre, susurrando â€" No es... posible, yo... una general de Nieflheim... una invocadora de alto nivel... he perdido â€" para despuÃ©s gritar de forma agÃ³nica y aguda, mientras se transformaba en una columna de luz en la que su cuerpo se desvanecÃ­a, como una sombra entre el brillo celestial. Hilde se cubriÃ³ ante la gran columna de luz que atravesaba las nubes oscuras, que hizo chillar a LeviatÃ¡n y haciÃ©ndolo caer al mar, hundiÃ©ndose en un gran chapuzÃ³n. Hilde pudo saltar a tiempo para aterrizar en el puerto y mirar como la bestia sucumbÃ­a al no tener una invocadora que pudiera materializarlo. Estaba cansada, jadeando y de rodillas, pues habÃ­a usado gran parte de su magia para el golpe final. El resto de las valquirias, que habÃ­an terminado de sellar los umbrales, se dirigieron hacia ella, a medida que las nubes desaparecÃ­an y el sol mostraba sus rayos radiantes. Hilde se levantÃ³, recuperando el aliento y mirando como la misiÃ³n habÃ­a tenido Ã©xito, y mirando a sus hermanas dijo â€" Â¡Hermanas, volvamos a casa!

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Las valquirias asintieron con jÃºbilo mientras desplegaban las alas para cruzar las nubes y asÃ­ cruzar la pared de niebla que llevaba a Asgard. Cuando llegaron y aterrizaron delante del BastiÃ³n, OdÃ­n estaba delante de la entrada, con una expresiÃ³n seria en su rostro, mirando a sus hijas de un modo frÃ­o y poco alegre. Hilde empezÃ³ a caminar y se acercÃ³ a OdÃ­n, diciendo â€" Padre, hemos conseguido repeler el ataque de Nieflheim, misiÃ³n... - pero OdÃ­n puso la mano delante, como orden de silencio.

  

El dios creador cerrÃ³ los ojos y dijo a su ejÃ©rcito â€" Estoy decepcionado con vosotras, hijas mÃ­as, a pesar de haber luchado bien, habÃ©is sido engaÃ±adas. Han robado el Libro del Cosmos â€" entonces las gatitas se sorprendieron, creando un bullicio sin precedentes, pues tampoco creÃ­an que tal cosa pudiera ocurrir.

OdÃ­n ordenÃ³ silencio y dijo â€" Por lo tanto he decidido castigaros: TendrÃ©is que vivir en el mundo de Midgard y luchar contra los demonios hasta que el Libro del Cosmos sea recuperado, ademÃ¡s de que rescatÃ©is al resto de valquirias secuestradas. No volverÃ©is a pisar Asgard hasta que vea el libro Â¿Entendido?

Hilde gruÃ±Ã­a de rabia, pero al mirar el poder de su padre, OdÃ­n, se enderezÃ³ y respondiÃ³ â€" Si, padre...

OdÃ­n sonreÃ­a diciendo â€" Ahora abandonareis este lugar y buscareis un lugar donde sobrevivir. Cada una puede ir donde quiera, sola o acompaÃ±ada. Y sobre los ataques en Midgard, hemos planeado entre todos los dioses un modo de ayudaros.

Las gatitas se entristecieron, mientras se preparaban para cruzar la pared de niebla para vivir en el mundo de Midgard, entonces OdÃ­n les dijo â€" Buena suerte, y sabÃ©is que no aceptarÃ© el fracaso â€" mientras OdÃ­n miro como sus hijas empezaban a marchar, se fijÃ³ en Hilde, diciÃ©ndole a ella â€" Por cierto, Hilde... hemos encontrado a Tyris herido e inconsciente... esta profundamente dormido.

Hilde gimiÃ³ - Â¿CÃ³mo? No puede ser, Â¡dejadme verle!

OdÃ­n negÃ³ con la cabeza â€" Se pondrÃ¡ bien, pero ahora tienes que marcharte con tus hermanas.

Hilde mostrÃ³ una mueca de enfado, que en realidad era por la tristeza que la inundaba y enfurecÃ­a. Su padre sabÃ­a de antemano que ella adoraba a Tyris. Ella se girÃ³ lentamente y se dirigiÃ³ a la pared de niebla, cruzÃ¡ndola junto con el resto de sus hermanas, pensando en sus adentros "Tyris... te... amo..."

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Y asÃ­, OdÃ­n mandÃ³ a sus hijas, las valquirias, gatas destinadas a guiar a los caÃ­dos y defender los humanos, a Midgard, donde tendrÃ­an que luchar contra los demonios con la ayuda de los mortales, rescatar a sus hermanas secuestradas durante las batallas y encontrar el Libro del Cosmos antes que los seÃ±ores de Nieflheim.

Mientras las valquirias llegaban para Midgard, los dioses pusieron seÃ±ales por todo el mundo para el plan principal de la guerra: Los varones mayores de edad tendrÃ­an de ir al ejercito como medio de defensa para la Tierra, mientras que jÃ³venes y mujeres debÃ­an quedarse en las ciudades, aplicÃ¡ndose esta ley en todos los paÃ­ses debido a que los gobiernos recibÃ­an bendiciones y milagros de los dioses por seguir este plan. AsÃ­, las gatitas se esparcieron por el mundo. Cuando Hilde aterrizÃ³ con el resto de su escuadrÃ³n, es decir, sus hermanas, en un bosque, suspirÃ³, mirando al cielo, recordando a Tyris. El escuadrÃ³n se asentÃ³ en el bosque en pocas horas, mientras los miembros charlaban entre sÃ­ para saber y repasar lo poco que habÃ­an aprendido de la vida mortal en sus lecciones, como el resto de sus escuadrones en cualquier lugar.

Hilde estaba sentada en una piedra, entristecida, mirando a sus hermanas mientras pensaba en Tyris, como que quizÃ¡s el estarÃ­a soÃ±ando. Entonces Agnetta se sentÃ³ a su lado, con ojos dudosos, preguntÃ¡ndole â€" Â¿Hermana, estas bien?

Hilde, que saliÃ³ de su trance, miro a Agnetta diciendoâ€" SÃ­, tranquila, Agnetta...

Agnetta se sentÃ³ a su lado, mirando hacia arriba y despuÃ©s a Hilde, diciendo â€" Hermanita... siempre he tenido una pregunta... Â¿De donde vienen los gatitos? â€" Hilde se sonrojÃ³ enseguida, mirando atÃ³nita a Agnetta, recordando el momento de la tarde que pasÃ³ con Tyris, pero Agnetta continuÃ³ diciendo - Â¿Lo sabes? â€"

Hilde se mordiÃ³ el labio, mirando hacia abajo avergonzada, pero respondiÃ³

â€" S...SÃ­, lo sÃ© â€" haciendo que Agnetta mostrara una mueca de asombro.

La gatita rosa se puso cerca, exaltada, diciendo â€" Â¿Ah, si, y como es? Quiero saberlo...

Hilde suspirÃ³ y se puso a explicar paso a paso lo que Tyris le explicÃ³ a ella el dÃ­a anterior. Unas horas despuÃ©s, tras la compleja explicaciÃ³n, Hilde acabÃ³ diciendo â€" Y de ahÃ­ vienen los gatitos.

Agnetta se quedÃ³ boquiabierta y nerviosa, hasta que empezÃ³ a correr hacia el resto de sus hermanas y empezÃ³ a explicar a todas lo que acababa de descubrir: el sexo. El resto de sus hermanas se quedaron con la misma expresiÃ³n de ella, y entonces, en menos de un dÃ­a, todas las valquirias ya sabÃ­an bÃ¡sicamente que era el sexo, el Ãºnico tabÃº que no se podÃ­an permitir.

Con el tiempo, las gatitas encontraron una mansiÃ³n gigantesca perdida en el bosque, convirtiÃ©ndola en su base de operaciones. PodÃ­an ocupar poco espacio al poder convertirse en gatitas reales, o incluso encontrar lugares donde vivir para cada una. TenÃ­an todas las comodidades, aunque empezaron a encontrar lo que podÃ­an, para asÃ­ disimular su presencia de los humanos: ropas, comida, bebida, muebles... hasta empezaron a sentirse maduras pues eran tratadas como niÃ±as, solo por descubrir la independencia. Poco a poco, la gente del mundo empezÃ³ a ver a estas gatitas, hasta que acostumbraron al no ser hostiles, ademÃ¡s de ser enviadas por los dioses, pero sin saber que en realidad estaban siendo castigadas.

Aun asÃ­, lo que ellas, un ejÃ©rcito de valquirias guerreras divinas, no sabÃ­an que el destino las preparaba para las incontables batallas y eventos de la guerra que solamente acababa de empezar.

_CONTINUARÃ..._

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