31 - Lo tengo todo
Capítulo 31 de La balada de los pecadores: Fabula Drakone
La noche parecía tranquila alrededor de las instalaciones de Edison. Entre los árboles que rodeaban la zona, solo se escuchaban algunos murciélagos pasar de un lado a otro, y el sonido de varios grillos.
Entre aquella zona boscosa, se comenzaron a escuchar pasos en la tierra. Era un grupo de diez bandidos, entre jóvenes y veteranos, cautelosos, armados hasta los dientes con pistolas, metralletas y rifles, deteniéndose detrás de un árbol, a unos cuantos metros de la entrada del edificio de Edison, donde todos dirigían su mirada, interesados.
— Hemos llegamos — susurró el líder de la pandilla, con una metralleta en mano —. Esperando que los rumores sean ciertos, recuerden que vinimos por la inteligencia artificial — aclaró —. Si todo sale bien, no sólo nos darán una jugosa recompensa, sino que estaremos beneficiados también de esa tecnología — persuadió —, análisis, proyecciones y soluciones de problemas como nunca habíamos visto. Así que, ¡necesito que ese ente virtual esté en nuestras manos, cueste lo que cueste! — exigió, mirando a dos de ellos que llevaban consigo dispositivos extraños, parecidos a una tablet y a un celular — ¿ya podemos entrar?
— Ya — respondió uno de los hackers —. Hemos deshabilitado todos los sistemas de seguridad.
— Tenemos cinco minutos para encontrar la IA y salir de ahí sin que nos vean — añadió el otro.
— No nos confiemos — exclamó el líder, seguro de sí —. Todos, sincronicen tiempo... — pidió, dándose media vuelta.
La pandilla, incluido el jefe, coordinaron sus relojes inteligentes que cada uno tenía en su muñeca, a cinco minutos como les fueron indicados.
Una vez listos, dieron la vuelta a la zona boscosa, y se dirigieron a una entrada trasera, donde cuatro del grupo colocaron en la puerta grande de metal, cargas explosivas adherentes. Una vez listas, dieron pasos hacia atrás, y detonaron las bombas, destruyendo por completo la entrada.
— Tengamos cuidado — mencionó un chico de la pandilla, alertando a todos antes de que pudieran entrar —. Es de madrugada, pero siempre hay científicos trabajando.
— Eso no importa, Sandoval — interrumpió el líder, quedo —. Nadie dude en matar a cualquiera que vea, sobre todo a esos de bata blanca, ¡nuestra prioridad es la inteligencia artificial! Así que, ¡vamos, vamos, vamos! — indicó con la mano, haciendo que todo el equipo entrara al lugar, listos para disparar, empuñando la respectiva arma que traían consigo, hasta que, al entrar, se llevaron la sorpresa de que el lugar estaba vacío.
— No creo que esto sea una buena señal — mencionó un veterano del grupo —. ¿En qué lugar, donde resguardan una poderosa arma virtual, no tiene ningún personal custodiando?
— ¡No tenemos tiempo que perder! ¡Ya lo dijo el jefe! ¡A cualquiera que veamos, le disparamos! — secundó otro.
El grupo continuó su camino, adentrándose más a las instalaciones y atravesando el desolado recinto, hasta llegar a un elevador grande. Uno de los hackers se acercó a los botones de llamada y pegó un dispositivo circular, el cual comenzó a manipular desde su tablet.
— Modificaré el ascensor para que nos lleve directamente a la IA sin necesidad de credenciales de acceso — aclaró, centrando la mirada en su aparato.
— ¡Excelente! — exclamó el líder.
— ¿Y no hay escaleras? — preguntó un veterano.
— No — respondió el jefe —. Edison tiene un particular fetiche por optimizar todo con tecnología.
De pronto, el elevador se abrió, sorprendiendo a todo el grupo, y satisfaciendo al líder.
— ¡Vamos! — gritó a todo el grupo, que se adentró tras él al ascensor.
La puerta de metal se cerró y comenzaron a subir, piso por piso. Todos estaban con la adrenalina al máximo sin saber con qué se iban a topar, pero listos para atacar.
— Llegamos — mencionó un hacker al ver que la puerta del elevador se abrió.
Todos comenzaron a salir, hasta que de pronto, a uno se le cerró de par en par en la cara, poniendo el brazo en medio para que el sensor volviera a abrirla. Sin embargo, la puerta continuó su cierre, aplastando el brazo del hombre, y haciéndolo gritar de dolor.
— ¡Hackers! ¡Hagan algo! — pidió el líder con desesperación.
— ¡En eso estamos! — gritó uno de ellos, mientras ambos manipulaban sus dispositivos para volver a abrir la puerta, sin éxito.
De pronto, para su terror, el ascensor comenzó a bajar. El grupo estaba perturbado, mirando con pavor la situación. Los hackers estaban inquietos y angustiados, no podían hacer nada, los aparatos no les respondían. El tipo en el interior estaba desesperado, intentando con todas sus fuerzas volver a introducir su brazo al cubículo del ascensor, pero fue en vano.
El brazo pegó contra el piso, prensando al hombre, haciéndolo gritar de manera desgarradora y, por la presión descendente del elevador, la extremidad fue amputada de forma violenta, salpicando de sangre a parte de la pandilla.
El lugar se inundó de silencio luego de apagarse el grito del hombre al bajar el ascensor. El rostro de todos era de total impacto, los ojos sobresaltados y el corazón latiendo con fuerza.
— ¿Qué demonios pasó? — preguntó el líder a los hackers, violento.
— Los dispositivos se volvieron locos — aclaró uno.
— No puede ser posible... — pausó el jefe, sin saber el destino de uno de sus hombres — Da igual, sigamos... — ordenó, manteniendo la compostura.
El grupo, impactado, acató y continuó el camino. El líder miró su reloj inteligente, dándose cuenta que aún tenían cuatro minutos para lograr su objetivo.
En el trayecto, se encontraron con un largo pasillo blanco, que llevaba a una puerta de cristal grande, con una gruesa línea de metal que parecía fungir como alfombra. El grupo no notó nada inusual, pero un hombre, con cautela, lanzó un lapicero que llevaba consigo al suelo, pero no pasó nada.
— Nada mal — felicitó el líder al individuo — ¡Vamos, vamos, vamos! — indicó a su equipo, yendo al frente.
El grupo comenzó a caminar cuando, para su terror y de manera rápida, una pared de metal se levantó por la mitad, atrapando a uno que elevó hasta el techo y partió por la mitad, dejando caer de forma brusca cada parte de su cuerpo, a cada lado de la pared.
El grupo estaba dividido, cuatro de ellos atrás, impactados, casi al inicio del pasillo, mientras que, del otro lado, igual de azorados, estaban los cuatro restantes del grupo, incluyendo el líder, un veterano y un hacker.
— ¡¿Ves?! — gritó el experimentado hombre al líder — ¡¡Te dije desde un principio que nada de esto era una buena señal!!
Pero el líder ni siquiera lo volteo a ver, manteniendo su mirada fija en el cuerpo partido a la mitad del hombre que acababa de morir, viendo su mirada perdida y sin vida, y luego sus órganos salidos de la mitad de su torso.
De pronto, el grupo que quedó atrás, corrió despavorido a buscar una salida hasta que, del techo, de forma rápida, se abrieron unos orificios, no más grandes que el tamaño de un dedo y, sin esperarlo, fueron rociados con balas, matando a cada uno.
Del otro lado, los ojos del líder se abrieron amplios, atónito por lo que escuchaba, gritos y balas.
— ¡Salgamos de aquí! — gritó el jefe a los hombres que estaban consigo, para luego correr hacia la puerta externa.
De repente, otra pared se levantó frente a ellos, logrando saltar los cuatro, pero alcanzando a dos: a un joven que le cortó la cabeza, y al veterano que, para su mala suerte, tan solo le cortó su pierna, haciéndolo caer al suelo y gritar, desgarrador, pidiendo auxilio a su líder que, perplejo, decidió ignorar y dar la media vuelta junto con el hacker, corriendo hacia la puerta de metal, aterrados.
Con rapidez, más orificios se abrieron en el techo, aterrando al jefe. El hacker también los vio, sacando una carga explosiva de un compartimento que llevaba en su cintura, y lanzándola al techo, provocando que explotara, sacudiendo todo y dañando el mecanismo, lanzándolo a él y al líder al otro lado del pasillo, cercano a la puerta.
Ambos, debilitados, con escombros y polvo en sus rostros, miraron la salida con esperanza y, con esfuerzo, lograron levantarse para seguir hacia su destino, hasta que varios orificios se abrieron, pero ahora de los lados, en las paredes, comenzando una lluvia de balas que terminó matando al hacker e hiriendo de gravedad al líder, que quedó boca arriba en el suelo, tosiendo sangre, con los pulmones perforados.
De pronto, el jefe vio cómo el pasillo comenzó a perder su color blanco y, en su lugar, adquirió transparencia, tras las ahora paredes de cristal, estaban los científicos de las instalaciones, observando todo y tomando notas, hablando entre sí, algunos serios, algunos con arrogancia, como aquellos que critican una película.
— ¿Cómo lo hice, padre? — se escuchó la voz de Preter desde los altavoces de la sala.
— Nada mal, mijo — reconoció Edison, que, imponente y en el fondo del sitio, se levantó de una silla frente a una computadora, y caminó hacia el líder de la pandilla —. Lo hiciste en dos minutos y medio. Menos de lo esperado — continuó felicitando a la IA —. Anticipaste con exactitud el ataque y la hora de estos imbéciles — mencionó, llegando frente al jefe del grupo, que lo miraba con terror —. Además, ve todo lo que provocaron tus sistemas de defensa — miró cada herida en el cuerpo del líder — ¡Puede que estés conectado a internet antes de lo que esperamos! — gritó a Preter con felicidad.
— ¿En verdad? Muchas gracias, padre — agradeció la voz de la inteligencia artificial — Aprenderé mucho para serte de utilidad.
— No lo dudo, mijo. No lo dudo — reconoció —. Ahora, si me lo permites, debo acabar con estos estorbos — mencionó a Preter, levantando su puño y llenándolo de una potente carga eléctrica que desconcertó a más de uno.
El jefe de la pandilla se agitó con terror y comenzó a gritar.
— ¡Por favor! ¡Por favor! ¡No me mates! — imploró el líder con sangren escurriendo de su boca —¡Te lo ruego!
El ciervo, actuando interesado, bajó su puño, disipando la energía.
— ¡Te diré todo! ¡Quién me contrató, quién me envío, para qué! ¡Todo! — gritó con desesperación.
Edison meditó sus palabras.
— Pudiste haber propuesto algo mejor — mencionó, para luego levantar su puño —. Y aunque así hubiera sido, nada se compara con lo que ya tengo — su mano cerrada comenzó a cargarse de nuevo de una potente corriente eléctrica —. ¡Porque lo tengo todo! — expresó sonriente, acuclillándose frente al líder con una lentitud mortal — Y toda la información que tengas, ya la tengo, por lo que no me interesa.
Edison tocó la alfombra de metal, dejando que un potente relámpago atravesara el cuerpo del líder y de todos los que lo acompañaban, aunque ya estuvieran muertos, haciendo reír al ciervo de forma desquiciada por la total satisfacción, provocando tensión y aplausos en todos los científicos presentes.