La iniciación

Story by MrBLAZIKEN on SoFurry

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Esta historia pretende contar la vida de una pokémon dentro del culto "De vuelta a lo salvaje", desde el punto de vista de ella donde el lavado de cerebro que ha sufrido la ha puesto totalmente en el sentido equivocado de la realidad.


Lo recuerdo como si fuera ayer, pero fue hace diez años, yo solo era una pequeña Ponyta, mi vida se basaba en seguir a mi madre a donde fuera, a cualquier pueblo, a cualquier sendero, incluso a cualquier mazmorra. Siempre detrás de ella, recuerdo las batallas que ella tenía con otros pokémon, como a veces teníamos que huir y sobre todo como ella siempre trataba de educarme, enseñarme lo que era correcto e incorrecto de la vida... y por más que me duela admitirlo, ella no siempre tenía la razón. Hoy, mientras mis ojos se encuentran vendados por tela de Spinarak la recuerdo, y... me enorgullezco tanto, pues esto es exactamente por lo que ella pasó aquel día tan especial.

Hace diez años fue el principio de todo, por fin habíamos encontrado un buen pueblo, un Carracosta algo viejo nos rentaba una casa, aunque la cuota no tenía nada que ver con las pokemonedas, ni con frutas, tampoco objetos que encontráramos, lo único que aquel viejo quería era la boca de mi madre. Todas las noches la veía, él visitaba nuestro pequeño hogar, apenas dos cuartos y una sala, ninguna puerta más que la que daba al exterior, era imposible esconder un acto así, pues siempre era lo mismo, él se sentaba en un pequeño montículo de barro, abría las piernas y era cuando podía verlo por unos segundos desde detrás del arco que separaba los cuartos: era enorme menos a mi así me parecía, de un color gris como ceniza y ondulado como una alga, con la base más gruesa que el resto, siempre se paraba hasta casi los hombros de aquel Carracosta, en ese entonces no sabía ni que era, pero a día de hoy me enorgullece saber que aquello que mostraba todas las noches a mi madre era su pene.

Las mismas palabras resuenan en mi mente a día de hoy "puedes empezar, y recuerda tragártelo todo", era cuando mi vista cambiaba a ver el trasero equino de mi madre, su cola de fuego iluminaba perfectamente aquél ano redondo, su propia piel más oscura forzaba la vista hasta sus tetas, aunque estas no eran muy grandes, el único defecto que ella tenía, aunque esto no la detuvo, sus piernas abiertas y aquella vagina que parecía que me invitaba a acercarme, aunque en ese entonces nunca lo hice, era una vista maravillosa, una vista que no sabía apreciar por miedo y desconocimiento, pues siempre quería ver más allá de sus tetas, ver el miembro de nuestro casero, quería verle desaparecer en el hocico de mi madre, quería aprender más, quería saber si yo podría hacerlo, ahora me doy cuenta que tuve que dar ese paso... pero... ahora ya es muy tarde, y aún así, no me arrepiento. Todas las noches acababa cuando las flamas de mi madre se atenuaban, podía escucharla tragar, y solo cuando ella caía rendida al suelo era mi señal para correr de vuelta a mi cama y fingir estar dormida. La voz del Carracosta y su mismo elogio "ojalá no fueras de tipo fuego, así podría cogerte" seguida del jadeo de mi madre quien solo terminaba dándole las gracias.

Fue entonces, que un día, después de varios meses con esta rutina, mi mamá me había mandado a dormir como era de costumbre, y esperaba paciente en la puerta, mientras yo fingía dormir, esperándole también... y algo en nosotras dos se sentía... mal? era una ansiedad que crecía mientras, que empezaba a sentirse en la casa, pero él no llegó. No sé cuanto esperó mamá, no sé cuanto esperé yo, pero era la noche que más tarde me había quedado despierta hasta ese entonces, y cuando creía que la esperanza se había perdido la puerta tuvo un resonar, uno diferente, uno más suave, era una señal que no entendimos, pero mi madre se levantó para abrirle a quien lo estuviera haciendo, esperando ver al Carracosta y su enorme miembro. En su lugar, una figura más alta, oscura con unos colores violeta, unos colores que en su tiempo creíamos eran peligro, pero ahora sé que son amor. Pero no, este no es el día que recuerdo con tanta estima.

"Lamento interrumpirles" con tan solo esas palabras se ganó la confianza de mi madre, un olor suave, muy bueno, una escencia que no solo te relajaba, sino que fue la primera vez que sentí la necesidad de apretar mis piernas traseras, la primera vez que me encontraba humeda, ansiosa de un pene, pero que en su momento no supe interpretar, ese olor, el olor por el que he hecho cosas que ninguna hembra civilizada debería de hacer, pero que no es nada más que nuestra naturaleza reprimida.

Ella era de tipo fuego, o al menos eso nos dijo, junto a ella había muchas mini versiones de ella misma, pero todos eran machos, ¿Diez? ¿Quince? estaba tan nerviosa, confundida y excitada que no los pude contar, no sé ni que hablo con mi mamá, pero esa misma noche todos entraron, entraron solo para llevarse unas cuantas pokemonedas, unos objetos y a nosotras, nos rodeaban como una jauría, con la hembra que los comandaba al frente, sus ojos nos veían de arriba a abajo, podía sentir esas miradas tan lascivas hojeando mi trasero, revisando mi vagina y soñando con mis pequeñas tetas entre mis piernas, aunque toda la atención se la llevaba mi madre, con sus atributos naturalmente más grandes que los míos y con una experiencia que me sobrepasaba por decadas. Pensaba que eran enfermos, ahora sé que solo nos estaban halagando.

Mis pensamientos son interrumpidos. Puedo sentir algo dentro de mi ¿Será tipo roca? ¿Será primera evolución? no importa, no es mi deber saberlo, no es de mi interés tratarlo diferente, pues estoy aquí para ser preñada. Y mientras su ritmo crece también vuelven mis recuerdos.

Nos encontrábamos en una red de túneles muy grande, imposible de navegar sin un guía, para eso estaban los pequeños que nos habían llevado desde casa, Salandits, descubrí su especie por accidente, pero no importaba ya, ellos se movían por los túneles como si fueran agua, me guiaban a mi y a mi madre a nuestras tareas, asegurando que era una mejor vida, nos decían todos los días que no se necesitaba dinero, no se necesitaba objetos, no se necesitaba consciencia, pues hemos nacido de una forma, una forma que los legendarios nos quitaron, y que solo las mazmorras podrían regresarnos, todas aquellas palabras... ¿Cómo fui tan estúpida para no creerlas en un principio? quizá... quizá eso sea lo único de lo que me arrepiento.

Los días pasaban, nos llevaban a diferentes habitaciones, veíamos cosas, muchas cosas, hembras y machos, haciendo aquello que el Carracosta amaba tanto de mi madre, pero lo que más veía eran Salandits, yendo y viniendo con tantas hembras pudieran, Charizard, Blissey, Dunsparce e incluso Digglets. No importaba la especie, si era hembra, ellos tratarían de fornicarla, pero no a mi, ni a mi madre, solo éramos llevadas de un lado a otro, eramos introducidas a nuevas especies, a nuevas habitaciones y siempre terminábamos el recorrido con un sermón de la líder quien nos trajo, la evolución de todos aquellos que se movían en los túneles sin complicación, esa Salazzle nos repetía lo mismo: *la civilización no es natural, solo tenemos un propósito en la vida, las mazmorras nos regresan a nuestro verdadero ser. * Todas palabras que eran muy confusas en su entonces, pero ahora no puedo vivir sin ellas.

No sé cuanto pasó, pudo haber sido una semana, unos meses, o un año, pero este día lo encontramos, en lugar de la Salazzle que nos predicaría encontramos a nuestro líder, el verdadero ser, quien lo sabe todo y siempre está en lo correcto, él... él ni si quiera es un pokémon... ¿O sí? no importa, no hay nadie como él, él y solo él sabe lo que nosotros somos realmente.

Nuevamente soy traída a la realidad, puedo sentir una presión increíble entre mis piernas, se siente como dos... no, tres... ellos se están peleando por preñarme, como me gustaría ser capaz de decirles que todos pueden intentarlo, que todos pueden hacerme tener un huevo, pero yo solo soy su receptáculo, no es mi decisión y tampoco está en mi poder interrumpir la naturaleza real de nuestro ser, ellos lo solucionarán, y sino, es solo natural que los tres penes me llenen al mismo tiempo. Al parecer, después de un tiempo, se han tranquilizado... o quizá solo yo ya me he acostumbrado, para esto fui entrenada.

Regresando a ese día, éramos muy pocas, mi madre, una Absol y una Mightyena, ambas serían mis compañeras a partir de ese día, y también había quien me llamó más la atención, una Dragonite, no era de otro color como había rumores, tampoco poseía habilidades diferentes, pero su cuerpo era particularmente diferente, en la parte de su pecho había dos bultos, habían dos... tetas... tal como las de mi madre, tal como las mías a día de hoy, pero... ella no las tenía entre las piernas, y ella era un tipo dragón, no era posible ¿O sí? a pesar de la impresión, este tampoco es el día que tanto añoro.

El líder nos explicó que la Dragonite era más rara que alguien con algún lunar, alguien de diferente color o incluso una leyenda, sus "pechos" como él los llamó, eran una mutación horrible causada por la "sobrecivilización", cada palabra terminaba con un golpe a las tetas de la Dragonite, una palmada, un pellizco, un puñetazo, pero la Dragonite no se movía, solo le agradecía, por todas y cada una de las cosas que nuestro líder le hacía, él follaba su rostro, usaba su sexo, tenía placer a costa de ella, siempre de una nueva forma, siempre demostrándonos que no importaba el pokémon, ni su mutación, al ser una hembra ella debía cumplir un propósito... aquel propósito era traer al mundo más pokémon salvajes. Fue entonces que entendimos, la razón por la que habíamos sido elegidas, por la que no éramos tratadas como todas las hembras de las cuevas, nosotras cuatro no regresaríamos a las mazmorras para convertirnos en otro pokémon salvaje más, nosotras teníamos un rol más importante, un rol elegido por el mismo líder, un rol, que tras ver la humillación, resentimiento y felicidad por la que había pasado la dragonite entendimos era necesario. Ahora solo era cuestión de poner de nuestra parte y entender nuestro lugar.

Siento aquellos tres miembros vaciarse en mi ser, los tres... al mismo tiempo, lentamente saliendo, salpicando y dejándome en la posición que merezco, hecha un desastre, pero todavía estaré mucho tiempo más aquí, así que esto no es lo peor que me pueden hacer, tendré un poco de descanso... lo odio, para esto no es mi cuerpo, para no serle útil a un macho salvaje. La parte buena es que no tardará mucho hasta que otro me encuentre y por fin sienta lo que debo sentir, útil.

Mientras tanto puedo pensar en mi entrenamiento, el inicio, espléndido día... y sino hubiera otro este sería el día que añoro tanto, pero no lo es. Las 4 nos encontrábamos en el lugar, mi madre Rapidash, la Absol, la Poochyena... yo ** una Ponyta**, todas en este nuevo cuarto, el único que le daba una luz que no fuera de antorcha, una luz externa, una ventana. Frente a nosotras se encontrarían cuatro machos, mi primer macho, un Blaziken ¿De los demás? no sé, se nos dijo no enfocarnos en nada más que en nuestro macho y yo quería impresionarlos, estaba orgullosa, estaba ansiosa, sabía que iba a dar todo de mí... excepto que... fui una vergüenza... o al menos lo hubiera sido de no ser por mi mamá.

Aquél peleador con fuego se puso frente a mí, su miembro rojo salía de una funda, se alargaba cada segundo, un centímetro detrás de otro, seguido con un aroma horrible, un aroma que hace mi cabeza dar vueltas, me hace dar arcadas, un aroma al que ahora soy adicta. Le miré con terror, me quedé congelada, ni una Deerling se quedaría en tanto shock como yo en ese momento, había soñado tantas veces con el señor Carracosta pero nunca imaginé la realidad, yo era una espectadora en mi casa, pero nunca hubiera sido una jugadora, no, hasta sentir el suave toque del hocico de mi madre.

"Sé que me viste con el señor Carracosta, y sé que sabes hacerlo" fueron sus palabras, ella... había roto una regla, una muy importante, solo para ayudarme "Así que hazlo, hazme sentir orgullosa", fueron sus palabras, mi madre sabía que sería castigada, y yo... no quería que eso fuera en vano, ese día... ese día demostré mi potencial, y aunque todo es borroso aun recuerdo la sensación en mi garganta, la dificultad para respirar y los gruñidos así como los cumplidos del Blaziken que usaba mi garganta para masturbarse, a día de hoy le sigo agradeciendo, pues no fue gentil, no tuvo piedad, me demostró mi propósito y la realidad de como se usa mi cuerpo, gracias.

De pronto un toque, un apretón a mis tetas, alguien las empuja una a la otra y... duele, las está mordiendo, puedo sentir sus colmillos tratando de penetrar la piel de mis tetas sin lograrlo, duele... eso es bueno, me está arrastrando al morder mis pezones juntos y jalándome desde ellos por los pasillos de este piso, quizá un Durant... o tal vez un Houndour, no importa, seguramente me llevará a su nido para que él, sus hermanos y cualquier otro miembro de grupo me usen a voluntad, un juguete para morder o solo un agujero para embestir con sus miembros, la decisión es suya, yo lo aceptaré, ese es mi trabajo.

El dolor en mis tetas me hace recordar el castigo que sufrió mamá ese mismo día, ella desobedeció una orden directa, una orden para entrenarla, su castigo iba a ser peor de lo que realmente pasó, una pena de ser degradada y llevada a los túneles de bajo nivel donde las otras hembras no tendrían más opción que ser los agujeros para machos desesperados... pero... eso no pasó. En su lugar, ella recibió un castigo especial, pues el líder estaba sorprendido de que ella tratara de enseñarme a ser tan obediente y útil para este mundo como ella ya lo era, y puedo recordarlo... la Absol... la Poochyena... y yo, vimos como mi madre era colgada boca arriba, desde sus tetas, su boca abierta... oh Arceus... no dejes que este recuerdo se vaya nunca, su hocico, sus labios, esa lengua que naturalmente se caía por la gravedad, la única vez que desee ser un macho en mi vida, estar en el otro lado... pero eso fue antes de entender mi verdadero propósito.

Tres horas, un poco más que eso, recuerdo haber empezado a contar cuando nuestro líder metió su enorme miembro en ella... aquella cosa tan gigante que invadía su estómago, ahora estoy celosa, las tetas de mi madre son golpeadas sin piedad por un látigo cepa que no conocía el descanso mientras su misión era tragar, chupar, beber, lamer... todo lo que pudiera hacer con su hocico, entiendo que yo no podría recibir tal castigo, yo no era digna de la atención del líder, e incluso a día de hoy sigo sin serlo... pero, él sabe más que yo y nunca lo cuestionaría.

Algo caliente, muy caliente entra en mi ser, no sé si alegrarme de ser tipo fuego o no, eso quemaría mi entrepierna sin problemas, pero no sé que es, nuevamente no soy yo quien decide como se usa mi cuerpo, podría pasar todo el día en el suelo sin ser usada y eso solo demostraría que no valgo la pena, al menos estoy feliz de que alguien se divierta con mi cuerpo, alguien me encuentre lo suficientemente útil como para malgastar su tiempo conmigo... aunque... nunca podré quitarme el temor de que ese alguien sea una hembra, un masturbador como yo pero que no sabe su lugar, si ese es el caso es mi deber llevarla a las cuevas con el líder, pero nuevamente, no soy yo quien decide eso, yo soy un juguete para los pokémon salvaje, no soy una reclutadora como aquella Salazzle.

Salazzle... pensar en ella me hace ir unos años atrás, el día en que evolucioné, un día tan especial... el día en que casi me usa el líder, si él lo hubiera hecho este sería el día que mi corazón añora más... pero no, este no es el día que más preciado recuerdo. En este día me encontraba encima de mi mamá, estábamos recibiendo entrenamiento de nuestro rol, aún recuerdo que los machos capturadores nos usaban después de sus expediciones... al menos a mí, ellos querían agujeros apretados, tetas jóvenes y usar el mínimo esfuerzo, yo era perfecta en ese tiempo para eso, solo tenía que acostarme encima de mi madre, sus tetas apretaban contra las mía, amarraban nuestros pezones con telaraña o enredaderas y entonces los machos pasaban a usarnos, a masturbarse, si alguna de nosotras tenía un orgasmo sería castigada... mi mamá nunca tuvo problemas, pues ignoraban su vagina al tener la mía justo encima, una más pequeña, una más acorde a lo que buscaban, y yo... yo sabía que tenía que hacer mi mejor esfuerzo... ese día por fin lo logré.

Después de que diez capturadores me habían usado, yo... yo aún no me corría, no solo era mi primera vez que completaba este reto, sino que lo había hecho superando las expectativas, cinco o seis machos era lo usual para considerarse satisfactorio ¿Pero diez? a decir verdad no recuerdo ni como quedé ¿Piernas temblorosas? tal vez... ¿Estómago redondo lleno de esa maravillo semilla? eso era obvio ¿Tetas alargadas por como las jalaban siempre que me usaban? bueno... eso... eso en realidad me había ayudado a resistir más de lo que esperaría, concentrarme en el dolor hacía que cualquier placer disminuyera considerablemente... Y fue cuando escuché su voz, no eran sus palabras habituales, no era un sermón y tampoco una reunión, simplemente le escuche dirigirse a mi, poner su mano sobre mi retaguardia como si él fuera su dueño... a decir verdad en ese momento lo hubiera aceptado, pero sé que yo no lo pertenezco a nadie, yo le pertenezco a la naturaleza. Su voz, fue directa, fuerte y con orgullo "Felicidades, casi me dan ganas de follarte para que falles la prueba, pero no eres tan importante". En ese día... en ese día fue cuando lo supe, que yo había nacido para estar aquí y seguirlo a donde quiera, hacer lo que él me dijera y aceptar mi lugar en este mundo. En ese momento, yo no me di cuenta, pero había cambiado, era más pesada, era más grande pero sobretodo tenía unas tetas mejores que las de mi madre, redondas, más jóvenes, firmes y sobretodo más grandes, me sentí mal de estar tan feliz de haberla superado, pero, ella me miró, me dejó sentir su hocico contra el mío y me hizo sentir lo orgullosa que estaba, este día... este día fue muy bueno.

Algo entra en mi garganta, era grueso, era duro, un poco áspero, esto no era el miembro de un macho... ¿O sí? si lo era, jamás descubriría de quien se trata, ni si quiera su tipo, o su tamaño, pero no es que importe, yo solo debo lamer, chupar, tragar, con mis habilidades. Así que lo hago, enfocarme en mamar esto que invade mi garganta hace que pueda resistir el dolor en mis tetas mejor, eso es bueno, pues así podrán divertirse más con ellas, todo mientras esa cosa caliente entra y sale de mi sexo tan húmedo, que lo recibe como una madre a su hijo... una madre...

El recuerdo me pone triste, no debería, aunque también me pone feliz, este día no era diferente de los demás, pero lo recuerdo por que fue cuando mi madre recibió su iniciación. Esta se llevaría a cabo en los bosques escondidos, un dungeon peligroso en palabras de aquella Salazzle, todas fuimos, el líder así lo quiso: la Absol, la Mightyena... ah, claro, ella también evolucionó casi al mismo tiempo que yo, mi madre y yo, no era mi primera vez en una mazmorra, pues siempre buscábamos refugio en estos lugares cuando no se nos aceptaba en un pueblo, claro que nunca supe que tan peligroso era, no en ese tiempo, mi madre siempre se encargaba de asegurarse que saliéramos con vida... ¿Quizá por esto la Salazzle nos eligió? bueno, igual nunca le pregunté, no es de mi incumbencia, yo solo existo para servir.

Este día... me pone triste por que fue el último día que vi a mi madre, ella entró, justo como yo el día de hoy, con nosotros venían otros dos pokémon, ambos... los dos, nunca las reconocí, una parecía una especie de Spinarak gigante... color amarillo con azul, seis patas y fue la encargada de atar a mi madre, de pies a cabezas, pegarla en el suelo como si fuera una estatua, al menos su pecho, el culo tan hermoso de mi madre estaba totalmente expuesto, de la pequeña esfera de carne en la punta de su sexo había una pinza, una pinza que cuando pienso en ella me hace encogerme, esa pinza dolía, apretaba la esfera tan sensible de mi madre y colgaban de ella una baya, una fruta que se encargaba de atraer a los pokémon de la mazmorra... sus tetas, aquellas tan redondas, también tenían esas pinzas en los pezones, aunque nada colgaba de ella, además, aquella red que la obligaban a quedarse estática, pasaban una corriente eléctrica a un ritmo lento, una o dos veces cada hora, con el fin de mantenerla despierta.

El segundo pokémon que estaba con nosotros era uno de los capturadores, ya lo había visto antes, también de color amarillo aunque él se paraba en dos patas como mucho de los dragones, aunque sabía que no era de ese tipo, pues con el objeto de su mano hizo una especie de conjuro, al simplemente moverlo de un lado a otro, en ese momento me acuerdo que fuimos instruidas en quedarnos quietas, en silencio y solo observar, no fuimos instruidas con el posible castigo como siempre, tampoco hubo amenaza de ningún tipo, supongo que la Salazzle así como los otros dos pokémon desconocidos sabían que no haríamos nada por detenerlo, y... así fue.

¿Cuántas horas? no sé, esta vez no conté, solo veía a machos llegar, de todos los lugares posibles, algunos volaban, algunos se arrastraban, pero todos tenían el mismo objetivo, utilizar a mi madre para su placer y desquitarse tanto como pudieran. Pude ver como la follaban, en su vagina, en su ano, entre sus tetas, contra su rostro, contra su trasero, muchos penes, tantos tamaños, tantas formas, siempre acariciando y moviéndose contra el cuerpo de mi madre, aunque ellos eran simples, solo la usaban para tener un orgasmo e irse, sin palabras, sin un segundo pensamiento, sin una preocupación por el bien de ella, algo a lo que ya estábamos acostumbradas, aunque ellos nos ignoraban, al resto de hembras en el cuarto, y al macho también, seguramente gracias al conjuro de aquél ser amarillo.

Después entendí que todos esos eran pokémon salvajes, simplemente instruidos por instinto, y nuestro principal objetivo, si somos follados por uno de ellos ya estábamos cumpliendo nuestra misión... eso me gusta. Mi madre, ella lo aceptó, ella entendió mucho antes que yo su deber, y nunca hizo por irse, pelear o resistir, en ese momento supe el nombre de nosotras, nuestro rol en esta sociedad, supe que éramos "las criadoras", nuestro propósito es ser usadas por los pokémon salvajes machos y darles tantos huevos como podamos... y eso, eso es exactamente lo que mi madre hacía en ese momento, lo que yo hago en este momento con mi mejor habilidad.

Soy distraída de ese día, puedo sentir el aire entrar a mis pulmones nuevamente, al menos por unos cuantos segundos antes de que un miembro tan enorme entre en mi garganta, reemplazando aquella cosa que antes estaba ¿Cómo sé que este si es real? se siente vivo, palpita y me alimenta con ese liquido transparente a la que soy casi adicta, pero el tamaño, y la manera con la que se mueve, lento, lo está disfrutando, preparó mi garganta para su miembro... él definitivamente no es un salvaje, eso es malo, pero... yo no elijo, al menos tengo la suerte de que seguramente una vez terminando con su placer me abandonará aquí... bien, eso es lo que quiero.

Es entonces que lo recuerdo, Salazzle se levantó, miró a mi madre y fue la primera vez que la escuche decir algo con su voz real "ella está lista", yo miré a mi madre, sonreí, me sentía orgullosa, me sentía tan feliz, pues no sabría que era la última vez que la vería... aunque, sé que ella no es una pokémon salvaje, pues regresé a esa mazmorra como parte de una sesión, y jamás la vi... espero que esté donde esté ella siga siendo útil a nuestro propósito.

Escucho voces, eso me enoja, los pokémon salvajes no hablan, ellos gruñen... ellos rugen... ellos rasguñan cuando me usan, sea quien sea que está usando mi garganta ahora se está corriendo... es una cantidad grande, realmente enorme, yo bebo como reacción, después con intensidad, no solo por instinto pero sé que si lo hago su semilla no correrá en mi ser, estoy aquí para ser preñada por los salvajes, no por algún bandido o explorador, no es la primera vez que pasa y sé que no será la última, pues incluso si hoy es mi último día consciente siempre habrá algún macho que me usará para su placer hasta el final de sus días.

Siento mi estómago crecer, este macho no salvaje se ha corrido demasiado, siento presión, me agito un poco pero respiro alto para no alterarme, le escucho hablar, no me importa que diga, al menos creo que se va, escucho los pasos y esa cosa que se encontraba tan caliente dentro de mi ser, sale poco a poco, no había notado cuando dejó de moverse, igual no importa, pues no se trata de un salvaje, y entonces... soy dejada en el suelo, amarrada, tal y como quería, bien... pero... el tiempo, esperar me hace recordar... no puedo evitarlo, y no sé si está bien o mal.

Más años pasan en mi mente, tantas cosas... la iniciación de Absol... la conversión de mightyena... y entonces... mi propia inciación, este, este día lo recuerdo como si fuera ayer, pero... fue... hace... diez años... ¿Cuánto tiempo he pertenecido a la organización? ¿Cuántos huevos he brindado desde ese día? ¿Y todos los años antes que eso? ¿Quince? ¿Veinte? mierda... odio cuando mi mente se llena de dudas, mejor trato de concentrarme en ese día, y como yo fui en ese momento el ejemplo, yo por fin era lo que mi madre fue para mi, un ejemplo a seguir para futuras generaciones, sé que había una Braixen, sé que se encontraba un Slowking, y sé que Salazzle trajo a las futuras criadoras para ver su rol, tal como lo hizo conmigo, este día... hace diez años, este día, este día. Lo, Amo.

Mis ojos tapados como hoy, mi trasero al aire, ahora no era telaraña eléctrica sino una especie de enredadera, esta apretaba con sus espinas mis tetas, mientras podía sentir lo que mi madre ese día, mi clítoris, mi parte más sensible, atrapada en las pinzas y jalada por una fruta que no podía ver, no les escuchaba, no importaba, no era mi deber, y por fin el momento que esperaba... lo sentí, el primer miembro de un pokémon salvaje, el que iniciaría todo, el primero de muchos, nunca supe de qué pokémon fue, nunca lo sabré, y nunca lo intentaré saber, este es el objetivo, mi objetivo, ser un recipiente para él y muchos más pokémon salvaje.

Minutos que se volvieron horas, quizá días ¿Una semana? escuchaba algunas voces, no sabría de quien son, podía sentir mis agujeros ser usados, penetrados sin piedad por minutos, uno tras otro, entonces detenerse por horas, todo mientras yo permanecía igual, bebía todo lo que me metieran a la boca, dulce, salado, viscoso o fluido, caliente, frío, solo lo bebía, la iniciación... este acto, llamado así por que era el punto clave, de una manera u otra seríamos iniciadas, si teníamos suerte terminaríamos como un pokémon salvaje, uno de ellos, regresaríamos a la naturaleza como se nos había prometido y no tendríamos que preocuparnos para nada, pero... todos estos años no eran para transformarnos en pokémon salvajes, no a nosotras, no a las posibles criadoras. Pues si de verdad merecíamos esta tarea, el destino nos liberaría, nos liberaría de las ataduras para repetir el proceso de nuevo en otra mazmorra, tener tantos huevos de pokémon salvaje como podamos tener y entonces retirarnos para volver hacerlo, así hasta que la naturaleza decidiera reclamarnos de vuelta a ella... esta naturaleza siempre lo haría, si soy útil como una criadora seguiré sintiendo los miembros de pokémon salvaje entrar en mi, una y otra vez, y el día que me vuelva inútil seré convertida en uno de ellos... este día, cuando por fin pude ser útil y fiel a lo que entrené por tanto tiempo, este día es el que siempre recordaré y tomaré para continuar con mi deber, mi deber de serle útil como una yegua de parir, solo soy un recipiente para sus huevos.

Maldición, me distraje tanto en mis pensamientos que no supe cuando empezó, alguien... no... dos, tres, tres miembros entran en mi vagina, se pelean, se corren y vuelven a follarme, una y otra vez, se sienten tan bien, dejan tan poco espacio en mi vagina, la van a arruinar, algo golpea mi teta, sé que es accidente pero se siente tan bien, y me siento tan orgullosa, no he tenido ningún orgasmo... aunque no puedo recordar cuando fue la última vez que tuve uno, hace dos años, quizá tres. Uno de ellos sale e inmediatemente es reemplazado, sonrío, esta brutalidad, esta necesidad por su propio placer, estos son pokémon salvajes los que ahora se divierten con mi vagina, me encanta, pero no puedo dejar que mis sensaciones se apoderen de mí, soy una simple juguete para ellos, su placer es el que importa, no el mío, aunque... gemir... no puede ser tan malo ¿Cierto?

Ellos terminan y toca esperar... otra hora, aunque no ocupo contar los minutos ni los segundos, me he vuelto buena sintiendo el tiempo que pasa, al menos ahora puedo sentir unas manos agarrar mis tetas, son manos grandes, son bastantes gruesas y fuerzan a mi trasero a levantarse del suelo, duele, bien, está usando mis tetas para poner mi retaguardia contra su miembro, simplemente me nivela con ellas y aunque siento su miembro acariciar mis labios, él apunta al agujero más pequeño y tibio que se encuentra justo debajo, mi ano. Un empuje es más que suficiente, pero claro, este macho quiere más que eso, empieza a embestirme sin piedad, me encanta, me hace pendulear desde mis tetas, adelante, atrás una y otra vez, duele, pero, es su derecho, me hizo dudar al principio, pero sé que este pokémon también es salvaje, seguramente se encuentra en celo, ha detectado que no soy de su grupo para poner un huevo en mí, pero seguramente sabe que al menos podrá aliviar su necesidad con mi cuerpo, bien, su decisión, yo solo tengo que recibirlo, no importa si lo disfruto.

Su agarre se resbala, se ha emocionado demasiado, me deja caer contra el suelo... duele, y siento como su orgasmo llueve sobre mis tetas y mi redonda pelvis, aún estoy llena del esperma de aquél invasor no salvaje, se corre mucho, rayos... si eso hubiera entrado en mi vagina seguramente me hubiera preñado, pero nuevamente, no es mi decisión, él sabe lo que hace, y si cree que no soy lo suficientemente buena para tener su huevo, entonces tiene razón, solo su criterio es necesario.

Horas pasaron, y pasarán así, nuevos miembros que me usan, otros tantos que regresan, no puedo moverme del piso, pero al menos estoy en una mazmorra muy difícil, la he elegido por que muchos pokémon de muchas especies se pierden aquí, lo que significa que hay más variedad de pokémon salvaje, y eso significa que tengo más probabilidades de encontrar uno compatible, y quizá... quizá el día de hoy mi suerte de diez años se acabe y por fin me una a ellos como una pokémon salvaje.

Claro que eso es ser muy optimista, pues la naturaleza tiene otros planes, escucho a alguien exclamar "Oh por Arceus", es... un explorador, acaso aquél pokémon que llenó mi estómago los llamó? que importa, la venda en mis ojos es arrancada, lo que veo es un Tyranitar... rayos, si el fuera salvaje sería un buen día, agarra mi cabeza, sonríe, odio esa sonrisa, él no entiende, no entiende mi propósito, pero no importa, no es mi deber explicárselo, solo tengo que ser follada y parir huevos, aunque parece que en esta mazmorra no hubo suerte. Aparecen otros dos pokémon detrás de él, una Samurott y un Luxray, ella... ella tiene tetas, pero, no entre sus piernas traseras, sino justo en frente de sus piernas delanteras... ella.. ella es la razón por la cual soy necesaria en este mundo, me enfurece, ella no es como la naturaleza la quiere, el líder la dominaría y la convertiría en lo que es, una basura para masturbarse, pero, no puedo hacer nada...

Ellos siguen hablando, tratan de hacerme hablar, preguntan cosas, no lo sé, no me importa, trato de calmarme, sabía que esto podría pasar, que alguien podría "rescatarme", así que por fin me levanto, agarrando una orbe de escape que escondo en mi pezuña, miro al suelo y la aprieto contra el suelo, siento aquella luz cálida, aquella luz que me envuelve, y así como los vi ahora ya no, pues me encuentro fuera de la mazmorra, en algún camino que no reconozco a primera vista... bueno, no importa, no podré regresar a esa mazmorra hoy, y quizá no por un mes, pues ellos me buscarán, he perdido mi orbe, igual no importa, conseguiré otra al beberme el esperma de algún viajero o mercader a cambio de ese objeto, ahora, solo toca buscar la siguiente mazmorra y repetir el proceso...

Algún día... algún día estaré con los salvajes, aunque... si muero antes de que eso pase, entonces sabré que siempre le fui útil a la naturaleza como criadora, a pesar de mis fallas y errores, si diez años no han sido suficiente, yo seguiré sirviendo a mi líder hasta el final de mis días... ahora, tengo que seguir, dejar de recordar y volver a ser útil a los machos salvajes. Es con este pensamiento que doy el primer paso, caminando por este sendero, con mi objetivo claro en mente, yo, solo soy, su juguete, el criadero de los pokémon salvajes.