El gordisimo padre de Ivan

Story by grrside on SoFurry

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Escrita con mucho amor, ¡espero que la disfrutéis!

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El gordísimo padre de Iván

-Escrito por grrside-

El padre de Iván era en efecto descomunal, y no en el buen sentido. Su obesidad era un despropósito de tan gigantesco tamaño que cuando la gente le veía por la calle se le quedaba mirando como si de un brutal accidente de tráfico se tratara. Las tiendas de ropa nunca tenían ropa de su talla, incluso la más grande apenas podía cubrir su inmensa barriga. ¡Y qué barrigaza la suya! Era una gran masa de grasa peluda y gelatinosa que parecía tener vida propia. El pobre gordo parecía no tener ni cuello, su rechoncha cabeza sin afeitar estaba en la cima de una montaña de carne sudorosa. Y es que si lo vieran en un rancho los granjeros exclamarían “'¡Ya está el cerdo listo para el matadero!" nada más verle llegar.

Si, el padre de Iván era un coloso. Un gigante rosa que olía a trol. Un titán hecho de grasa. Un peso pesado de los comilones. Un abominable error de la creación.

Por eso a Iván le daba algo de vergüenza que le acompañara a la playa junto a su mejor amigo Antonio. El gordo era un puto vago en eterna busca de empleo, sí. Pero a diferencia de su ocupada madre el obeso monstruoso estaba libre para conducir.

¡Oh, conducir! Ojalá permitieran conducir en medio de la playa. Llevaban cinco minutos buscando un buen sitio en la arena y el jodido obeso ya estaba a punto de derretirse como un helado.

“Uff… Puff… Este sitio parece bueno… Uff…" Anunció el padre y acto seguido dejó que las bolsas se desplomaran sobre la cálida arena.

Lo que hizo después provocó que a Iván se le sonrojaran las mejillas. El gordo se puso a rebuscar en la bolsa la sombrilla, y luego se llevó unos largos minutos intentando que la sombrilla se mantuviera en pie. No sólo era una poética metáfora de la vida sexual del padre sino que la raja peluda de su culo estuvo expuesta a los dos jóvenes durante todo el tedioso proceso.

“Bueno, esto ya está." Dijo el gordo cuando ya estaban colocadas la sombrilla y las silla. Sin reparo alguno, colocó sus colosales nalgas sobre la silla que se hundió lentamente y chirriando audiblemente como si clamara piedad.

“Es muy amable de su parte traernos señor Juan Carlos. Espero que no haya sido demasiada molestia para usted." Dijo Antonio. El gordo se quedó algo perplejo ante los modales del amigo de su hijo. Siempre pensó que Iván sólo se relacionaba con chavales de los más raros pero este parecía diferente.

Iván pensó que lo peor ya había pasado, pero se equivocaba gravemente. Su obeso padre, una vez sentado y en la sombra de la sombrilla de playa, se quitó su ajustada camiseta. El joven se aterrorizó al ver a su padre exhibir sus peludas tetazas de hombre frente a su mejor amigo.

“Uff, mucho mejor… ¡No aguantaba más!" Exclamaba el padre aliviado sin sospechar nada de la vergüenza que estaba soportando su hijo. Luego los dos peludos pezones y su respectivo dueño miraron a los dos jóvenes y éste último les dijo “Hala, que os divirtáis. Yo me quedaré aquí echándome una siestecita…"

“Señor Juan Carlos, ¿no va a divertirse usted también? Podría dar un gustoso paseo por la playa, jugar algún deporte o incluso nadar un poco en el agua también es saludable…"

El gordo soltó una pequeña mueca de asco ante tales sugerencias. “¡Oh, no te preocupes por mí, que tengo bocadillos y refrescos para no aburrirme!"

Iván se sintió obligado a intervenir. “Déjale, Antonio. Que a él no le van esas cosas." Antonio miró a Iván sin comprender por qué su amigo estaba tan callado desde que llegaron a la playa.

Después de que los jóvenes se cambiaran a sus ropas de baño y se dieran un par de chapuzones en el mar refrescante, Antonio finalmente le preguntó a Iván qué es lo que le preocupaba tanto.

“Oh, no es nada es sólo que… Me gustaria que mi padre fuera algo más activo. Me avergüenza que sea tan vago."

Antonio se quedó pensativo. Era un chico muy amable y siempre estaba dispuesto a ayudar a la gente, pero sería difícil ayudar al padre de Iván si el gordo no quiere colaborar.

Un rato más tarde, Iván hizo un par de líneas sobre la arena mojada. “Este es un buen sitio para jugar al volley-playa. Mi padre debe tener la pelota en la bolsa, vamos a pedírsela. Lo malo es que está desinflada, más nos vale preparar los pulmones."

Los dos amigos fueron al encuentro de su padre, que no se había movido del sitio en todo el día. El gordo estaba roncando, su barrigota inflándose y desinflándose al compás de cada ronquido. Iván rebuscó en la bolsa, pero sólo encontró un montón de envoltorios de bocadillos vacíos. Algo enfadado, punzó la barrigaza peluda de su padre con el dedo.

“Papá… ¡Papá! ¿Dónde está la pelota de playa? ¡Te dije que la metieras en la bolsa!"

“Uhh… Ahhh… Lo olvidé." Dijo el padre entre ronquidos. “…Buscad otra cosa con la que jugar, la playa es grande…" E inmediatamente después el padre volvió a caer en un profundo sueño.

Iván pateó la arena. “¡Uff! ¿Por qué no me sorprende?"

Antonio observaba con preocupación. Iván estaba furioso con su inútil padre, y el padre lo único que hacía era vaguear más y más. Ojalá Antonio pudiera hacer algo para arreglar las cosas entre los dos…

Y de repente el joven chasqueó los dedos. Se le había ocurrido una buena idea. Antonio se dirigió a Iván.

“Iván, ¿y si te dijera que tenemos una buena pelota de playa aquí mismo?"

“¿Eh? ¿Qué dices?"

Antonio señaló a la masiva barriga de su gordo padre. Iván no lo terminaba de pillar. Sí, era verdad que la barriga de su padre era inmensa y parecía flotar en el aire. Y obviamente ya estaba muy bien inflada y todo. Pero no entendía cómo eso iba a solucionar su problema. No había forma de jugar al volley-playa con su perfectamente redondo padre a no ser que usara…

“¿…Magia? ¿En serio?" Los ojos de Iván se abrieron de par en par.

“Señor Juan Carlos… ¡Señor Juan Carlos…!" Antonio despertó al gordo acariciando suavemente su gelatinosa barriga.

“Umm… ¿Ahora qué?" El gordo respondió sin nisiquiera mirar.

“¿Le importa que practique mi magia aquí en la playa con usted?"

El gordo sonrió con la satisfacción de estar en lo cierto. Ya decía él que Iván solo se relacionaba con gente rara. Ahora resulta que Antonio es uno de esos practicantes de magia. “Sí, claro. Lo que queráis… Estos jóvenes de hoy en día…" Y una vez más el gordísimo padre de Iván se durmió.

“Vaya, creía que diría que no. Mi padre tiene la mente más abierta de lo que creía." Iván pensó en voz alta.

Antonio le miró con una gran sonrisa. Apenas había hecho nada y la percepción de Iván sobre su padre ya estaba comenzando a cambiar.

Los dos jóvenes se sentaron a cada lado del gordo. “Umm, ¿qué necesitas?" Preguntó Iván.

“Oh, normalmente requeriría muchas más cosas para una transmutación de este tipo, incluso con mis dotes. Pero tu padre es tan…" Antonio pausó. Iba a decir gordo, pero no sonaba demasiado educado. “…idóneo, que seguro que su forma se amolda bien a la de una pelota de playa."

Iván miró pensativo al inmenso cuerpo de su padre. Un cuerpo de ser humano. Un cuerpo cómicamente rechoncho, pero aún así el de un ser humano. Una forma compleja repleta de tejidos, órganos, músculos y estructura ósea. Y luego se imaginó una pelota de playa. Un simple trozo de plástico repleto de aire. ¿En serio su padre se iba a convertir en eso?

El joven practicante cerró los ojos y se concentró. Dibujó en su mente una gran esfera, bien inflada, sin nada por dentro. Una forma tonta y simplona cuya una única función era mantenerse repleta de tanto aire como le fuera posible.

Tampoco es que hubiera mucha diferencia entre eso y el redondo padre.

Antonio levantó sus manos. Se concentró en diluir esa forma que había imaginado hasta que saliera por la punta de cada uno de sus dedos. El hijo del sujeto de pruebas se quedó fascinado al ver como parecían salir chispas de los dedos de su amigo. Nunca se cansaba de ver cuando Antonio practicaba la magia. La cobaya humana eso sí, se mantenía roncando profundamente, sumergido en la más completa ignorancia de lo que estaba a punto de ocurrirle.

Lentamente y con suma gentileza Antonio posó sus dedos sobre la inmensa barriga del gordo y empezó a acariciar los pelos alrededor de su ombligo. Cualquiera que viera al chaval en ese instante pensaría que estaba aplicando protector solar o masajeando al gigantesco hombre.

“(Vaya, el ombligo del señor Juan Carlos es inmenso. Si se me resbalara un dedo dentro sería difícil volver a sacarlo de tan hambriento agujero negro.)" Pensó Antonio, pero siguió con sus movimientos circulares sin falta.

“¡Oh, ya veo los primeros cambios!" Exclamó Iván señalando al ombligo de su padre. En efecto, el gran agujero se estaba volviendo más pequeño, cerrándose lentamente, hasta desaparecer por completo. Era impresionante cómo la zona del ombligo se quedó bien lisa, dejando un pequeño círculo de carne sin pelo en el inmenso foliaje grasoso. “¡Es impresionante!"

Por supuesto Antonio no había hecho más que comenzar. Una pelota de playa no tenía necesidad alguna de tener pelo, así que su pequeño masaje continuó provocando que el pelo corporal del gordo siguiera desapareciendo.

Técnicamente no estaba desapareciendo, simplemente se fusionaba con la carne. Es una pequeña diferencia a simple vista pero esto haría que la esencia peluda del padre de Iván no se perdiera al devolverle a su estado original más tarde. Hacer cambios permanentes sin expreso permiso sería muy descortés e irrespetuoso, además de que Antonio no quería que la silla se llenase de una montaña de cabellos caídos. Por supuesto el gordo no se estaba percatando de nada, simplemente daba de vez en cuando un pequeño gemido de placer por las cosquillas que sentía.

Cuando Antonio terminó de “afeitar" la panza del padre de Iván, ahora venían las partes más complicadas. Una pelota bien redonda no puede permitirse el lujo de tener bultos innecesarios, empezando por esas tetazas.

El joven siguió aplicando su magia, las tetas eran gigantescas y peludas con pezones violentamente puntiagudos. Todo eso debía desaparecer.

“Ohh, un poco más a la derecha…" Dijo el padre entre ronquidos, soñando que estaba en un salón de masajes.

Masajear y estrujar una buena teta hasta dejar una zona completamente plana fue más duro de lo que inicialmente pensaba, pero cuando terminó con la teta izquierda le tocó a la derecha.

“Oh, sí, ahí…" Gemía el padre mientras su cuerpo poco a poco era reformado.

“¿Puedo ayudar en algo?" Preguntó Iván.

“Oh, gracias. Solo ayúdame a levantar sus brazos mientras los moldeo."

Antonio levantó uno de los peludos brazos de su padre hasta dejarlo levantado en un ángulo de 90 grados sobre el suelo. Era fácil, aunque esto dejaba el abundante pelo de sus sobacos a la vista.

“Ok, perfecto, mantenlo en esa posición…" Antonio apretó la mano del gordo, pero no para saludarle sino para empujar fuerte haciendo que se derritiera hasta compactar la masa de carne peluda contra el ahora perfectamente redondo torso. En cierto sentido era como amasar un bollo hasta conseguir la forma deseada.

“Bien, ahora el otro…"

Los jóvenes repitieron el proceso con el otro brazo, y luego Antonio realizó un proceso similar con las piernas, estrujándolas hasta que el bañador completamente seco del gordo se quedó con las piernas vacías.

Iván se acercó a la cabeza de su padre. No era una gran belleza que digamos y tampoco le daba mucha lástima que la perdiera momentáneamente, pero le preocupaba que el padre se despertara durante esta parte del proceso.

“Ahora tenemos que hacer su cabeza, ¿no?… ¿Antonio?"

Antonio estaba terminando de redondear la parte de abajo. Sin piernas era bastante fácil, sólo era una cuestión de presionar un dedo sobre la ingle hasta que desapareciera el minúsculo bulto innecesario que estorbaba dentro del bañador. “Oh, ¿decías?"

“¿Qué nos falta?"

“Ya le he moldeado los genitales. Sólo queda eliminar su cabeza, redondear la espalda y su trasero. No creo que tenga problemas con eso último, su trasero es bien redondo ya de por sí. Y luego ya quitar los últimos pelos que se resisten, convertir sus órganos internos en aire y darle algo de textura. Una simple creo que bastará… Juzgando por lo poco morena que está su piel… ¿Qué tal un patrón de rayas rosas y blancas?"

El gordo padre no lograba entender de qué hablaban, pero no le que oía no le gustaba ni un pelo… Qué sueño más extraño…

“Suena bien." Respondió Iván levantando el pulgar. “Nos está saliendo bien redondo el asunto, jeje."

“Ok, entonces ayúdame a aplicar presión sobre su cabeza. Debe ser fácil fusionarla, apenas tiene cuello. Cuando terminemos todo su cuerpo será una bola redondita."

El padre de Iván se despertó. Levantó sus párpados y estuvo a punto de preguntarle a los chavales qué demonios estaban tramando pero apenas fue abrir la boca y… ¡PUM!

“Si, así. Sigue aplicando presión y amasando." Dijo Antonio. Iván estaba golpeando la cocorota de su padre con toda su energía. El hijo estaba orgulloso de poder ayudar con la transformación y, por qué negarlo, también se estaba divirtiendo de lo lindo. Golpear al inútil de su padre era como golpear un saco de boxeo muy grasoso.

Pero este saco de boxeo estaba vivo. El padre estaba muy confundido ahora mismo. Lo último que vió fue el puño de su hijo estrujando su cabeza como si quisiera hundirla en su propio cuerpo y luego… Oscuridad.

“¿Chicos? ¿Qué estáis haciendo? ¡Esto no tiene gracia!" El padre quería decir. Pero extrañamente no sentía sus labios. De hecho no sentía su cabeza, ni sus brazos, ni sus piernas… Lo único que sentía era su barriga. Y ésta ahora mismo era más grande que nunca. Se sentía como una gran albóndiga muda y ciega. Podía oír las voces de sus hijos, pero sonaban ofuscadas por su propia grasa.

“Mmm… Ahora que lo pienso," Oía decir a su hijo. “Ahora es una bola de carne, pero, ¿no se enfadará un poquito con nosotros si llega a descubrir lo que hemos hecho con él?"

“No te preocupes," Oyó decir al amigo del chico. “Al aplicarle el hechizo me he asegurado de que al pasar al señor Juan Carlos al estado inanimado su consciencia se mantenga siempre en el mismo estado en el que se encontraba. En otras palabras, si estaba dormido durante la transformación, seguirá soñando plácidamente mientras sea una pelota. Así que no te preocupes, podemos jugar con él sin temor de que despierte."

¿De qué cojones hablaban estos dos? “¡Eh, chicos, no sé de qué demonios habláis, pero yo estoy completamente despierto y me estoy empezando a cabrear…!"

“¡Oh, eso suena genial!" Respondió Iván. “Entonces por mucho que lo golpeemos él no se enterará de nada, jejeje…" Seguidamente estrujó la gigantesca bola color carne.

“¡Argh! ¡Oye, con más cuidado!" Pensaba la bola mientras su hijo le manoseaba sin reparo.

“Jajaja, no te pongas a jugar con el señor Juan Carlos aún, que me queda cerrarle el trasero."

“…¿Qué?" La bola imperceptiblemente se encogió de terror.

Antonio giró la bola y empezó a frotar las gigantescas nalgas. “Ugh… Sí que son peludas. No puedo esperar a que desaparezcan."

La bola se hubiera ruborizado si pudiera. “¡¿…M-me estáis masajeando el…?!"

“Sólo esto y será una bola perfecta. Tengo muchas ganas de jugar con él."

“…¡CHICOS! ¡Dejad de tocarme ahí!" La bola quería girarse. Darse la vuelta y decirle a los dos chavales que dejaran de tocarle. Que no comprendía cómo ni por qué querían convertirle en una gran pelota. Que estaba completamente despierto y consciente del vergonzante tacto. Que no aprobaba esta conducta. Que él era un hombre con dignidad. Pero no pudo. No sentía la boca con la que comunicar sus opiniones. No tenía extremidades con las que protestar. Sus ojos estaban sumergidos contra lo que antes eran sus tetas grasosas. Se sentía como una gran bola rellena de piel y órganos aplastados. Lo único que sentía que conservaba era su trasero. Un trasero grande y peludo que estaba siendo violado por las manos de dos chavales que ni lo tocaban por gusto, sólo lo tocaban para poder hacerlo desaparecer. Unos instantes más y perdería sus últimos vestigios visibles de humanidad: su culo y su apestoso…

…Espera…

¡Sí! ¡Aún conservaba algo que le permitía comunicarse!

“…¡Poot!"

“¿…Eh?" A Iván le parecía haber oído algo proveniente del ano de su padre.

“…¡Poot! ¡POOT! ¡Poot! ¡POOT! ¡Poot!…"

“¡Ahhh! ¡Se está pedorreando! ¡Huele fatal!"

“Ugh, debe ser una reacción por el masaje que le estamos dando, será mejor que nos demos más prisa antes que el olor infecte toda la playa." Propuso Antonio.

“Sí…"

En aquel instante, un viejo marinero retirado que estaba paseando por la playa le pareció oír algo que no había oído en muchos años. No sonaba con mucha claridad, de hecho sonaba distorsionado y… sucio. Pero era claramente una señal de socorro en código morse. El viejo miró a su alrededor pero sólo había dos chavales con una gigantesca bola de playa color carne cerca. La señal de socorro se desvaneció poco después y, después de achacarselo a una alucinación auditiva a causa de su edad, el viejo prosiguió su paseo.

“¡Uff, menos mal! No aguantaba ni un pedo más." Declaró Iván.

Cuando su ano desapareció las esperanzas de la pelota de playa carnosa se desvanecieron del mismo modo. “¡Nooo! ¡No quiero ser una pelota!"

Antonio se levantó y recogió la pesada pelota. Volvió a cerrar los ojos y se concentró en un patrón rosa y blanco. La bola se alejó aún más de su humanidad cuando su color carne se reemplazó por unas rayas con ese dicho patrón.

“Oh, ¿ya está?" Preguntó Iván.

“Sólo queda una cosita…" Antonio empezó a sacudir la bola con mucha fuerza. El padre de Iván se mareó bastante, pero al sacudirse su interior dejó de sentirse como una gran masa de órganos aplastados y en su lugar se sentía más… ligero.

“He transformado todo su interior en aire. Ahora sí que podemos jugar con él, jajaja." Para demostrarlo, Antonio lanzó la pelota de playa al aire y efectivamente flotaba ligera como cualquier otra pelota de playa corriente y moliente. Antonio e Iván se miraron y sonrieron.

“¡No tiene ninguna gracia, vosotros dos! ¡Devolvedme mi humanidad!" La pelota pensaba abajo en la arena mientras veía a los dos grandes chicos pasárselo tan bien.

Oh… ¡OH!

La pelota de playa se dió cuenta de que su sentido de la vista había vuelto. Su visión estaba ligeramente entintada en rosa, como si estuviera mirando a través del filtro de su plástico colorido. Su sentido del oído también había mejorado. Su propia grasa ya no le entaponaba sus orejas, aunque lo oía todo como si el mundo estuviera dentro de un globo. El redondo objeto se preguntó cómo su superficie de goma era capaz incluso de oler la fresca brisa marina.

Era como si esa sacudida había adherido todos sus sentidos a su fina superficie de plástico. Se sentía mucho más ligero que antes… ¿Significaba esto que ahora la totalidad de su cuerpo era un simple tejido y todo lo demás era aire? Por el momento, la pelota de playa no sabía si esto era una mejora respecto a estar enterrado en su propia grasa.

Pero eso no era lo importante. Lo que realmente la pelota de playa temía en este instante es que seguía sin manera de comunicarse con los dos jóvenes. Dos jóvenes que creían que esa pelota de playa tenía tan poca vida como cualquier otra. Para Iván y Antonio, el padre estaba sumergido en un profundo sueño incapaz de sentir nada de lo que hicieran con él. Para ellos el gordinflón inútil había desaparecido y un objeto inerte había ocupado su lugar, listo para que lo usen a su antojo.

La pelota de playa miró en dirección a la sombrilla. Bajo esa sombrilla yacía un silla totalmente desocupada excepto por un bañador de talla especial y una gorra. Ahí debería estar él, haciendo el vago, pero no, ahora era una puñetera pelota de playa y los chavales le iban a obligar a moverse un poco por una vez en su vida de obeso.

La pelota se quedó ahí, inmóvil. Quería volver a la tranquilidad de esa silla, a la protección de la luz solar de la sombrilla, a volver a tener puesto su bañador como una mínima dignidad, pero no, ahora estaba desnudo y acalorado a la merced de quien quiera que le recogiera de entre la cálida arena.

Iván recogió a su padre y le dió un par de vueltas en el aire. Luego se dirigió a Antonio. “Venga, al mejor de 10."

Los dos chicos se dirigieron a la arena mojada donde Iván había preparado las líneas previamente. El chaval respiró profundamente y se colocó en posición de saque.

“…Iván…" La pelota miró con tristeza a su hijo. Su hijo ni siquiera daba a la pelota el consuelo de mirarla mientras le hablaba, si no que miraba al horizonte para trazar su estrategia. “Por favor, hijo. Soy tu padre… Ten un poco de-"

“¡Toma esa!" Gritó Iván golpeando con fuerza el trasero de su padre en su saque.

“¡MI CULOOOOOO!" La pelota chillaba por los aires como una cría. Su campo de visión no paraba de dar vueltas y vueltas. Su aún tuviera estómago lo tendría revuelto.

“¡La tengo!" Antonio devolvió al esférico padre de Iván dándole una gran sonora en la cara.

“¡Wuuarrgh!"

“¡Mía, mía!" Iván jugaba con la pelota sin ningún tipo de reparo. Era difícil pensar que esa pelota rosa solía ser su padre. Así que ni se molestó en hacerlo.

Al cabo de unos pocos minutos, la pelota sentía moratones en todos los rincones de su gordo cuerpo. “¡Que se nos va!" Gritó uno de los jóvenes. Después de tantos golpes sin descanso el padre tuvo la suerte de caer de cara sobre la arena. La pelota respiró hondo. No tardarían menos de diez segundos en recogerle y volver a machacarle sin piedad, pero hasta entonces, esos diez segundos de reposo le supieron a gloria. Ojalá poder pedirle ayuda a alguien. A cualquiera. Pero todos los demás visitantes de la playa sólo le veían como otra pelota extraviada más.

Estar enterrado en la arena le recordó a aquella vez hace muchos años, cuando Iván era no más que un crío. El pequeño Iván jugó a enterrar el cuerpo de su padre bajo la arena con su pala y cubo. “¡Mira mamá, papá no es más que una cabeza ahora!" Había dicho el pequeñajo por aquel entonces.

Por supuesto aquello solo era un espejismo visual muy gracioso. En el presente, el padre efectivamente no era más que una bola redonda pero a diferencia que con aquel juego de niños no había ningún cuerpo de hombre obeso enterrado bajo la arena.

“¿Qué opinas Iván? ¿A que el señor Juan Carlos no te parece tan inútil ahora?"

“¿Eh…?" El joven tardó en responder a la pregunta. Oh, es verdad, que esa bola llena de aire es mi padre - fue lo que pensó. “Bueno, supongo que ese gordinflón es tan útil como una pelota inerte gigante. Para bien o para mal."

Iván sacó a su padre de la arena. Fue bastante fácil, a diferencia de intentar levantarle del sofá cuando era un humano. La pelota suspiró profundamente con desgana. “Allá vamos otra vez… A ver cuándo se cansan estos dos. Los jóvenes siempre con tanta energía…"

Pero Iván simplemente se quedó mirando el trasero de su padre. “…¿Eh?"

La pelota siguió suspirando y lamentándose. “Al menos no pueden decir que no me he ejercitado este verano… ¿Uh?" Entonces la pelota se dió cuenta de algo. No sólo suspiraba para sus adentros, sino que notaba que su redondo ser estaba soltando aire de verdad.

“Antonio… ¿Por qué mi padre se está desinflando?"

“…¡¿que estoy QUÉ?!" La pelota se sobresaltó y empezó a soltar aire a más velocidad.

El joven practicante de magia acercó su oído a la pelota que ahora estaría sudando a chorros si pudiera. “Oigo un sílbidito…"

Oh no. Oh, no, ¡NO! ¿Acaso se había hecho un agujero…? ¿Qué pasaría si perdiera todo el aire…? ¿Se quedaría como un trasto inservible? No, olvida eso. No es un objeto. Pero, ¿y si sin su aire fuera imposible recuperar su forma original? La energía del universo se mantiene constante y todo ese rollo…

“Ah, aquí está el problema." Anunció Antonio señalando cierta parte de la pelota. “Se nos olvidó entaponarlo."

“…¿Qué es esa cosa?" Preguntó Iván con curiosidad.

“Cielo santo Iván, ¿acaso no conoces la anatomía básica de una pelota de playa?" Antonio ladeó la cabeza. “Es su pitorro."

Por alguna razón a la pelota le incomodó que mencionaran su pitorro en voz alta.

“Yo no veo nada…" Dijo Iván. “¡Ah! ¿Te refieres a ese diminuto trocito de plástico transparente aplastado ahí entre esos dos pliegues?"

“¡Exacto!"

La pelota se ruborizó. “¡Chicos! ¡No hace falta que le echéis más sal a la herida! ¡Mi pitorro es como el de una pelota de campeonato!"

“¿Y cómo lo taponamos?" Preguntó Iván, incapaz de oír las protestas de la pelota.

“¿Ves este trozo de plástico sobrante que cuelga de aquí? Ese es el tapón."

“¿Esto?" Iván agarró el tapón con fuerza.

“¡…WOAAAAAAAAAH!" La pelota se moría de vergüenza. Su propio hijo le estaba estrujando el trozo de plástico sobrante por debajo y eso le producía muchas cosquillas. Se sentía casi como….Casi como su…

El pene del padre de Iván no era gran cosa. Eso sí, no estaba circuncidado y el más mínimo roce debajo de su prepucio le producían unas cosquillas avergonzantemente horribles.

Justo como las cosquillas que estaba sintiendo ahora.

“¿Qué hago con esto? ¿Lo cierro y ya está?" Preguntó Iván sosteniendo el prepucio de su padre agarrándolo como cualquier trozo de plástico barato.

“…¡Jo-Joder! ¡Lo que sea, pe-pero terminad rápido!" La pelota suplicaba.

“Hombre, así dejaría de desinflarse." Respondió Antonio. “Pero como ya ha perdido tanto aire será mejor que la inflemos un poco antes de hacer eso."

Ajá, inflarle un poco por el pitorro. Así volvería a estar redondito y podrían volver a jugar con él. Sí, los chicos usarían sus pulmones para reinflar la pelota y esta se quedaría bien grande y tiesa.

“…¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEE?! Pe-pero…"

“Podemos ir turnándonos para que no nos cansemos tanto." Sugirió Antonio.

“Buena idea, tú primero. El pitorro está algo hundido entre los pliegues, tendrás que agitarlo un poco antes para que salga."

“Eh… ¿chicos?"

“Ok." Antonio levantó la pelota posicionado el pitorro cerca de sus labios.

“…¿Recordáis que en realidad soy humano, verdad?…"

Antonio acercó más sus labios…

“…Es gracioso, pero, creo que ese pitorro que estáis a punto de chupar es mi pene…"

La lengua de Antonio estimuló la ingle del padre y su pene despertó de su escondite con éxito.

“…¡En serio! ¡No es una broma! ¡Esa cosita es mi polla! ¡Quizá no es muy grande pero es una polla! ¡Una polla peluda de hombre! ¡¿En serio quéreis chupar algo así?! ¡Por favor, parad! Si alguien llegara a enterarse de que- ¡WOAAAAAAAAAAAAAAAH!"

Los labios carnosos y calientes de Antonio envolvieron la hombría del padre de Iván. La polla del padre se puso tiesa al instante y un cosquilleo envolvió todo el cuerpo del gordo. Era una sensación muy erótica pero avergonzante. Muy estimulante pero inquietante. Era gloria, pero también perdición. “Se…Se… Se siente tan bien…" El padre gimió de placer.

Por supuesto desde el punto de vista del chaval el pitorro de plástico era frío e insulso. Era una acción tan aburridísimamente cotidiano que el pequeño esfuerzo de soplar se hacía eterno.

Pero eterno era el viaje de placer del padre de Iván. “Jo-joder… ¿Y si he estado equivocado sobre mi sexualidad todos estos años? No quiero que este chaval pare… ¡Dios, joder! ¡Ojalá pudiera correrme pero este chico no para de soplarme el aire para adentro más y más! Joder, Antonio, ¡NO PARES!"

El chico agarró el parte de atrás de la pelota para que el objeto no se le escurriera de las manos.

El padre sintió como el chaval que le estaba chupando la polla le agarraba los mofletes del trasero para que no escapara de sus encantos. El tío le agarraba con fuerza. Dios, cómo le gustaba al padre que le dominaran durante el sexo. Se la ponía tiesísima…

“Te estás poniendo colorado, Antonio." Dijo Iván. “Yo ya lo termino por ti."

Antonio dejó de soplar pero puso sus dedos sobre el pitorro de la pelota para que no se saliera el aire que con tanto duro trabajo le había costado meter y después de entregársela a Iván al fin pudo recobrar el aliento.

El padre estaba en éxtasis. Se sentía a punto de corrersele la mayor cantidad de semen que jamás había disparado en su vida, pero los dedos le impedían soltar nada. Su cerebro y su picha solo pensaban en su misma cosa… Esa tan ansiada liberación… Espera, ¿por qué Antonio ha dejado de soplar?… ¿Por qué ahora está viendo la cara de su propio hijo?…No, espera, que un tío le soplara era una experiencia de puta madre pero… No, ¡su hijo no!

“¡No, Iván! ¡Soy yo, tu padre! ¡No me la chupes! ¡Eso es tan… Ah…AHHHH! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!"

Iván estaba a punto de cometer el mayor error de su vida. Su padre no podía hacer nada. Sólo podía ignorarlo. Dios, estaba a punto de cerrar los labios… Ya podía sentir el aliento de su hijo… Dios, y él ahí a punto de correrse…

Iván sopló por el pitorro de la pelota.

“Eso es. Sólo soy una pelota. Es imposible que este chico sea mi hijo. Sólo soy una pelota barata. ¡Jejeje! No puedo pensar. Sólo soy una pelota. Este chico sólo está inflando su pelota. No estoy sintiendo nada placentero. Soy una pelota. ¡Jajajaja! ¡Sí! Esto es jodidamente normal. A nadie le importa lo que haga este chico con su pelota. No, no está pasando nada… Nada…. Nada… Soy una pelota que… Que… Dios que bien la sabe chupar Iván- ¡NO! ¡SOY UNA PELOTA! ¡SOY UNA PELOTA! ¡ESTE NO ES… COÑO! ¡SIGUE CHUPANDO COMO UNA ZORRA…! ¡NO PARES…! ¡AAAAAARRRRGH!"

“Ok, creo que ya está suficientemente inflado…" Anunció Iván dejando de soplar por dos segundos.

“¡NOOOOO! ¡QUIERO CORRERME! ¡AAAAAARGGGGGGGHHH!"

“¡WOAH!" Gritó Iván. “¡¿Qué demonios…?!"

Pasó demasiado rápido para reaccionar. La pelota se estaba empeñando tanto en dispararlo todo que en cuanto hubo vía libre todo el aire acumulado dentro del padre de Iván hizo que la pelota saliera volando por los aires.

“¡Cielos! ¡Es un cohete!" Gritó Antonio, asustado y maravillado a la vez.

“¡SÍIIIIII! ¡OHHHH DIOOOOOOOS!" El orgasmo del padre era monumental. Los chicos y algunos otros visitantes se morían de risa viendo a la gigantesca pelota volar por el aire cambiando constantemente de dirección propulsado por los sonoros gases que salían de su pitorro bien abierto. “¡NO QUIERO QUE ESTO TERMINE NUNCAAAAA!"

Pero como todos los orgasmos, fue tan efímero como intenso. El padre se quedó sin gas en mitad de pleno vuelo y finalmente cayó en picado.

“¡Oh, no!" Exclamó Iván y ambos chicos fueron corriendo a donde el padre había aterrizado.

“Debo admitir que jamás he visto una pelota soltarlo todo con tanta fuerza. Por un momento creí que iba a llegar a la estratosfera." Comentó Antonio.

Cuando los chicos llegaron al punto de aterrizaje del padre de Iván se encontraron con una visión realmente triste.

La pelota estaba hecha un desastre. Estaba completamente desinflada y se había reducido hasta quedarse hecha una gran masa de goma arrugada y flácida. Su dolorido pitorro parecía a punto de desprenderse.

“Ja…Jajaja…*Cof* *Cof*" El padre deliraba sin fuerzas. “*Cof…*…Mereció la pena…"

“Vaya, es la primera vez que veo a mi padre tan delgado." Remarcó Iván.

“Veo peligroso devolverle su forma humana ahora que está tan cambiado…" Dijo Antonio.

“Mmmm… Será difícil volver a inflarle… ¿Oh, por qué no usamos el inflador de ruedas que está en el coche?"

“Buena idea, volvamos a la sombrilla a por las llaves."

Iván recogió el trozo de carne muerta en la que se había convertido su padre y se preguntó cómo era posible que su padre no sirviera ni para jugar a la pelota con su hijo.

Cuando los chicos volvieron a la sombrilla se dieron cuenta de que el sol aún estaba irradiando con fuerza. Apenas había pasado media tarde.

“¿Y si dejamos lo de volver al coche para más tarde? Con tanto soplar y correr me han entrado ganas de darme otro chapuzón." Propuso Iván.

Antonio estaba de acuerdo y tras meter el trozo de plástico rosa hecho una bola dentro de la bolsa de los bocadillos se fueron corriendo al agua a seguir disfrutando del verano.

“Oh… ¡Me gusta este sitio!" Pensaba el padre en su delirio dentro de la bolsa. “Es fresquito… ¡Y lo mejor de todo es que huele a comida!"

El gordísimo padre de Iván no se equivocaba en absoluto. Ahí estaba él, un trozo arrugado de plástico inerte rodeado de incontables bolsitas de plástico rellenas de migas de pan y restos de comida. Quizá era el lugar más apropiado para esta ridícula pelota de playa inútil.

“No me importaría quedarme aquí dentro una temporadita, jeje. Es el lugar más seguro de toda la playa después de todo."

Justo entonces una gaviota se posó encima de la bolsa. Era una ave muy lista. Sabía perfectamente que las familias humanas que eran lo suficientemente despreocupadas como para dejar sus bolsas repletas de comida a solas eran los blancos fáciles. Asegurado de que no había moros en la costa, infiltró su pico largo y afilado dentro de la bolsa en búsqueda de un buen bocado.

De hecho era una ave tan lista que incluso sabía que dentro de esos feos envoltorios tan privados de vida fabricados por los humanos era donde guardaban sus sabrosos bocadillos. El mayor manjar que el ave había tenido la oportunidad de saborear.

Tan, tan lista, que incluso sabía que no debía tener remordimiento alguno por destruir esos inertes envoltorios inanimados con su pico sin piedad. Nadie en su sano juicio tendría un remordimiento de ese tipo tras hacer algo así.

Y no los tuvo.