Tengo un paquete para ti
(ADVERTENCIA: Contiene humor absurdo, violencia, sexo homorromántico y un plagio barato de los Power Rangers.)
Tengo un paquete para tí
-Escrito por grrside -
“¡Jodido gordo de mierda!” Gritó la salamanquesa rosada agarrando a su padre por sus tetas fofas rojas. “¡Me prometiste que jugaríamos hoy!”
Turk miró a su pobre hijo con lástima. “Lo siento mucho hijo, pero no me acordaba de que debía ir a la reunión de la asociación de comerciantes de Snoutville,” aclaró. “Sabes que si no voy sería malo para el negocio y tendríamos que cerrar la tienda, y te quedarías sin ingredientes para jugar a los científicos. De veras que preferiría quedarme aquí contigo...Pero, entiéndelo...”
“¡Argh! ¡Me da mucho coraje cuando no consigo lo que quiero!” Gritó Joseph Turk torciendo dolorosamente los gordos pezones a su padre a través de su camisa. “¡Es todo culpa tuya, te odio! Ni siquiera puedo salir de casa porque tiene que venir tu estúpido paquete, ¡me voy a aburrir un montón aquí sólo!”
Pobre JT, estaba a punto de llorar de su angustia. “No te preocupes, hijo. Tienes mucha imaginación, seguro que te diviertes jugando tú solo con tus juguetes.” Dijo su padre cariñosamente. “O con tu Xbox. O tu Wii U. O tu PS4. O tu Steam Machine.”
“¡Pero sin tí no es divertido!” Dijo el pequeño lagarto cruzándose de brazos. Su padre el gordo lagarto rojo se sentía en un aprieto. “Sólo serán unas horas hijo, luego jugaremos toda la noche, te lo prometo. Tú sé un buen chico en mi ausencia.”
“...¿Lo prometes?” Dijo JT, sus adorables ojos grandes color sangre mirando a su padre con esperanza.
“Lo prometo.”
“¡Yay! ¡Eres el mejor!” Dijo su hijo dándole una cariñosa lamida en la mejilla. Ah, era el hijo perfecto. Su padre debería mimarlo más.
Finalmente su padre se puso el abrigo y abrió el portón de la casa. “Pásalo bien, te he dejado un billete de 100 dólares sobre la encimera de la cocina por si te entra hambre y
quieres pedir algo.
“¿Sólo 100 dólares? Puff, qué mal está la economía.” Se quejó la salamanquesa. “Pero me las apañaré, tu ten suerte en la reunión, papá. Espero que aprueben tu propuesta.”
“La redactaste tú, ¡así que seguro que sí!” Afirmó su padre. “Seguro que nos conceden más productos importados de dudosa legalidad para tus jueguecitos. Bueno, se hace tarde. ¡Pásalo bien!”
“¡Adiós, papá!” Se despidió la salamanquesa con una sonrisa. Pero cuando su padre cerró el portón, una gran angustia invadió su estómago.
“Jope, qué grande es la casa sin ese gordo.” JT dió una patada a un jarrón que le daba rencor y este casi se resquebraja al impactar contra el suelo. “¿Qué lo pase bien, dice? Me voy a aburrir un montón.” El joven se dirigió hacia el salón y se sentó en el sofá mirando al reloj situado encima de la tele apagada.
“Qué lento pasa el tiempo. Joder, sólo soy un joven lagarto con las hormonas revolucionadas completamente solo en casa sin supervisión alguna y con acceso a todo tipo de entretenimiento para adultos gracias a internet. ¿Qué se supone que debo hacer para pasar el rato?” Se preguntó JT acostándose sobre el sofá y, como una cobra que acaba de oír la hipnótica melodía de su dueño, su polla tuvo una erección espontánea.
El lagarto miró al bulto de sus pantalones con indiferencia. “Bleh, eso me aburre.”
Como no lograba dormirse en el sofá para que las horas pasaran más rápido, JT acabó levantándose para mirar por la ventana. En el parque había un par de chicos de su edad charlando. JT les había visto ya varias veces, debían ser grandes amigos.
“Me ponen enfermo.” Dijo JT. “Seguro que yo sería un mejor amigo para los dos. Si alguna vez decido raptarles para que jueguen conmigo los transformaré en algo que les resulte humillante el uno para el otro. O quizá fusionarles. Seguro que cuando tengan acceso a los pensamientos de su supuesta gran amistad se darán cuenta de lo mucho que se odian.”
La polla de JT babeaba semen con los pensamientos de su maestro, pero JT seguía sin hacerle caso.
“Pero prometí a papá que no saldría de casa así que de momento nada.” Y la salamanquesa echó las cortinas. “Ojalá tuviera alguna víctima dentro de casa a la que torturar...”
Como si intentara incordiarle a posta, el bulto húmedo de la salamanquesa se asomó por la bragueta de sus pantalones.
“Joder, que cosa tan molesta. Siempre me está molestando mientras pienso. En fin, siempre puedo jugar con mis figuras de acción imaginándome que están vivas...Nah...”
La salamanquesa rosada era muy sádica. Si no estaba causando daño a nadie, no gozaba de placer. Hacerle daño a un objeto no tenía gracia si no estaba vivo.
“Dios, se me acaba de ocurrir una idea grandiosa.” Dijo JT. “Tengo a la víctima perfecta aquí mismo, no sé cómo no se me había ocurrido antes.” Su polla se prendió de excitación extrema, deseosa de acción. “Hoy mi víctima va a ser...¡Mi picha!” Su polla se desinfló totalmente, disimulando. “¡Jajaja, mira quién se acaba de volver flácido! Tú y yo vamos a pasar un buen rato, pollita de lagarto.”
Claro que JT no iba simplemente a jugar a torturar su pene. Eso sería masoquismo, y la salamanquesa lo que quería era hacer sufrir a otros. Pero es fácil hacer que una parte de ti deje de ser tuya, sólo hay que cortarla primero.
La salamanquesa fue a toda prisa a la despensa de la casa, donde guardaba los productos de la tienda de su padre que no lograban venderse.
“Veamos, lo único que necesito es un poco de anestesia improvisada para el corte, unas venditas y celo para que ni mi víctima ni yo sangremos, un poco de esta droga para que mi víctima no se pudra nada más separarse, y...¡Oh! Pegamento para cuando terminemos, que una salamanquesa rosada sin pene no intimidará demasiado a sus futuras víctimas.”
Cuando la salamanquesa tuvo todo lo necesario se lo trajo todo a su habitación, mezcló algunas sustancias y finalmente sacó unas tijeras bien afiladas de un cajón.
“¡Jejeje me encanta jugar a los científicos!”
JT se quitó sus deportivas rojas y sus calcetines grises, se bajó los pantalones azules con una figura personalizada blanca en el lateral, que le gustaba pensar que eran dos flechas que significaban el cambio y la transformación, y finalmente quitó sus calzoncillos de color beige.
“¡Mmm! ¡Qué liberador!” Dijo la salamanquesa moviendo su cola y sus genitales libremente.
Ahora lo único que JT llevaba era una chaqueta verde que dejaba ver su esquelético pecho de su piel grisácea con algunas marcas naranjas.
“¡Bien! ¡Vamos al lío!”
JT no desperdició ni un sólo segundo en la operación. Primero se inyectó algo de anestesia casera en su entrepierna, luego cogió las afiladas tijeras y aunque no eran tan precisas como un bisturí la salamanquesa agarró sus huevos y polla con firmeza y se recortó los genitales con gran maestría. Esta parte era más delicada, JT vertió algo de su droga casera por el agujero que sangraba por detrás de su polla y acto seguido tapó la hemorragia con algo de vendajes y celo. Luego sólo era cuestión de repetir lo mismo con la hemorragia de su entrepierna vacía, limpiar todo el desastre de su habitación, lavarse las manos, esperar una horita a que la droga hiciera efecto, y entonces el juego podría empezar de verdad...
***
“¡Ay, ay, ay! ¡Esto pinta fatal!” Exclamó el teniente Rossi mirando el gigantesco monitor ante él. “¡Es un código 114, repito, código 114! ¡Estamos perdidos!”
“¡¿Código 114?!” El capitán Alexanders gritó con asombro. “...¿Cuál código era ese?”
El teniente casi se cae al suelo ante la ineptitud del capitán. “Err...Simplemente eche un vistazo a lo que han captado nuestros radares, capitán...” Rossi introdujo algunos comandos en un panel y el monitor hizo un zoom dramático sobre todo el sistema solar hasta llegar a la Tierra. “Un ‘Ente Alienígena Malintencionado’ se dirige hacia nosotros a toda velocidad. Según nuestros análisis, si este ente llega a penetrar nuestra atmósfera y dispara contra nosotros toda la corteza terrestre será completamente...¡ay! ¡aniquilada!”
“Yo prefiero el pan sin corteza, en realidad.” Comentó el capitán.
“Haré como si no hubiera oído eso...Me refiero a que todo el planeta, ¡caput!” La simulación por ordenador mostró cómo el gigante ente disparaba su rayo contra el planeta, destruyendolo en pedazos.
Alexanders por fin se dió cuenta de la gravedad de la situación. “¡Cielo santo! ¡Es terrible! No hay más remedio...Es hora de llamar a...” El capitán hizo una breve pausa dramática. “¡¡¡LOS SLIGHTLY SMASHING SPACE RANGEEEEEEERS!!!”
En la otra punta del planeta, cinco adolescentes con pinta de ser demasiado mayores para seguir en el instituto recibieron una señal de auxilio en sus pulseras Slightly Smashing.
“Parece que el deber nos llama...¡Parece que, muy a nuestro pesar, vamos a tener que saltarnos nuestro examen de matemáticas para ir a salvar al mundo!” Se disculpó el líder del grupo al profesor antes de que los cinco adolescentes saltaran atravesando las ventanas de la clase.
“Siempre me vienen con la misma excusa...” Dijo el profesor enfadado. “Por lo menos podrían usar la puerta, tenemos que reemplazar los cristales cada semana...”
Los cinco chavales se incorporaron e hicieron un par de poses innecesarias. “¡Adelante, equipo!”
“¡PODERES SLIGHTLY SMASHING ACTIVADOS!” Gritaron al unísono mientras unas armaduras de tecnología avanzada se materializaban sobre sus ropas.
“¡Space Ranger Azul listo, hora de patear traseros alienígenas!”
“¡Space Ranger Verde lista y preparada para la acción!”
“¡Space Ranger Rosa listo para romper estereotipos sexistas sobre los colores!"
“¡Space Ranger Amarillo listo para ser el único asiático del grupo!”
“¡Space Ranger Rojo listo para ser el indiscutible líder! ¡Y ahora llamemos a nuestros robots!”
Tres minutos de relleno en los que sólo se veían robots gigantescos apareciendo uno a uno para luego fusionarse en un solo robot humanoide más tarde, los cinco guerreros justicieros ya estaban en sus puestos listos para repartir leña.
“¡Dios santo, mirad el tamaño de esa cosa!” Dijo el Ranger Azul señalando al ente alienígena al que se acercaban.
El Ranger Amarillo parecía algo molesto. “Bleh, los he visto más grandes.”
“¡Da mucho asquete!” Dijo la Ranger Verde.
“Ugh, menos mal que dentro de nuestro robot no podemos oler el apestoso hedor que desprende...” Dijo el Ranger Rosa.
“¡Chicos, concentraos! ¡Si no destruimos ese repugnante monstruo antes de que penetre la atmósfera toda la Tierra será destruida!”
El gigantesco robot agarró los costados del ente e intentó desviar su trayectoria, pero no parecía surtir efecto.
“¡Maldición!” Blasfemó el Ranger Rojo. “¡Es bastante persistente! ¡No vamos a tener más remedio que destruirlo!”
El robot se preparó para darle un puñetazo, pero el monstruo verde presionó su cabeza contra el pecho del robot, empujándolo hacia la atmósfera.
“¿Qué haces? ¡Nos arrastra consigo! ¡Debemos contraatacar!” Dijo el Ranger Azul.
“¡Eso intento pero esta bestia es incontrolable!” El Ranger Rojo machacaba su panel de control como loco.
El ente recibió una buena tunda de puñetazos en toda su jeta, pero esto no parecía frenarlo, de hecho sólo parecía volverlo más grande y poderoso.
“¡Está absorbiendo los daños!” Exclamó el Ranger Rosa.
“¡Es inútil usar la fuerza bruta, o de lo contrario nos devolverá los ataques con el doble de potencia...”
El teniente Rossi apareció en los monitores de los guerreros justicieros. “¡Ay, ay, ay! ¡El ente llegará a la atmósfera en dos minutos! ¡Os lo rogamos rangers, acabad con él!”
“¡Debemos encontrar su punto débil! ¿Pero cuál podría ser?” Dijo la Ranger Verde.
“Ya hemos intentado machacar su torso y darle tortazos a su cara de un solo ojo, pero eso solo lo hace crecer más y más...” Dijo el Ranger Azul.
“Considerando su anatomía lo único que nos queda por probar son sus piernas, pero la verdad, no creo que sean su punto débil...” Dijo el Ranger Amarillo.
“¡Pero es nuestra última oportunidad!” Exclamó el Ranger Rojo. ¡Todos los monstruos tienen su punto débil, y si esa es la única parte que nos queda por probar, debe ser esa! ¡Todos a una!”
Los cinco Rangers pulsaban sus paneles a la vez, el robot centrando todas sus energías en golpear las piernas del ente.
“¡KIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!” Chilló el ente sumido en un inmenso dolor.
“¡Eso es! ¡Sus patéticas patitas redondeadas son su punto débil!” Dijo el Ranger Rosa.
“¡Apenas nos queda tiempo, será mejor que usemos ya mismo nuestra mejor baza!” Ordenó el Ranger Rojo. “¡Adelante, rangers!”
El robot hizo un par de poses bastante ridículas. “¡ESPADA SPACE RANGER!” Gritaron todos al unísono y una inmensa espada se materializó en la mano del robot.
Una sonrisa apareció dentro del casco del Ranger Rojo. “¡Hora de cortarle las patas al monstruo!”
“¡KIAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! ¡KIAAAAAAAAAAAAAA! ¡KIAAAAAAAAAAAA!” Gritaba el monstruo al ver lo afilada que estaba esa espada. Intentó darse la vuelta y huir, pero entonces el robot lo agarró bien fuerte del cuello. Pero justo cuando estaba a punto de amputarle sus partes más sensibles, el alienígena miró a la cabeza del robot, donde estaban los rangers.
“¿Qué intenta hacer?” Se preguntó el Ranger Rojo.
El torso del monstruo verde comenzó a temblar, sus patas encogiéndose, su ojo sobresaliendo mucho más y...
“¡AAAAARGH, ME CAGO EN TODO!” Gritó JT dejando caer su modelo a escala del robot de los Slightly Smashing Space Rangers al suelo. “¡Puta polla! ¡Este modelo ya no lo venden en tiendas!”
La salamanquesa fue a por un rollo de papel higiénico para limpiar el semen que su pene había disparado contra su robot. Su pene se quedó en el suelo sobre un charco de su propio esperma, poco a poco perdiendo su erección.
JT limpió su figura a fondo, pero no había forma de quitarle el olor a semen. El lagarto estaba cabreadísimo con sus genitales. “¡Con lo bien que me lo estaba pasando jugando a los Space Rangers y va el pene y lo arruina todo en el último segundo!” Cuando JT volvió a su habitación ahí seguía su pene, ahora hecho un gusano muerto y desinflado en el suelo. JT lo recogió. “Dios, estás hecho un asco. Será mejor que te des un baño.” Dicho y hecho. JT llevó su pene al cuarto de baño y tiró el insolente órgano al retrete. El chico le dió vueltas a la idea de jalar de la cisterna y perder su órgano para siempre, pero al ver que su polla se empezaba a empalmar con la idea decidió dejarlo en un simple escarmiento.
*¡Ding, dong!* sonaba el timbre del portón.
“Qué raro, si aún no he pedido la pizza...Ah, debe ser el paquete para papá...” La salamanquesa abandonó el cuarto de baño dejando su pene nadando al lado de un mojón de su padre. JT ni se molestó en ponerse pantalones antes de abrir la puerta, total, sin chorra entre las piernas nadie se escandalizaría.
Travis el chihuahua, el cual había visto suficiente porno de índole homosexual a lo largo de su vida como para darse cuenta de que el recurso de un hombre musculoso llamando a la puerta siempre acaba en una escena de sexo duro y no en un lavavajillas arreglado, era el que portaba el paquete de JT. Un perrete joven, de pelaje marrón corto, unos abdominales marcados en el gimnasio y unos ojos azules bien grandes que le daban una apariencia de chico bueno e inocente. Llevaba puesto una sencilla camisa de manga corta blanca con el logo de su empresa de logística, unos vaqueros, y un pequeño piercing rosa en su nariz cuyo color llamativo era una forma de expresar lo orgulloso que era de ser gay sin tampoco llamar demasiado la atención.
Sus puntiagudas orejas se pusieron en alerta al escuchar el pestillo del portón siendo retirado, pero se llevó una sorpresa cuando en vez de el gordinflón rojo de siempre un jovenzuelo bajito fue el que lentamente abrió la puerta.
“¿Quién es?” Dijo JT usando el portón como escudo. A Travis la timidez del chico le pareció encantadora.
“¿Casa de los Turk, pequeño?”
“Sí.” Dijo el chaval con una débil voz.
“Tengo un paquete para ustedes. ¿Estás solo en casa?”
“Sí.” Respondió el chico de nuevo.
Travis sacó un formulario y un bolígrafo del bolsillo trasero de sus vaqueros. “Necesito que me firmes aquí, ¿puedes acercarte un momento?”
“Ah, bueno.” JT salió al pasillo como si nada y no fue hasta que terminó de firmar hasta que el perro se dió cuenta de que el chico estaba desnudo de cintura para abajo.
“¡JO...PÉ, cielo santo!” Exclamó el perro. Con el temor de que algún vecino viera como había forzado a un chico a salir desnudo de su casa y se pensara lo peor, Travis agarró al chico por los hombros y lo llevó de nuevo para adentro.
“¡Ah, pero qué...!” Gritó JT cayendo al suelo.
“Menos mal que he reaccionado a tiempo.” Dijo Travis cerrando el portón con pestillo. “Si alguien llegara a pensar que yo fuera uno de esos acosadores que se tiran a jóvenes estaría jodido de por vida.”
“¡¿Pero quién te crees que eres?!” Decía JT rascándose la cabeza. “¡Entrando en mi casa para tirarme!”
“Acabo de aclarar que yo no me tiro a jóvenes, sólo quería que nadie te viera y...Coño...” Travis se quedó con la boca abierta al darse cuenta de algo.
“Eso no explica por qué has entrado en mi casa...” Dijo JT cruzándose de brazos. Pero Travis no miraba a los brazos de JT, ni a sus ojos, sino a su entrepierna.
“Eres macho, ¿verdad?”
“Claro que sí, acaso no ves mis hue...Ah, es verdad, no los tengo. Por eso no me preocupé por salir sin pantalones.”
“Pero...Wow...” Travis había visto porno de salamanquesas pero todas tenían pene y huevos externos. ¿Acaso este chaval era especial? Ver la entrepierna completamente llana del chico le hacía sentir raro. Nunca antes se había planteado que alguien sin pene fuera tan...atrayente.
“¿Te estás poniendo cachondo?” Preguntó JT, el perro poniéndose rojo de la vergüenza.
“No te lleves la impresión equivocada es sólo que...Joder...” Decía Travis sin apartar la vista de las ingles verdes.
“Si quieres te dejo jugar conmigo.” Propuso el chaval.
“¿En...En serio?”
“Si, total, estoy solo en casa.” Dijo JT, refiriéndose a que no tenía a nadie con quién jugar a videojuegos, pero Travis se imaginó otra cosa. “A lo que quieras. La condición es que luego me tienes que dejar jugar con tu polla.”
A Travis esa le parecía una condición bastante generosa y no opuso queja alguna.
“¿Bueno, pues a qué quieres jugar?” Preguntó JT sentándose en el sofá. El cuero frío le hacía cosquillas en sus nalgas. El perro se sentó junto a él y le puso el brazo por encima.
“Dios, joder, joder, joder. No le toques la entrepierna aún, que a lo mejor se escandaliza....” Travis con su mano peluda acarició la mejilla escamosa del chico. “Jeje, eso sienta bien.” Dijo JT.
“Puedes sentir mis músculos si quieres...” Susurró el perro al ver que el chico no terminaba de reaccionar. JT se encogió de hombros como si tampoco tuviera tantas ganas, pero bueno luego podría jugar con el pene del perro y eso lo hacía valer la pena.
El perro se quitó la camisa y JT no supo muy bien cómo reaccionar.
“Vamos, siéntelos...”
La salamanquesa agarró los abdominales inferiores del perro y los estrujó un poco.
“¿Así?”
JT hizo lo mismo con los abdominales superiores de la tableta de chocolate, con sus pectorales, y el perro soltó un gemido cuando JT casi le arranca los pezones.
“Umm...Mejor te enseño como se hace.” Travis le quitó la chaqueta verde al chico y empezó a lamerle los pezones.
“Jeje, haces cosquillas.” JT se estiró instintivamente para que el perro lamiera más abajo. Antes de que se diera cuenta ya le estaba lamiendo el ombliguito.
“Jijiji...” Se seguía riendo el lagarto. El perro siguió bajando más y finalmente llegó a su zona púbica.
Lamer una entrepierna completamente lisa era una experiencia nueva para el perro. Le resultaba muy excitante lamer a un chico sin pene, era como si cada vez que lamía esa entrepierna de sudor dulce le estaba recordando al chico su ausencia de virilidad y eso le ponía bastante. Travis siempre había sido muy dominante.
A JT le estaban comiendo la entrepierna pero sin genitales se sentía como si le lamieran cualquier otra parte menos inapropiada del cuerpo.
“¿Ya has terminado?”
“¡Qué va!” Travis dijo dando un par de palmadas en la entrepierna vacía. “Ahora viene lo mejor...” El perro se desabrochó el cinturón y el bulto en sus bóxers era impresionante. JT se lo pasaría de fábula jugando con él luego. Y no sólo el tamaño, su forma también era deliciosa, puesto que cuando el perro se quitó la ropa interior sus genitales humanoides se balancearon para la delicia del gustoso JT.
“Joder, para no tener pene si que sabes cómo tocar...” Dijo Travis ante el manoseo entusiasmado del chico. “No, para, para...No pongas esa cara, lo haces bien, es sólo que si disparara ahora terminaríamos demasiado pronto.”
“¡Pero me prometiste que podría jugar con tu pene!”
“Ya, pero...¡OH! ¡Joder me voy a correr ya!”
“¡Yay, al fin!” JT se fue pitando, probablemente al cuarto de baño para lavarse todo el semen que le había explotado en la cara.
Travis se quedó desplomado en el sofá, exhausto. “Puff...Eso ha sido...Muy distinto. Pero bueno al menos ha sido una jornada entretenida, jaja.”
Mientras esperaba a que volviera el chico los ojos del perro se cerraron poco a poco, hasta que finalmente el perro se quedó frito.
“Umm...¿Qué...? ¿Qué hora es?” Se preguntó Travis. Ya no estaba en el sofá, estaba sobre algo más duro, pero la oscuridad que le envolvía no le permitía ver dónde estaba exactamente.
“¿Ah, ya te despertaste?” Era la voz del chico. “Una pena. Normalmente ahora es cuando la gente siente un dolor tan profundamente desagradable que no paran de gritar clemencia...” Definitivamente el chaval ya no sonaba tan inocente como antes. “Pero no tienes nada de qué preocuparte, perrete. Verás, me sobraba un poco de cinta aislante tras empapelarte de brazos y piernas a la mesa, así que también te he puesto en la boca. ¡Así ya no gritarás tanto!”
A Travis le hubiera encantado señalar los fallos en la lógica del chico, pero lo de que sus labios estaban sellados no era una trola.
“¡Mmmmpf! ¡Mmmmpf! ¡Mmmmmpf...!” (“¡Libérame ahora mismo, esto no tiene gracia chaval, anda que cuando se entere tu padre...!)
“¡Qué emoción, qué emoción!” Dijo el chaval dando saltitos de alegría. “¡Mira lo encogidita que se te ha quedado la pollita! ¡Me muero por jugar con ella! ¡La mía se me quedó casi igual antes de cortármela, pero la tuya parece que se vaya a desintegrar por sí sola!”
“¡¿MMMMMPF?! Mmmmpf...” (“¿¡Cortártela?! No me digas que...”)
Entre la oscuridad Travis pudo discernir el brillo de un cuchillo en la mano de la salamanquesa psicópata.
“¡¡¡MMMMMMMF!!!”
JT se subió a la mesa y tomó los huevos del perro. Los ojos azules del perro lagrimeaban.
“Aww, no puedo hacerle esto a alguien que me mira de ese modo...” Admitió la salamanquesa. Acto seguido se volvió de espaldas y posó su maloliente ano sobre el morro del perro. “Ah, mucho mejor así.”
Había algo extremadamente humillante sobre que te fueran a cortar la polla mientras estabas atado a una mesa con tu boca sellada y todo tu campo de visión es el de un ano de lagarto el cual no puedes parar de oler. Era como si todos los sentidos de Travis estuvieran siendo violados de la forma más denigrante al mismo tiempo.
“¡¡¡MMMMMMMMMF!!! ¡¡¡¡¡¡MMMMMMMMMF!!!!!!” Gritaba el perro como podía. Y, así, como así...
*¡Snip!* “Aquí tienes tu porción, hijo.”
“Gracias papá.” Dijo JT deleitándose con su porción de pizza. “¿Qué tal la reunión? Volviste antes de lo esperado.”
“No hay mucho que destacar en realidad.” Dijo su padre con una sonrisa. “¿Por cierto, quién es tu nuevo amigo?” Preguntó su padre señalando al perro tiritando en una esquina.
“Nah, solo un chucho que me ha jurado lealtad de por vida si quiere que cierto soldadito suyo que tengo de rehén siga con vida.”
“Jajaja, tú y tus jueguecitos.” Dijo el señor Turk acariciando la cabeza de su hijo. “¿Quiere usted un poco de pizza también? Tiene salami troceado.”
La salamanquesa roja y fofa no comprendió por qué el perro se puso a gritar de puro terror traumático al mencionar eso último. Pero mejor, más para el menda.
FIN