Opresión (Spanish)
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The original (and how it should look) story is in a PDF file, right HERE.
_I will only transfer both the "PROLUGE (PROLOGO)" and "Chapter 1: New beginnings (Cap 1. - El Nuevo Comienzo)" on this post. _
The book itself is fully written on Spanish! There's not (yet) an English translation.
I'm still trying to find out how to post separate chapters on this website!
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“La gente nunca está convencida de tus razones, de tu sinceridad, de tu seriedad o tus sufrimientos, salvo si te mueres.” - ** Albert Camus**
PROLOGO
Mi vida era una maravilla.
Creo…
Nacido como un lobo gris.
En un planeta azul llamado Esfero, dentro de un país llamado Tlazotla.
Llamado Esteban sin razón aparente o posiblemente con razones aparentes.
Y, cometí un crimen… Contra mí misma especie… Un canino (o similar, si se podría decir).
¿Cómo sucedió todo? Bueno, el resumen:
Me mude a Estados Tecnocráticos de las Américas para ejercer un trabajo de oficinista en una empresa.
Dicha empresa era la más grande de todo Estados Tecnocráticos, la Zena Telecommunications and Software Corporated o abreviado como “Zena-Corp.” o simplemente “Z– CORP”.
La verdad mi trabajo en Zena-Corp era una mierda, a lo mucho que hacía era recopilar datos para digitalizarlos como un trabajador promedio en filas y filas de XCEL. Sinceramente, aunque era una mierda mundana, la paga era demasiado decente, tanto que pude pagarme un buen traje para ir a trabajar a costo de tener que comer al día.
Creo que el traje era algo innecesario, pero mi padre siempre llevaba uno para trabajar… Tal vez esto da una elegancia burocrática que te hace ganar más dinero o parecer más apto para el trabajo donde te tienen todo el día tecleando y tecleado, yo no sé la verdad.
Todo iba bien (en su medida), cuando llego un nuevo compañero de piso (una hiena de aspecto gracioso, la verdad); nunca supe su nombre ni muchas cosas sobre él, pero sí sé que era de la Federación de Bazaroveni y era demasiado raro por su forma de actuar.
Digo, el tipo no me daba buena espina. Siempre trataba de estar lejos de nosotros, casi no nos respondía los emails de trabajo y se pasaba a altas horas de la noche dentro de la oficina.
Eso fue mi “curiosidad” que mato al “gato” (o lobo, en este dicho caso).
Trate de investigar a que iba todo esto… Ahí inicia todo.
Era el tres de marzo de 2020… O algo por el estilo… Recuerdo que era marzo por mi reloj. Fui a las seis de la mañana al distrito financiero de George D.C. (muy temprano para la hora que tenía que ir a trabajar realmente), ya que el tipo no se fue desde las siete de la tarde del día anterior y seguía ahí.
Cuando llegue a la entrada del edificio, estaba el conserje, Pedro, quien era un perro dachshund ya algo viejo. Apenas estaba abriendo la puerta del edificio.
¡Señor Esteban! – dijo sorprendió. – Pero… ¿Qué hace tan temprano aquí? Digo, su jornada empieza hasta las siete y media… – se rasco la cabeza.
Oh, Pedro… ¡Es mi nueva rutina! Llegar temprano alivia muchos males… Como… Ehm… La “hocholitis”. – dije algo inseguro, no sabía si me creería.
Pedro se limitó a verme raro y a dejarme pasar. Tal vez pensó que había perdido un tornillo o algo, que cuestionablemente era común en mí… Creo y pienso, no sé cuál sea la visión objetiva de los demás sobre mí. Y si la tuvieran, me valdría demasiado como para tomarla en cuenta.
Subí a toda velocidad por las escaleras, no quería usar el elevador para nada. Para cuando llegué, vi al tipo sentando enfrente de mi computadora y descargando archivos a una USB roja. (Vaya, ahora cualquier idiota puede creerse hacker).
Obviamente, el tipo se dio cuenta de mi presencia ya que le grite un “¡Hey, tu!” (Algo estúpido, ahorita que lo recapacito), esto causo que el sacara un cuchillo (y algo grande, creo que era militar) y tratar de apuñalarme varias veces.
- Za rodinu Bazaroven'!1– grito el tipo. No sabía su significado en ese instante…
1 ¡Por la patria de Bazaroveni! (Nota del Traductor.)
Y, como es mi costumbre, no recuerdo ni un carajo de que paso cuando le ataque en defensa propia… (Problema psicológico de ira hereditario de… Alguien, ¿mi abuelo quizá?… Qué cosas buenas me pasan, ¿no?) Recuerdo que tomé un teclado que estaba cerca de mi mano, y este se separó rápido de la maquina ya que era de conexión magnética y le metí un buen golpe con este directamente al hocico (vi cómo le había aflojado varios dientes y salía un buen chorro de sangre que dejo manchado a dos escritorios cercanos y mi traje). Y luego recuerdo que me tenía, detrás de mío, a dos policías que me tenían esposado y me llevaban a la patrulla (para el colmo las habían ajustado demasiado). Pude escuchar a las personas que pasaban cerca de mí me hablaban en un tono como si fuera lo peor de todo el mundo: “¡Psicópata, lanzaste a ese pobre hombre de un piso veinticinco!” o “¡Carajo, eres un enfermo!”.
(Logre ver las noticias, luego de un tiempo, pero tenían las imágenes censuradas. Pero gracias a internet, pude ver la imagen original. El pobre quedo con el cráneo destrozado y todo lo demás expuesto en todo el pavimento de la calle de Zena-Corp. La verdad sentí lastima por él. Y enojo conmigo por haber matado… Bueno, no del todo).
Para resumir todo. Fui sentenciado a veinte años de prisión por asesinato doloso. Así nada más.
Pero, este mismo, pasó a diez años al verificar que evite un robo de información masivo, con lo que quedo “sellado” como “asesinato heroico con dolosidad”. (Técnicamente, es “chinga tu madre” camuflado).
¿Por qué les cuento esto? No se… Ando aburrido y nadie ha escuchado esta mega– fabula– chaqueada sobre lo QUE sucedió DESPUES.
Una historia que parece ficción, pero en verdad sucedió.
Así, mis queridos amigos (si fuera Alex DeLargo), comienza todo.
La “Opresión” de la vida…
El resto, es historia.
CAP 1. – El nuevo comienzo
Veinte de febrero de dos mil treinta, siete con veinte de la mañana. – cito en su tonito monótono el policía robótico, que tenía apariencia de un zorro naranja, pero mal pintado – Carpeta de investigación “XX-77-BD”, titulada como “asesinato heroico con dolosidad”… Proceda señor Steve. – me miro con sus ojos de un led azulado profundo.
¿Proceder en qué? – dije molesto, esta estupidez de “recordar” tus acciones era meramente reciente. El gobierno quería hacerse el progresista al hacer recapacitar a los presos de sus acciones, pero no implementar mejoras sociales para que los niveles de crimen bajaran… Pero oye, el presidente es “la onda”. – ¡Llevo así un mes, justamente “procedí” ayer! – golpe un poco la mesa metálica, con la palma. – Esto es un jodido interrogatorio de hace diez años. Un pinche interrogatorio que no avanza de preguntarme la misma estupidez extremadamente redundante una y otra vez. ¡Carajo! –
Después de que fui juzgado por el “asesinato”, fui llevado a la Prisión Interestatal y Federal de Estados Tecnocráticos (quedaba al norte de la ciudad, lugar algo solitario en esa época), donde pasé diez míseros años esperando la libertad. Diez años de perderme la realidad del mundo, la tecnología y un buen aire que respirar.
Todos los días nos dejaban ver las noticias a la hora de la comida. Veía como todo Estados Tecnocráticos crecía tanto de espacio como tecnológicamente… Y también aumentaba el número de crímenes, de los cuales siempre salían siendo asesinatos a mano armada, robos, violaciones y de muchas cosas. (Pero yo tenía que proceder para evaluaciones “psicológicas” sacadas de la mierda).
También muchos secuestros para venta de órganos, como es debido en una sociedad actual y moderna.
También, por allá de 2027, hubo unos problemas con Bazaroveni (que raro). Al parecer ha habido algunos males entendidos entre Bazaroveni y Estados Tecnocráticos, mal entendidos que podían llevar a una guerra entre ambas naciones. Al final de cuentas, parece que en 2029 ambos gobiernos “pactaron” la paz. No lo creo del todo, se siente muy Guerra Electro del Siglo ese asunto.
(Hay que recalcar que, en este mundo, conviven tanto herbívoros como carnívoros, pero no se atacan entre ellos. La razón es simple: los puercos, vacas, aves y peces jamás evolucionaron como los demás, por lo que los carnívoros –como Esteban– pueden comer a gusto carne. Los herbívoros son muy amigables con los carnívoros, podría decirse que no existe racismo entre “depredador” y “presa”… A veces… [Nota del Autor])
“¿Cómo le ha ido hoy, prisionero número 4505?”, me preguntaban las maquinas dentro de la prisión.
“Jodete, chatarra electrónica.”, les respondía todo el tiempo.
Y todo el tiempo me llevaba toques eléctricos por “mal comportamiento”.
Señor Steve… Entendemos que usted ya está harto de todo el procedimiento. Y es aceptable. – continúo viéndome, sin quitar su tono. Era totalmente inquietante esos ojos falsos que eran diminutos leds azules. – Pero, es un requerimiento esencial para empezar el último papeleo de salida. El gobierno, o en este dicho caso que es el gobierno estatal de George D.C., quiere estar totalmente seguro de que no volverá a cometer el mismo error. – se detuvo un momento. – ¿Quisiera saber su situación actual? –
¿El estado de mi sentencia? – dije algo emocionado.
Sí. –
Pues, ¡claramente que sí! –
Bueno, como usted sabrá… Desde hoy, veinte de febrero del 2030, queda en total libertad. Aunque, hubiera sido libre hace un mes si no hubiera atacado a… –
- ¡Pero carajo, me iban a navajear! ¡Ustedes ni hicieron nada en el momento justo! Sí que son un par de inútiles de cables y metal de mierda… –
Señor Steve. – dijo de manera muy sería el robot. – Tengo un procesador de idiomas… Así que he entendido todo… Por favor, no proceda con ese lenguaje o será multado por cuatrocientos bohemios por irrespeto a la autoridad. –
Bueno, bueno… ¿Ya me puedo ir? –
Sí. –
¡Genial! Nos vemos luego. Te me cuidas. – me levante de la silla y ya casi iba de salida.
Espere, señor Steve. – dijo el robot. – Le tengo que ofrecer una invitación, de medio oficial dado por el estado. – imprimió una tarjeta de presentación de un color (horrible) rosa pastel, ya la conocía bien.
Era la tarjeta de un centro psicológico y médico, que quedaba por el centro de la ciudad… Hasta me la sé de memoria (desafortunadamente):
Lo tomare en cuenta. Enserio... – tome el papel enojado, lo arrugue dentro de mi puño, como si de un limón que no quiere dar jugo fuera. – Gracias. –
¡De nada! – dijo el robot en un tono muy mal hecho de felicidad. – Tenga un buen día, y… Espero no volver a verle aquí… Aun que sería bueno. –
Salí de la sala de interrogatorio y me dirigí a mi celda solo a recoger una cosa muy importante… Un calendario de palomas…Consistía en palomas vestidas de trabajadores, como bomberos o policías, incluso de aeromozas.
¿Por qué? No hay razón alguna de llevárselo, pero cualquier cosa que sea de ocio o un simple chiste, es de gran valor dentro de ese basurero.
Después, me fui a la puerta de salida. Me gritaron una variedad de insultos los otros prisioneros desde sus celdas, algunos de ellos tenían triple cadena perpetua por haber violado, matado, robado o corrupción, o todas (ninguno era político, obviamente; ellos tenían sus celdas personalizadas. Creo que lo llaman “arresto domiciliario” o alguna estupidez para gente con poder).
- Alto. – dijo una voz electrónica, aún más profunda que la del robot del interrogatorio (era el puerta– robot de la salida). – Iniciando escaneo de seguridad de rayos x. – se escuchaba un zumbido algo molesto, eran los escáneres viendo mis huesos y más allá, solo querían saber que no sacar algo de contrabando.
No tengo muy claro que le paso a los policías de pelaje y hueso.
Muchos de ellos empezaron a irse por ello del 2027, cuando iban metiendo poco a poco policías robot. Los primeros policías robot solo se encargaban de vigilar, pero llego a tal punto que ya hay robots en la cocina, robots en los interrogatorios e incluso robots de conserjes (viva la revolución tecnológica).
Entre los prisioneros les decimos “chatarras de mala calidad” (aunque sus nombres oficiales son “XX1– 77” para los guardias que parecen pastores alemanes, “XX1– 02” para los que son del interrogatorio que parecen zorros, pero de un color metálico feo y los “XX2– 01” y “XX2– 02” que son tanto de cocina y limpieza), ya que siempre perdían información que uno les daba.
- Escaneo completado, proceda a salir. – dijo la puerta robot, quien desactivo temporalmente el bloqueo magnético de la puerta.
Me dirigí al corredor, que daba a la pequeña caseta de “Entrega y Devolución de Cosas”. La caseta, la primera vez que entre, estaba operada por un leopardo regordete (gay de closet, posiblemente). Se llamaba Smiths, pero no sé porque todos optaban por llamarle “Mr. Muffins”.
Cuando llegue a la caseta, Muffins seguía ahí. Más viejo, pero seguía.
Oh, Steve. – dijo el nervioso, ya que andaba en su celular distraído, tal vez viendo el ultimo chisme de la semana en el mundo del espectáculo de Highwood. – Veo que ya te dejaron salir por fin. – me sonrió.
Si, Smiths… Ya estoy libre… Por fin. – dije en un tono de melancolía burlona.
He guardado tus cosas muy bien… Vuelvo pronto, están atrás. – se fue caminando a la parte trasera de aquella ridícula habitación pequeña.
Aún recuerdo las cosas que entregue cuando llegue… Mi smartwatch, mi celular, toda mi ropa (que era un saco negro, camisa cuello V de manga larga blanca, calcetines “ejecutivos” negros, pantalón negro con un patrón de rayas casi visibles, zapatos negros y una corbata de un color rojo muy vistoso), mi cartera (llena de unos cuantos billetes, una tarjeta de crédito (ya vencida) y la tarjeta para el transporte público) y creo que un chicle.
¡Aquí están! – dijo Muffins con una caja de cartón entre sus manos. – Tienen algo de polvo, pero una sacudida se le quita. –
Gracias Smith. – le dije y tome la caja, la cual me lleve al baño.
Dentro del baño, me empecé a cambiar, cerré la cabina con el seguro solo por las moscas.
“¿Tienes a dónde ir?” No.
“¿Por qué?” La mayoría tal vez están muertos, o están en Tlazotla, o ya no me quieren ni ver en foto, o todas o nada.
Salí del baño, ya vestido con toda mi ropa antigua, y por puro berrinche eché la ropa de la prisión en un bote de basura que estaba cerca.
Solo tuve que firmar unos cuantos papeles antes de salir y que me tomaran unas fotos previas (seguía guapo, al menos). Al salir, pude ver que si me perdí de demasiado. Y demasiado es una palabra extremadamente corta para dicha situación.
Había más edificios a lado de la prisión, lo cual era inexistente hace diez años tras… Incluso había un periférico de cuatro niveles y había una ruta nueva del metro.
Un robot solo me vigilo desde lejos, esperando que no tuviera la idea loca de regresar.
- Bueno, aquí estamos. – me dije a mí mismo.
Como no sabía que carajos hacer, decidí dirigirme a la estación de metro más cercana que vi. Cuando llegué, vi que ya no se llamaba “Metro” si no “LEVz”.
- ¿LEVz? – dije. – ¿Es comida energética o algo? – pensé que era publicidad en ese momento.
No le vi mucho la importancia al cambio de nombre, así que subí las escaleras que daban a la estación. Cuando llegué, vi que no había taquillas con anthrosapiens, las cambiaron por taquillas automáticas.
Me acerque a una para que recargara mi tarjeta del metro (aún seguía en la cartera) que tenía desde hace mucho, pero no vi ninguna entrada para recargarla, en su lugar había un gran código QR y la leyenda de: “Escanee en la app LEVz y recargue o compre”.
Podría haber usado mi celular para ello, pero ya tenía un software viejo y ni siquiera tenía pila, no sabía qué hacer… Estaba atascado.
¿Porque carajos todo tiene que ser tecnología en momentos como este?, ¡carajo! – me dije a mi mismo, estaba desesperado.
Disculpe, ¿requiere ayuda? – me dijo un guardia (que era real, no un robot) de seguridad.
Eh… Sí. – dije sorprendido, ya llevaba mucho sin ver a alguien vivo o real (o cualquier cosa que no fuera metal) llevando un uniforme de policía. – Es que… Mi celular es viejo y ya no puedo recargar mi tarjeta… –
No se preocupe, señor… Yo le puedo dar un pase, solamente deme un seno con cincuenta centavos como pago. –
Claro. – le di el dinero de papel arrugado y las monedas (ya oxidadas) y me llevo a las puertas de cristal (ya no eran torniquetes metálicos) y escaneo un código QR que estaba alado de la puerta, la cual se abrió al instante.
Tenga buen día. – dijo el guardia mientras se retiraba a hacer guardia.
Gracias. – dije y pasé rápidamente.
No tarde mucho en llegar al andén, en este había unas cuantos (o muchas, ya que era la primer hora pico de la mañana) anthros esperando y vi que no había vías (del todo) dentro del carril del metro, solo era una gran placa metálica muy reluciente.
Voltee a ver cuánto faltaba para el siguiente metro en una pantalla cercana y decía solamente “cinco minutos”. Por ello, voltee a ver más cosas. Había señales de “No Fumar” o de “Por Aquí” que eran LED (tenían hasta movimiento), varios espectaculares eran ya pantallas y presentaban videos cortos del producto, y al parecer ya había internet “de alta velocidad” (6G, al parecer) dentro del metro.
- El LEVz ha llegado, favor de dejar a los pasajeros bajar antes de subir. – se escuchó a través de un parlante, era una voz femenina sintetizada.
Cuando vi que llegaba el “metro”, me quedé boca abierto. No era el metro todo feo que había visto hace años, el rectángulo metálico… No, era un tren bala que flotaba.
Por mera curiosidad, pregunte a un desconocido a lado mío.
Una disculpa, ¿cómo es que funciona este metro? – pregunte en un tono incrédulo.
Electromagnetismo – respondió este sin voltearme a ver, estaba muy concentrado en su celular.
Pude ver como bajan muchos pasajeros del LEVz, todos iban vestidos de traje burocrático. Creo que se dirigían a los nuevos rascacielos de oficinas de la zona.
- Favor de abordar el LEVz. – dijo la voz sintetizada del “metro”.
Todos empezaron a subir y me llevaron entre ellos, no puede evitar salirme.
Dentro del “metro”, vi que había muchas más pantallas de lo normal, incluso el indicador de estaciones ya era una pantalla.
La siguiente estación es… Constitución de 1900. – dijo la voz sintetizada. – Por razones de seguridad, no habrá bajada en la estación… Van Gogh… Debido a protestas. –
Como siempre, protestas, protestas… – dijo un pasajero al que no le pude ver.
La puerta cerrara en cinco segundos, favor de no dejar pertenecías en el cierre de la misma. – volvió a hablar la voz sintetizada, a lo que dio al sonido típico para invidentes (aquel tu– tu– tu– tu).
Se cerraron las puertas de golpe y se escuchó un pequeño silbido electrónico, al parecer el “metro” empezó a flotar. Apenas ya estaba flotando y este salió disparado a una gran velocidad, pero no se sintió dentro de los vagones… Muy innovador la verdad.
Mire un reloj digital que estaba dentro del vagón y apenas eran las siete con cincuenta y tres minutos de la mañana.
Sabía que tenía que hacer al llegar a la siguiente estación…